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Elecciones en Kazajistán: el «Enero sangriento» de 2022 parece olvidado

Fuentes: Rebelión

Kazajistán celebró unas elecciones históricas, quizá el acontecimiento político más importante de puertas hacia dentro desde las protestas que sacudieron el país en enero de 2022, el mes conocido como Enero sangriento o Qandy Qantar, cuando cientos de personas murieron en el marco de las movilizaciones contra el régimen del expresidente Nursultán Nazarbáyev; o desde la entrada en vigor en julio de la nueva constitución, llamada a concentrar el poder en la Presidencia y agilizar la agenda de reformas de su sucesor, Kasym-Yomart Tokáyev.

El partido gubernamental kazajo Adilet (Justicia) del presidente Kasim Yomart Tokayev se ha hecho el lunes con la victoria en las elecciones parlamentarias celebradas en el país tras obtener el 71,17% de los votos, según los resultados preliminares difundidos por la Comisión Electoral Central del país asiático.
Con una participación del 74,19% en el país y del 84,8% en el exterior, los comicios se han resuelto sin incidencias y han colocado al Partido Auil en segundo lugar con el 6,26% de los respaldos, muy por detrás de Adilet. En tercer lugar se encuentra el Partido Respublica, con el 5,56% de los apoyos. Por detrás se encuentra el Partido Democrático Nacional Socialista (NSDP), con un 5,11%.
Tokayev aplaudió los resultados, que lo colocan en la senda para consolidar su poder. En un discurso ofrecido tras conocer los primeros resultados preliminares, el mandatario ha dado las gracias a la población y ha destacado la «madurez civil» de los kazajos en esta jornada.
«Unidos en un solo país y un solo pueblo, hemos introducido reformas a larga escala. Una nueva Constitución se ha adoptado, y este documento clave prioriza la ciencia, la educación y la innovación. Y lo más importante, esta nueva Constitución se ha escrito en beneficio de la generación más joven», ha explicado el presidente tras unas elecciones que servirán para formar el primer Parlamento unicameral tras la reforma.
En este sentido, ha hecho hincapié en que «no es una exageración decir que estas elecciones han sido organizadas de forma exitosa y sencilla». «Quiero aprovechar esta oportunidad para expresar mi más sincera gratitud a toda la gente por su madurez cívica y su apoyo a esta estrategia de renovación», ha sostenido, según informaciones recogidas por el diario Kazakhstanskaya Pravda.

Críticas de la OSCE

A pesar de sus palabras, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha alertado de que a si bien las elecciones han contado con una «buena preparación técnica», se han realizado en un ambiente en el que existe una «falta de pluralismo político».
Los observadores de la OSCE han explicado así que «la falta de alternativas políticas diferenciadas ha limitado la oferta, ya que todos los partidos contendientes respaldaron las políticas del presidente en funciones», según un comunicado emitido por la organización.
«La campaña se desarrolló de manera ordenada y se brindaron las mismas condiciones a los diferentes partidos, pero el nuevo partido Adilet gozó de una ventaja indebida», recoge el texto.
«Las leyes y reglamentos electorales, revisados sustancialmente poco antes de las elecciones con una consulta pública limitada, contienen varias disposiciones que no se ajustan a los estándares internacionales para elecciones democráticas, incluso en lo que respecta a los derechos fundamentales relacionados con la participación política», ha sostenido.
Así, ha lamentado que las mujeres sigan estando significativamente «subrepresentadas». «Si bien los votantes han tenido acceso a diversos medios de comunicación, el pluralismo mediático se ha visto limitado y existen preocupaciones sobre las restricciones a los medios y la presión ejercida sobre los periodistas».
«Los medios supervisados por los observadores ofrecieron escasa cobertura editorial y analítica de las elecciones, lo que redujo la capacidad de los votantes para tomar una decisión informada», ha apuntado.

