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De cómo el bloqueo de Israel contra Gaza y la política de sanciones de Washington han ayudado a que los conservadores de línea dura se mantengan en el poder

El Movimiento Verde de Irán: Un año después

Fuentes: TomDispatch.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El Movimiento Verde de Irán cumple un año el domingo 13 de junio, aniversario de sus primeras manifestaciones masivas por las calles de Teherán. Recibido con grandes esperanzas por gran parte del mundo, un año después es más débil, el país es más represivo y los conservadores exhiben una posición mucho más fuerte, y parte de su éxito puede atribuírsele al Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu y a las sanciones de los halcones de la administración Obama.

Si el pasado año esos conservadores se enfrentaban con éxito a los grandes desafíos que les planteaba la sociedad iraní y el mundo exterior, se debió sólo en parte a la capacidad de represión del régimen y a la habilidad para sortear las presiones internacionales. Fueron sobre todo los ayatolás quienes salieron beneficiados de la intransigencia israelí y de la hipocresía estadounidense respecto al desarme nuclear en Oriente Medio.

El caso de Irán contra Israel salió reforzado a causa del continuado entusiasmo puesto por el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu en el bloqueo contra Gaza y al reciente y arrogante rechazo de Tel Aviv a aceptar una conferencia de signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que llamaba a Israel a incorporarse a una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Tampoco han conseguido hacerles mella las presiones del Presidente Obama para lanzar sanciones más duras contra Irán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Y para rematar, el Día de Conmemoración de los Caídos por la Patria en EEUU, el gobierno del Likud de Israel consiguió para Teherán su reciente y mayor victoria propagandística al enviar a sus comandos contra una flotilla pacífica en aguas internacionales, haciendo que sus hombres aterrizaran y sus pistolas llamearan sobre la cubierta de las USS Sanciones. El voto de ayer en el Consejo de Seguridad de la ONU para castigar a Irán produjo una débil y deslavazada resolución que afecta a 40 empresas, que no dispuso del muy importante imprimátur de la unanimidad en cuanto que Turquía y Brasil votaron «no» y el Líbano se abstuvo. No aparece mención alguna a un boicot a la gasolina o petróleo, e incluso el lenguaje de la resolución no parecía hacer muy obligatorias las nuevas sanciones. Fue como mucho una victoria pírrica para aquellos halcones que habían estado presionando para que se impusieran sanciones «agobiantes», que, probablemente, van a resultar más contraproducentes que eficaces para acabar con el programa de enriquecimiento nuclear de Irán. Lo que hemos conseguido es un relato sinuoso, largo y sórdido acerca del triunfo de las posiciones de los machos sobre la política eficaz y paciente.

Suprimiendo el Movimiento Verde

Desde el verano pasado y a lo largo de todo el invierno, los reformistas desafiaron con toda firmeza a los conservadores de la República Islámica de Irán acusándoles de que las elecciones del 12 de junio de 2009 habían estado marcadas por un amplio fraude. Las protestas en la calle fueron tan grandes, las muchedumbres tan entusiastas y la oposición tan inquebrantable que parecía como si Irán estuviera al borde de un cambio significativo en su forma de actuar, incluso a nivel internacional. Se llamó Movimiento Verde a esa oposición, la más masiva desde la Revolución Islámica de 1978-79, debido a que el verde es el color de los descendientes del Profeta Muhammad, entre quienes figuraba el candidato presidencial perdedor Mirhossein Moussavi. Aunque algunos seguidores del movimiento eran laicos, muchos eran religiosos y, por tanto, perfectamente capacitados para desplegar eslóganes religiosos y símbolos de la República Islámica en contra del mismo régimen.

Donde el régimen ponía el énfasis en el distante conflicto del Levante israelo-palestino, los activistas del Movimiento Verde cantaban (durante el «Día de Jerusalén» el pasado septiembre): «No en Gaza, no en el Líbano. Sólo moriré por Irán.» Tomaron su lema del candidato Moussavi, quien dijo que le «gustaba» Palestina pero que pensaba que su bandera se ondeaba excesivamente en Irán. Asimismo, Moussavi rechazó las insinuaciones de la administración Obama de que la posición de su movimiento respecto al programa de enriquecimiento nuclear de Irán no podía diferenciarse de la del Presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad. Subrayó en cambio que no sólo no quería armas nucleares para Irán, sino que entendía las preocupaciones internacionales sobre el particular. Parecía sugerir que, en caso de llegar al poder, estaba dispuesto a cooperar más con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).

Al gobierno israelí le gustó lo que estaba oyendo, hasta el punto de que el Primer Ministro israelí Netanyahu se presentó el pasado verano en un «Encuentro con la Prensa» alabando empalagosamente al Movimiento Verde. «Creo que algo muy profundo, muy fundamental está en marcha» dijo, «y parece la expresión de un profundo deseo de libertad entre el pueblo de Irán, ciertamente de mayor libertad».