Felicitaciones de Rusia y China

De momento, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha procedido a felicitar a su homólogo kazajo por los resultados obtenidos en el nuevo Parlamento unicameral. «Estimado Kasim Yomart (…), acepte las felicitaciones con motivo de la victoria del partido gobernante Adilet en las primeras elecciones de la historia de Kazajistán al Parlamento unicameral, el Kurultái», ha indicado en un comunicado
A juicio de Putin, la alta participación y los resultados electorales respaldan el «rumbo actual del Gobierno kazajo hacia la estabilidad política, el desarrollo socioeconómico y la defensa de los intereses nacionales en la escena internacional».
Mientras, el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Lin Jian, ha felicitado también al presidente kazajo durante una rueda de prensa en la que ha calificado las elecciones como «exitosas», según ha recogido el diario estatal chino ‘Global Times’.
«Como un vecino amigo y un socio estratégico integral a largo plazo, China apoya a Kazajistán en su camino hacia un desarrollo independiente y autosuficiente, de acuerdo con sus condiciones nacionales. Esperamos que Astaná mantenga la paz y la estabilidad a largo plazo y alcance la prosperidad económica», ha apuntado.
Además, ha recalcado que China «da una gran importancia al desarrollo de las relaciones con Kazajistán y está dispuesta a emprender esfuerzos conjuntos para implementar de forma responsable los importantes acuerdos alcanzados por los dos jefes de Estado, profundizar la cooperación integral de beneficio mutuo y llevar las relaciones entre los dos países al más alto nivel».

El oficialista Adilet arrasa en unas elecciones sin suspenso con las que Tokáyev blinda la estabilidad de Kazajistán

Por Álvaro Escalonilla

El oficialista Adilet arrasa en unas elecciones sin suspenso con las que Tokáyev blinda la estabilidad de Kazajistán. El nuevo Kurultái se estrenará con una mayoría afín a la Presidencia y abrirá una etapa de reformas destinadas a impulsar el desarrollo del país. Kazajistán vota para afianzar en el poder a Tokáyev, el aliado de Putin que le pidió en público detener la guerra en Ucrania

Kazajistán celebró este domingo las primeras elecciones legislativas desde que entró en vigor la nueva Constitución en julio. Una cita electoral de carácter histórico que el presidente Kassym-Jomart Tokáyev utilizó para proyectar la imagen del país como un actor en desarrollo y un factor de estabilidad en una región del todo impredecible.
Eran las décimas elecciones parlamentarias desde la independencia, pero quizá las más relevantes, porque alumbraban un cambio de arquitectura institucional sin precedentes. Kazajistán pasaba de tener un sistema bicameral a uno unicameral, que tratará de agilizar la agenda de reformas que emana de la Presidencia.
Este domingo estaban en juego los 145 asientos del Kurultái, el nuevo Parlamento, cuyo nombre propone una vuelta a los orígenes, una forma de reafirmar la identidad nacional que alude a las antiguas asambleas de los pueblos túrquicos, y que sustituye al Senado y al Mazhilís, dos cámaras que quedan disueltas.
En cuanto a los resultados, apenas hubo sorpresas. El oficialista Adilet (Justicia, en español), la plataforma que absorbió a los cuadros del antiguo partido gobernante Amanat, se impuso con más del 70 % de los votos, según avanzaron hacia la medianoche las encuestas a pie de urna.
Otras cuatro formaciones rompieron la barrera del 5 % de los votos para obtener representación en el Kurultái, a decir de las proyecciones. El histórico partido agrario Auyl, que ronda el 6,4 %, y la gran novedad, Respublica, un partido de corte proempresarial cuyo líder, Aidarbek Jozhanazarov, presume de que en sus filas no hay burócratas, sino «creadores de empleos», y que cosechó el 5,4 % de las papeletas.
El Partido Socialdemócrata Nacional y el liberal-conservador Aq Jol se quedaron a la cola con el 5,2 % y el 5,1 % de los votos, respectivamente; mientras que el ecologista Baytaq y el Partido Popular de Kazajistán, el antiguo Partido Comunista, heredero de la tradición soviética, se quedaron fuera. La casilla Contra todos, una opción de voto de rechazo que las autoridades incluyen en las papeletas electorales, registró un 2,6 %.
Adilet era el gran favorito. Su líder, Aibek Dädebay, formó parte del gabinete de Tokáyev, presume de una estrecha relación con el presidente y corea su eslogan de «Taza Kazakhstan» esto es, Nuevo Kazajistán, su visión de país. De hecho, su nombre aparece en las quinielas para convertirse en el próximo vicepresidente del país, una figura que recupera la nueva Constitución y que podría colocarse en la línea de sucesión a Tokáyev.
El presidente confirmó este domingo que «se sabrá quién ocupará el puesto de vicepresidente a lo largo de la próxima semana o en un plazo de diez días», porque en este momento «sería prematuro mencionar su nombre», aunque adelantó que «será una persona conocida, a la que todos ustedes conocen bien».
Además de Dädebay, en la terna están Mäulen Äşimbaev, el presidente del Senado; Erlan Qoşanov, el presidente del Mazhilís; y Erlan Karin, estrecho asesor de Tokáyev y uno de los ideólogos detrás de la agenda de reformas. Dos jóvenes reformistas de perfil técnico y dos veteranos apparatchik. Hasta la fecha, Tokáyev ha apostado más por los primeros.
Jornada con lluvia y sin sobresaltos
La jornada electoral transcurrió en un ambiente tranquilo. El Ministerio del Interior no dio cuenta de «graves alteraciones del orden público» en ninguno de los más de 10.000 colegios electorales repartidos por toda la geografía del país.
Aunque la jornada estuvo pasada por agua, las autoridades compartieron abultados porcentajes de participación, con la notable excepción de Almaty, siempre menos entusiasta que el resto del país cuando llegan las citas con las urnas, que no superó el 43 % de afluencia; y de la capital, Astaná, que registró un 51,67 % de participación.
Según la Comisión Electoral Central (CEC), unas 9,3 millones de personas –el 74 % del electorado, aproximadamente– habían acudido a las urnas antes del cierre de los centros de votación a las 20:00 hora local (las 17:00 en la España peninsular).
Entre esos más de nueve millones estaba el «primer presidente» del Kazajistán independiente. Nursultán Nazarbáyev, el antiguo Elbasy o Líder de la Nación, reconvertido en mero pensionista desde la crisis de enero de 2022, reapareció en público para participar en las elecciones, pero no lo hizo desde ningún centro electoral, sino desde su propia residencia.
«Debido a su estado de salud tras una reciente operación de columna lumbar, el Primer Presidente ejerció su derecho al voto desde su domicilio», anunció a través de redes sociales su portavoz, Aidos Ukibay, que informó por primera vez sobre la intervención médica a la que se sometió el exmandatario, de 86 años.
«Hemos venido en familia, nuestra hija mayor vota por primera vez», decía una votante en el colegio electoral de Taytobe, periferia de Astaná, preparado para la llegada de la prensa internacional. «Voté esta misma mañana, trabajo en la administración pública y quería que mi voz fuera escuchada», comentaba una joven frente a las puertas del Mega Silk Way, el enorme centro comercial de Astaná.