El descontento popular sólo es posible si se produce una escisión en lo alto entre la elite gobernante civil y los clérigos y fundamentalistas. Cuando los candidatos presidenciales Moussavi, Mehdi Karroubi y sus patrocinadores clericales, incluyendo al Gran Ayatolá Yousef Sanaei y el astuto ex presidente y multimillonario empresario Akbar Hashemi Rafsanyani, empezaron a desafiar los métodos autoritarios de gobernanza del país, su represión de las libertades personales y la quijotesca política exterior del Presidente Ahmadineyad (al que Moussavi acusó de convertir Irán en el hazmerreír mundial), se abrió la tierra bajo los pies.

A los reformadores se les opuso el teócrata supremo de Irán, el Ayatolá Ali Jamenei, quien defendió que los resultados de las elecciones presidenciales eran válidos, incluso cuando admitió su preferencia por los puntos de vista de Ahmadineyad. A su vez, contaba con el apoyo de los más altos políticos y clérigos, de los grandes mercaderes del bazar y, lo más importante, del cuerpo de oficiales de la policía, del basij (la milicia civil), del ejército regular y de los Guardias Revolucionarios. Debido a que no había escisiones importantes entre los cuerpos armados que defienden el régimen, conservó una casi ilimitada capacidad para adoptar medidas enérgicas de forma implacable. Durante el proceso, los Guardias Revolucionarios, generalmente partidarios de Admadinyad, reforzaron su poder.

Un año después está claro que los conservadores han ganado de forma decisiva mediante una represión masiva, desplegando a los basij armados con porras sobre motocicletas para reprimir a las multitudes, encarcelar a miles de manifestantes y torturar y ejecutar a algunos de ellos. La principal flecha del carcaj de la oposición fueron las quedadas, manifestaciones de masas urbanas relativamente espontáneas organizadas a través de Twitter, los teléfonos móviles y Facebook. El régimen fue aprendiendo gradualmente a reprimir esta táctica interfiriendo cuidadosamente los medios electrónicos y la vigilancia interna. (Al parecer, los Guardias Revolucionarios tienen ahora incluso una División de Espionaje de Facebook). Aunque la oposición puede confiar en seguir adelante como movimiento clandestino por los derechos civiles, de momento sus oportunidades para conseguir un cambio político claro parecen muy escasas.

Hipocresía nuclear

Actualmente, y aunque muy pocos lo han reflejado, el Movimiento Verde le ha hecho una llave inglesa a las esperanzas del Presidente Obama de arrancar, aunque fuera en segunda, hacia las negociaciones directas con Irán sobre su programa de enriquecimiento nuclear. Apenas su equipo se hubo sentado con los representantes del Ayatolá Jameni, cuando éste estaba ya arrojando sumariamente a los manifestantes en inmundas prisiones donde sufrieron torturas y muerte en algunos casos. Sin embargo, el 1 de octubre de 2009, cuando las masas ya no aparecían regularmente por las calles, los representantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, se reunieron directamente con un representante de Jamenei en Ginebra.

Se elaboró trabajosamente un acuerdo nuclear potencialmente revolucionario por el que Irán enviaría el grueso de su uranio levemente enriquecido (ULE) ya producido a otro país. A cambio, recibiría barras de uranio enriquecido con las que podría poner en marcha su único y pequeño reactor médico, produciendo isótopos para tratar el cáncer. Ese reactor se le había dado al Shah de Irán en 1969, y ya estaba agotándose el último envío de combustible nuclear comprado a tal fin a Argentina. El acuerdo resultó atractivo para Occidente porque de alguna manera privaría a Irán de un par de toneladas de ULE que, en teoría, podían reciclarse a través de sus centrifugadores y enriquecerse desde el 3,5% hasta más de un 90%, el nivel de las armas, para una posible construcción de ojivas nucleares. No hay prueba alguna de que Irán tenga tal capacidad o intención, pero los miembros del Consejo de Seguridad decidieron que era mejor prevenir que curar.

Con el representante de Jamenei de vuelta en Irán el 2 de octubre, los iraníes anunciaron repentinamente que necesitaban un tiempo para estudiarlo. Ese tiempo no se agotó, supuestamente porque Jamenei se había arrepentido del acuerdo. Aunque sólo podemos especular, quizá la línea dura nuclear defendió que retener el stock de ULE del país les parecía una forma crucial de disuasión en sí misma, una señal al mundo de que Irán podría volver a las actividades para construir una bomba si prosperaba la atmósfera bélica.