Rumbo a la reelección

Tokáyev, que emitió su voto hacia el mediodía en el Palacio de la Independencia de Astaná, evitó responder si se presentaría o no a las próximas elecciones presidenciales, aunque dejó claro que tenía «derecho» a ser reelegido en virtud del fallo del Tribunal Constitucional de julio que así lo habilitaba.
«Pero en cuanto a las próximas elecciones o, como usted ha dicho, si me presentaré o no, y en qué año, es prematuro hablar de ello, ya que debemos cumplir muchas tareas que tenemos por delante como país», puntualizó acto seguido.
Las elecciones colocan a Kazajistán sobre los nuevos raíles para agilizar las reformas y atraer una mayor inversión extranjera. «Desde una perspectiva económica, el nuevo Kurultái es importante porque necesita aprobar leyes estables», sostiene Glenn Agung Hole, profesor de la Universidad del Sudeste de Noruega. «Las empresas, las finanzas y la bolsa necesitan comprobar que los impuestos y las leyes se cumplen».
Pero Hole advierte: «Tenemos que ver estabilidad a lo largo del tiempo. Durante al menos tres a cinco años, los inversores internacionales necesitan comprobar que pueden invertir aquí y que su inversión estará segura durante los próximos tres a cinco años y más allá».
Tokáyev aprovechó la ocasión para anunciar la nueva política económica del Gobierno, que echará mano de los activos del fondo soberano para crear y desarrollar las infraestructuras del país. El presidente prometió grandes proyectos de construcción en cada capital regional, distrito y ciudad.
«¿Para qué mantenemos dinero en valores en el extranjero cuando podemos utilizarlo en beneficio del pueblo? Estoy en contra de quedarnos sentados sobre ese dinero como un perro sobre el heno. Debe servir a nuestra gente. Naturalmente, la situación mundial exige análisis y atención», explicó el presidente.
«La situación no es sencilla; literalmente caminamos al borde del precipicio», añadió, en clara alusión a las consecuencias que sufre el país a cuenta de la guerra en Ucrania y el conflicto estancado en Oriente Próximo. «Sin embargo, hemos logrado garantizar unas condiciones internas de paz, lo que nos ha permitido desarrollarnos», celebró.
Tokáyev también confirmó que habría «algunos cambios» en el Gobierno, que deberá presentar su dimisión tras las elecciones al Kurultái, y dejó la puerta abierta a un adelanto electoral para las presidenciales, que podrían celebrarse tan pronto como en 2027.
El presidente evitó aclarar, de todos modos, si aspira a un nuevo mandato. El suyo expira en 2029, y hasta la fecha había hecho saber a su círculo más próximo que planeaba dar un paso al costado. «Posiblemente el próximo año pueda responder de manera más concreta», respondió al ser preguntado por sus planes.

Fracaso esperado del régimen capitalista de Kazajastán

Por José Antonio Egido, 10/01/2022

La revolución socialista creó la estatalidad de Kazajstán en el seno de la Federación soviética y emancipó a su pueblo obrero y campesino. En el seno del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) se formaron los dirigentes reconocidos por su pueblo que construyeron en el antes subdesarrollado, analfabeto, primitivo y pobremente pastoril Kazajstán la tercera economía de la URSS después de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (RSS) de Rusia y Ucrania. Se destacó el joven ingeniero de familia campesina pobre Dimuyamed Kunaev que entró en las filas del PCUS en 1939 y trabajó como director de una mina desde setiembre de ese año. Elegido por unanimidad Secretario General de la sección republicana del Partido en 1960, dirigió al proletariado en la construcción socialista que llevó al antiguo pueblo de pastores oprimidos a un gran desarrollo socialista. Su industria creció 9 veces, su construcción 8 veces y su agricultura 6 veces. Contribuyó a crear el complejo de combustible y energía de Ekibastuz. Kunaev favoreció el espíritu soviético de unidad fraterna entre las diversas etnias en el mayor respeto a todas sus culturas originales. Las cosas se empezaron a torcer en esta RSS cuando el entonces enmascarado traidor Mijaíl Gorbachov lo destituyó en diciembre de 1986 y en 1987 lo expulsó del Comité Central del PCUS. Gorbachov se deshacía de un enemigo político. Kunaev era un firme partidario de proseguir la construcción socialista incorporando las reformas necesarias, pero sin concesiones al capitalismo. Las masas kazajas se levantaron en las calles contra esta destitución arbitraria y la imposición en ese cargo de un leal gorbachoviano, Guenady Korbin. Fue la primera protesta obrera contra la deriva pro capitalista del grupo revisionista encaramado en la dirección del PCUS conocida como “perestroika”.
Las masas se mantuvieron tan leales al socialismo soviético y a la Unión fraterna de pueblos llamada URSS que en el referéndum de marzo de 1991 casi 10 millones de electores que representaron el 95,6% de los votos emitidos ratificaron democráticamente su voluntad de seguir perteneciendo a esa potencia socialista. Lamentablemente Gorbachov empujó a la secretaria general republicana a otro dirigente que no tenía ni apoyo popular, ni compromiso comunista ni lealtad a los principios que tuvo Kunaev, Nursultan Nazarbayev, elegido miembro del Politburó del PCUS, su máxima instancia dirigente, en su último y catastrófico Congreso, de número 28 en julio de 1990. Nazarbayev conocedor de la voluntad del pueblo kazajo fue el último dirigente en proclamar el abandono de la Unión en diciembre de 1991. De 1990 hasta 2019 este astuto falso comunista ha destruido el sistema social socialista y la economía avanzada que construyó el pueblo bajo la dirección del Partido y ha construido un “capitalismo primitivo”, en palabras del secretario general del Partido Comunista de la Federación de Rusia (PCFR) Guenadi Ziuganov.
Para mantenerse en el poder Nazarbayev se ha apoyado de manera oportunista en todo aquel que lo aceptase como socio o como vasallo. Ha entregado gran parte de la industria de petróleo y gas a los monopolios imperialistas Exxon Mobil, Chevron, Total y Shell y la industria metalúrgica a Arcelor Mittar. Realiza anualmente maniobras militares con la OTAN. Ha acordado convertirse en “socio estratégico” de los EE UU. En 2012 se sometió al sueño panturco promovido por el dictador turco Erdogan proclamando “entre el Mediterráneo y el Altai viven 200 millones de nuestros compatriotas. Si nos unimos seremos el país más grande y poderoso del mundo”. Hace dos años discutió la creación de un bloque militar con Turquía. Ha permitido que los predicadores del Islam o fascismo wahabí (religión retrógrada inventada por el régimen saudí) envenenen a la población. Ha desarrollado el nacionalismo panturco que ha creado escuadrones armados que tal vez se hayan levantado desde el 3 de enero contra el gobierno. Ha tolerado la acción de las ONGs