Dado que la latencia nuclear -la capacidad de lanzar un programa para elaborar una bomba con éxito- tiene consecuencias geopolíticas casi tan importantes como la actual posesión de una bomba, Washington, Tel Aviv y las principales potencias occidentales europeas estaban ansiosas de impedir que Irán alcanzara ese estatus. Como el fiasco de Ginebra dejó la impresión de que el régimen iraní no estaba dispuesto a negociar de buena fe, el equipo de Obama decidió responder claramente ampliando las sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad, al parecer con la esperanza de obligar a sus negociadores nucleares a regresar a la mesa de negociaciones. Mientras tanto, Netanyahu exigía a voz en grito la imposición de «agobiantes» sanciones internacionales contra Teherán.

Sin embargo, Washington se enfrentaba a un problema: el Primer Ministro ruso, la éminence grise Vladimir Putin, se oponía inicialmente a esas sanciones, al igual que los dirigentes chinos. Como Putin observó: «El diálogo directo… es siempre más productivo… que una política de amenazas, sanciones y mucho más que una resolución para utilizar la fuerza». Además, los miembros no permanentes del Consejo incluían a Turquía y Brasil, poderes emergentes y potenciales líderes del bloque de los no permanentes en el Consejo. Ningún país quería ver a Irán bajo un boicot internacional por tener sencillamente un programa de enriquecimiento nuclear civil. (Ya que el Tratado de No Proliferación Nuclear permite ese programa, las sanciones del Consejo de Seguridad contra Irán representan, en el mejor de los casos, actos arbitrarios.)

Sin embargo, a mediados de mayo, Obama pareció tener la suerte de cara en una votación en la que Rusia y China apoyarían al menos nuevas y modestas restricciones financieras sobre las inversiones relacionadas con los Guardias Revolucionarios de Irán. Muchos observadores creían que esa medida, que distaba mucho de ser «agobiante», sería en realidad completamente ineficaz.

Sólo Turquía y Brasil, que carecen de poder de veto en el Consejo, estaban mostrándose problemáticos con Washington. El Primer Ministro de Turquía Recep Tayyip Erdogan dirige el Partido por la Justicia y el Desarrollo, suavemente matizado con políticas musulmanas (a diferencia de la mayoría de los anteriores gobiernos, fuertemente laicos, de Ankara). Considerándose a sí mismo una especie de puente entre el Occidente cristiano y el mundo musulmán, se opone firmemente a nuevas sanciones contra su vecino Irán. En parte, porque teme que puedan dañar la economía turca; en parte, porque ha seguido una política de desarrollo de buenas relaciones con todos los países que son sus vecinos directos.

El Presidente de Brasil Inácio Lula da Silva ha presentado una acusación similar contra cualquier castigo firme contra Irán. Está motivado por el deseo de alterar el sistema imperante de relaciones internacionales y comerciales dominado por el Norte. Conocido popularmente como «Lula», el presidente se ha esforzado mucho más en promover las relaciones Sur-Sur. Su país renunció a sus aspiraciones de armas nucleares en 1980, pero continuó con un programa de energía nuclear civil y recientemente se ha comprometido a construir un submarino nuclear. Que el Consejo de Seguridad declare ilegal hasta el enriquecimiento nuclear para fines pacíficos sería algo extremadamente inconveniente para Brasilia.

El 15 de mayo, Erdogan y Lula se reunieron con Ahmadineyad en Teherán y anunciaron un acuerdo nuclear que se parecía mucho al que Irán había brevemente aceptado en octubre. Turquía recibiría ahora en custodia la mayoría del ULE de Irán y, a cambio, este país recibiría barras de combustible nuclear enriquecidas hasta un 19,75% para su reactor médico. Los críticos señalaron que Irán había producido, hasta el momento, incluso más ULE, lo que significaba que la proporción de combustible nuclear que se enviaba fuera sería mucho menos perjudicial para cualquier esperanza iraní de latencia nuclear y, por tanto, mucho menos atractiva para Washington y Tel Aviv. Washington se apresuró a rechazar el acuerdo, irritando a los dirigentes turco y brasileño.

Mientras tanto, a lo largo del mes de mayo, se estuvo celebrando en Nueva York una conferencia de países signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear con objeto de elaborar un documento de consenso que declararía finalmente al Oriente Medio como «zona libre de armamento nuclear». Se congratularon demasiado pronto. Porque Israel es el único país en el Oriente Medio que dispone de un arsenal nuclear en estos momentos (estimado en unas 200 ojivas nucleares, es decir, similar al que poseen los británicos), y no era signatario del TNP, pero Tel Aviv tronó: «Esta resolución es profundamente errónea e hipócrita… Señala a Israel, la única democracia verdadera de Oriente Medio y el único país amenazado con la aniquilación… Dada la naturaleza distorsionada de esta resolución, Israel no podría tomar parte en su aplicación».