financiadas por la agencia norteamericana National Endowment for Democracy (NED) para propalar la podrida ideología capitalista. Ha promovido los prejuicios antirrusos a pesar de los lazos fraternales construidos durante la URSS entre los pueblos ruso y kazajo. Las autoridades promueven la sustitución del alfabeto cirílico por el latino para complacer al expansionista Erdogan. A pesar de lo cual desde 2003 integra el Tratado de Seguridad Colectiva con Rusia. También ha acordado en setiembre de 2013 con China que su vasto plan llamado “Nueva Ruta de la Seda” atraviese suelo kazajo para que las mercancías chinas lleguen a Europa 2 veces más rápido que por el mar.
Para afirmar el poder de una nueva oligarquía capitalista bajo su mando y desarrollar su línea oportunista y sin principios Nazarbayev tomó medidas represivas: respaldar la prohibición del PCUS decretada por el dictador ruso Yeltsin en agosto de 1991, prohibir el reconstituido Partido Comunista de Kazajstán en 1992, condenar a arresto domiciliario al respetado dirigente comunista Kunaev hasta su fallecimiento en 1993 y liquidar la mayoría de los sindicatos independientes según denuncia E.A. Kulikov, director del Buró euroasiático de la Federación Sindical Mundial (FSM). Ha impulsado la ideología anticomunista y en sus manuales escolares se refieren al “totalitarismo soviético sangriento”. Ha derribado monumentos a Lenin y ha construido otro de Akijhan BuKeijanov, líder tribal que se alineó con el Almirante zarista Kolchak en su lucha contra la revolución socialista en los años 20. Su policía no ha dudado en matar a los trabajadores que exigían el respeto a sus derechos. Como en 2011 cuando mataron a 11 trabajadores del petróleo.
Nada tiene de extraño ni que los trabajadores se hayan lanzado a protestar contra los continuos abusos de este régimen antipopular ni que las protestas estén siendo encabezadas y capitalizadas por líderes burgueses pro imperialistas islamo fascistas y pro turcos alentados por los servicios imperialistas partidarios de hacer de Kazajstán una base de operaciones de la OTAN, el FMI, la CIA, el M16 y el G7 contra “la influencia rusa” como lo señala abiertamente un informe de la corporación de inteligencia norteamericana RAND y contra China. Rusia ve amenazada la estación espacial de Baikonur construida por la URSS que opera y la seguridad de 3,5 millones de habitantes de etnia rusa. China ve amenazada su frontera y su previsión de que el 70% de sus exportaciones circulen por suelo kazajo hacia sus mercados internacionales. No es por simpatía de los pueblos soviéticos de Rusia, Belkarus, Armenia, Tayikistán y Kirguistán hacia el régimen kazajo que sus tropas militares se hayan desplegado en Kazajstán para destruir los grupos criminales reaccionarios, sino para cortar de raíz toda infiltración imperialista que desestabilice gravemente el Centro de Asia promoviendo enclaves coloniales, terrorismo, ideologías fascistas, saqueo de los recursos naturales, inestabilidad, ataques militares y sabotaje contra Rusia y China. Como señala Ziuganov, el pueblo kazajo no “disfruta” de ninguna independencia antisoviética que no sólo no deseaba, sino que rechazó firmemente, sino que sufre las consecuencias de la trágica disolución de la URSS hace 30 años. El débil régimen neocapitalista construido por Nazarbayev y su continuador Kasim Zhomart Tokaev es incapaz de defenderse de las peligrosas amenazas que plantea la continua injerencia imperialista que ellos mismos han favorecido por puros intereses personales. El desastre en el cercano Afganistán, la cercana guerra terrible en Armenia y Azerbaiyán, el sangriento régimen neonazi de Ucrania instalado por la CIA, la propagación del terrorismo islámico en el Cáucaso y en la provincia china de Xinjiang son los escenarios bien probables que se darían en Kazajstán en caso de instalarse un régimen dócil a las potencias de la OTAN.
La intervención militar del Tratado de seguridad es una medida paliativa para evitar la peor catástrofe. La solución estrategia es restaurar el orden constitucional socialista y soviético.

Los disturbios de Kazajstán
23/01/2022

A diferencia de Kirguistán, que ha experimentado tres revoluciones desde 2005, y Tayikistán, que sufrió una sangrienta guerra civil entre 1992 y 1997, Kazajstán ha sido una de las repúblicas de Asia Central más estables y ricas. Desde la disolución de la URSS hasta 2019, el país estuvo gobernado por el presidente Nursultan Nazarbayev, ex primer secretario de la rama de Kazajstán del Partido Comunista Soviético. Externamente, Nazarbayev estableció relaciones amistosas con los Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía y China, al tiempo que mantuvo fuertes lazos con Rusia y otras ex repúblicas soviéticas. A nivel nacional, construyó una versión especialmente aguda de neoliberalismo basada en privatizaciones forzadas: vendió más de 20.000 empresas estatales durante sus primeros cinco años en el cargo, muchas de ellas a multinacionales extranjeras.
Sin embargo, la distribución desigual de los recursos en esta nación rica en petróleo ocasionalmente ha provocado resistencia popular. En 2011, los trabajadores petroleros de Zhanaozen, en el sudoeste de Kazajstán, se declararon en huelga para pedir salarios más altos y mejores condiciones de trabajo. Después de siete meses, la huelga fue aplastada cuando la policía mató al menos a quince trabajadores e hirió y arrestó a cientos más. (Poco después, Tony Blair comenzó a asesorar a Nazarbayev sobre cómo lavar su reputación tras la masacre, recibiendo aproximadamente 8 millones de libras esterlinas por sus servicios). Las protestas estallaron nuevamente en 2016, cuando decenas de personas fueron arrestadas en manifestaciones contra las reformas planeadas al Código de tierras, que habrían permitido a los ciudadanos extranjeros alquilar tierras para su explotación agrícola por un periodo de hasta 25 años. Esta vez,  el gobierno se vió obligado a parar las reformas y los ministros de Energía y Agricultura dimitieron.
Ahora, más de diez años después de que la huelga de Zhanaozen fuera brutalmente reprimida, la ciudad se ha convertido una vez más en un foco de protestas. El 2 de enero, comenzaron las protestas por el aumento del coste del combustible en Zhanaozen y Aktau en el óblast de Mangistau, tras levantarse los topes del precios del gas licuado de petróleo. Luego se extendieron a Aktobe, Taraz, Kyzylorda, Karaganda, Shymkent y Almaty, donde comenzaron a centrarse en cuestiones socioeconómicas más amplias. Después de varios días de disturbios, en los que la policía utilizó gases lacrimógenos, balas de goma y bombas aturdidoras para despejar las calles, el gobierno acordó bajar el precio de la gasolina y aplazar el aumento de los precios de los servicios públicos durante 180 días.
Las consecuencias políticas de las protestas fueron significativas. En la mañana del 5 de enero, el sucesor de Nazarbayev, el presidente Kasym-Jomart Tokayev, aceptó la renuncia del primer ministro Askar Mamin y su gobierno. Mamin fue sucedido por Alikhan Smailov como primer ministro en funciones, y Tokayev sucedió al ex presidente Nazarbayev como jefe del Consejo de Seguridad: un anuncio enormemente simbólico, que parecía marcar una ruptura con el régimen anterior. Sin embargo, estas concesiones no lograron aplacar el descontento y estallaron más enfrentamientos armados entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad. Se declaró el estado de emergencia nacional. En Almaty, la capital del país hasta 1997, los manifestantes tomaron brevemente el control de la administración de la ciudad, la antigua residencia presidencial y el aeropuerto, antes de ser rechazados por las fuerzas de seguridad. En el momento de escribir, se ha confirmado la muerte de 225 personas y más de 9.000 han sido arrestadas.
En la tarde del 5 de enero, el presidente Tokayev hizo un llamamiento a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) para pedir ayuda. Posteriormente, el primer ministro armenio Nikol Pashinyan, presidente del Consejo de la OTSC, anunció que enviaría una misión de mantenimiento de la paz a Kazajstán para defender la seguridad nacional del país y estabilizar la situación interna. La fuerza de mantenimiento de la paz, que sumaba casi 4.000 efectivos, estaba compuesta principalmente por soldados de Rusia, pero también incluía tropas de Bielorrusia, Tayikistán, Kirguistán y Armenia. Al dirigirse a una reunión de la OTSC el 10 de enero, Tokayev anunció que en este punto de las protestas, «las demandas económicas y político-cívicas [habían] pasado a un segundo plano». Ya no se trataba de los precios del combustible, declaró. Se trataba de un intento de golpe de estado.
Cualquier análisis sensato muestra que la administración de Tokayev no fue víctima de un complot diseñado por los Estados Unidos y otros países occidentales. Por el contrario, EE UU y la UE se han negado hasta ahora a implicarse significativamente, limitándose simplemente a pedir diálogo entre el gobierno y los manifestantes.