La hipocresía de Washington e Israel no pasó precisamente desapercibida. Después de todo, ambos estaban exigiendo que un país sin armas nucleares se «desarmase» y el único país de la región que las posee actualmente quedara totalmente excluido del proceso de desarme. Este era, desde luego, su regalo a Teherán. Al igual que algunos otros de los implicados en el proceso, el representante de Irán en la Agencia Internacional de la Energía Atómica señaló esto de inmediato y replicó: «EEUU… está obligado a incorporarse a lo que el mundo solicita, que es que Israel se una al TNP y abra sus instalaciones a los inspectores de la AIEA».

Ventaja inesperada para los conservadores iraníes de línea dura: El asalto contra la flotilla

Con el Acuerdo de Teherán auspiciado por Turquía y Brasil -y firmado por Ahmadineyad- y el rechazo de Israel del documento de la conferencia del TNP hecho público ya, el programa de sanciones de Obama se enfrentaba a una nueva ronda de resistencias por parte de China. Después, el 31 de mayo, los comandos israelíes bajaron haciendo rappel desde los helicópteros hasta la cubierta del Mavi Marmara, el buque turco con la ayuda humanitaria que se dirigía a Gaza. Antes incluso de aterrizar, se dedicaron a lanzar granadas de aturdimiento y a disparar balas de metal recubiertas de caucho, enfureciendo a los pasajeros y provocando una confrontación fatal que dejó al menos nueve muertos y alrededor de 30 heridos. Se produjo un escándalo internacional que amenazó gravemente las relaciones de Israel con Turquía

El asalto del Mavi Marmara fue la noticia más espléndida que podía recibir la línea dura de Irán en el preciso momento en que el Movimiento Verde se preparaba para las manifestaciones que marcarían el año de aniversario de la contestada elección presidencial. Alrededor del ataque israelí contra la flotilla de ayuda y el bloqueo de ese país de Gaza pudieron reunir al pueblo en solidaridad con el gobierno teocrático, desde siempre muy crítico de la opresión israelí hacia los palestinos despojados de patria. A su vez, los dirigentes verdes se vieron forzados a hacer una declaración condenando a Israel, y Jamenei puedo entonces llenar las calles de la capital con dos millones de manifestantes que conmemoraban la muerte del Imán Ruhollah Jomeini, el fundador de la República Islámica.

El ataque contra la flotilla dio también a los conservadores un tema de política exterior a través del cual podrían mostrar su solidaridad con Turquía, Iraq, Siria y el mundo árabe en general, reforzando su caché como campeones de los palestinos a la vez que incrementaban la influencia de su país en la región. Se habló incluso de enviar una nueva flotilla de ayuda a Gaza custodiada por buques iraníes. Debido a que Turquía, la parte agraviada, es en estos momentos miembro del Consejo de Seguridad, este afortunado estímulo para Irán le ha negado a Obama la unanimidad que buscaba en las sanciones. Finalmente, el incidente tuvo la capacidad de hacer que la preocupación internacional sobre el programa de enriquecimiento nuclear de Teherán y la nueva firmeza de ese país en Oriente Medio pasara a segundo plano, mientras subrayaba en primer plano la brutalidad de Israel en Gaza, su intransigencia respecto al proceso de paz y su estatus de forajido nuclear.

Al final, el Presidente Obama consiguió una resolución, aguada y no unánime, con sanciones. No cabe duda de que la renuencia de Netanyahu a llegar a una paz justa con los palestinos y sus tácticas militares de cowboy han complicado enormemente el intento de Obama de presionar a Irán y le han alienado profundamente de Turquía, uno de sus reductos en el pasado.

La elección de Netanyahu como primer ministro en febrero de 2009 ha resultado ser el mejor regalo que el electorado israelí podría haberle hecho a Irán. El gobierno dirigido por el Likud continúa con su colonización de Cisjordania y su bloqueo contra la población civil de Gaza, haciendo que parezcan clarividentes los halcones iraníes que machacan sobre las injusticias perpetradas a los palestinos. Se niega a unirse al TPN o a permitir las inspecciones de sus instalaciones nucleares por las Naciones Unidas, haciendo que Irán, por comparación, parezca un estado miembro modelo de la AIEA.

Nota de la T.:

[*] Este artículo se publicó con fecha 10 de junio.

Juan Cole es profesor titular de la cátedra de historia Richard P. Mitchell de la Universidad de Michigan y director de su Centro de Estudios para el Sur de Asia. Su blog es Informed Comment. Su último libro es «Engaging the Muslim World» (Palgrave Macmillan, 2009).

Fuente:

http://www.tomdispatch.com/blog/175259/tomgram%3A_juan_cole,_israel’s_gift_to_iran’s_hardliners/