Está claro que las protestas recientes fueron, al menos en sus primeras etapas, dirigidas por la clase trabajadora multinacional de Kazajstán, presionada por el aumento del coste de la vida e indignada por las nuevas subidas de precios. Sin embargo, este estrato social se había visto debilitado por años de represión y carecía de representación política una vez que el Partido Comunista Marxista-Leninista de Kazajstán fuera prohibido en 2015. Por lo tanto, sin ayuda externa, es poco probable que las protestas espontáneas de la clase trabajadora hubieran logrado la ubicuidad e intensidad vistos en las últimas semanas. Es probable que fueran ayudados por una facción dentro del bloque gobernante, que aprovechó los disturbios para arrinconar a sus rivales políticos. De hecho, vale la pena señalar que la violencia aumentó considerablemente después de que el gobierno acordó revertir los aumentos de precios, sugiriendo la participación de actores externos.
Si la violencia fue sintomática de una lucha dentro de la élite, en lugar de una revolución de color o un levantamiento proletario, ¿qué forma tomó? Algunos comentaristas inicialmente creyeron que el descontento popular en las provincias petroleras del Caspio había llevado a Tokayev a lanzar un golpe palaciego contra su predecesor Nazarbayev, destituyéndolo de su posición prominente en el Consejo de Seguridad. Sin embargo, cinco días después de que se anunciara esta decisión, Nazarbayev declaró que él mismo había tomado la decisión de renunciar al cargo. Negando los informes de que huyó a China, Nazarbayev confirmó que permaneció en Nur-Sultan y ha estado en estrecho contacto con el presidente, pidiendo a los ciudadanos del país que cierren filas y lo apoyen. Si hay que creer a Nazarbayev, él y Tokayev no son enemigos sino aliados. En ese caso,es posible que el verdadero conflicto no sea entre estos dos hombres fuertes, sino entre el gobierno y los niveles superiores de los servicios de seguridad nacional, a quienes Tokayev eludió de manera reveladora al apelar a la OTSC.
Desde que comenzó la violencia, Tokayev ha centrado sus esfuerzos en depurar el Comité de Seguridad Nacional (KNB), destituyendo al poderoso Karim Masimov como su jefe. Masimov fue dos veces primer ministro, de 2007 a 2012 y de 2014 a 2016, y una figura importante en la administración de Nazarbayev. Antes de que Tokayev fuera elegido como sucesor de Nazarbayev, se creía ampliamente que Masimov era un candidato potencial. Tres días después de su destitución del KNB, fue arrestado bajo sospecha de traición al estado. El 9 de enero, Tokayev comenzó a despedir y arrestar a los colegas del KNB de Masimov. En una aparición televisada, Ermukhamet Ertysbayev, exministro del gobierno de Nazarbayev, culpó de los recientes disturbios a la traición del KNB. Bajo la dirección de Masimov este organismo habría ocultado la existencia de campos de entrenamiento de extremistas con la intención de dar un golpe contra el presidente Tokayev.
Si las acusaciones de Ertysbayev son ciertas (todavía no tenemos suficientes evidencias para confirmarlas o negarlas), esto deja aún más preguntas sin respuesta. La primera se refiere a los motivos de Masimov. Si de hecho estaba planeando un golpe, ¿comenzó ya en 2019, en respuesta al nombramiento de Tokayev como su sucesor por parte de Nazarbayev? ¿Y cuál era su medio de ejecución? ¿Fueron estos supuestos ‘campos de entrenamiento’ creados por el KNB, o simplemente los encubrieron, creyendo que podrían ser útiles en el futuro? Independientemente de que los llamados ‘terroristas’, es decir, los elementos violentos activos en las protestas, estuvieran dirigidos por secciones disidentes del KNB, la inestabilidad que desencadenaron habría proporcionado suficiente cobertura para un golpe con el pretexto de restaurar el orden. Cuando Masimov sea llevado a juicio,el gobierno de Tokayev probablemente publicitará rápidamente cualquier evidencia, real o inventada, que tenga sobre él.
Un resultado importante de los disturbios, como señaló el propio Ertysbayev, fue el fin de la era Nazarbayev. Aunque siga siendo conocido como Elbasy, o ‘Líder de la Nación’, su salida del Consejo de Seguridad ha puesto fin a su dominio de treinta años de la escena política. Desde 2019, el presidente Tokayev gobernó a la sombra de su predecesor, pero ahora su poder se ha consolidado con el apoyo de Rusia y la OTSC. Es probable que establezca relaciones más estrechas con otras ex repúblicas soviéticas. Aunque Tokayev ha liderado hasta ahora una nación considerada ‘aliado fiel y confiable’ (en palabras de Tony Blair), los acontecimientos recientes pueden alterar esta percepción en Occidente. Al igual que Lukashenko, puede decidir abandonar una política exterior de múltiples vectores por una más rusocéntrica, al mismo tiempo que consolida su represión contra la oposición interna. Mientras tanto, el paquete de reformas económicas de Tokayev, la ‘Nueva Agenda de Kazajstán’, tiene como objetivo adelantarse a otra ronda de protestas populares. El programa se compromete a cerrar la brecha de ingresos, controlar la inflación, impulsar el empleo y mejorar la calidad de vida. Tales medidas pueden aliviar las tensiones a corto plazo. Sin embargo, mientras el presidente no esté dispuesto a repudiar el modelo básico construido por Nazarbayev, un estado postsoviético autocrático sobre una economía dominada por el capital extranjero, surgirán nuevos ciclos de resistencia.

Fuente: https://newleftreview.org/sidecar/posts/kazakhstans-unrest
Traducción: G. Buster

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.