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Elecciones o selva, dos rutas

Fuentes: La Jornada

La comandancia del EZLN, a través de su vocero y teórico, el subcomandante Marcos, está invitando a todos los interesados a reunirse con ellos y dar forma a lo que llaman «la otra campaña». Pocos serán los que puedan oponer razones válidas o de peso a tan positiva aventura con sede en las montañas de […]

La comandancia del EZLN, a través de su vocero y teórico, el subcomandante Marcos, está invitando a todos los interesados a reunirse con ellos y dar forma a lo que llaman «la otra campaña». Pocos serán los que puedan oponer razones válidas o de peso a tan positiva aventura con sede en las montañas de Chiapas. Otros no comprenderán los argumentos esgrimidos y hasta rechazarán las críticas de las que parten al formular sus ofertas o, simplemente, serán indiferentes y hasta refractarios a lo que en esa aislada región sucede. Por desgracia, la misma causa indígena les tiene sin cuidado a varios millones de compatriotas. Allá ellos por su falta de generosidad, tacto e inteligencia para perseguir lo que puede ser de trascendencia para su propio bienestar y conveniencia.

Las limitantes que le imponen a la sociedad en su conjunto al no visualizar, con la profundidad debida, las consecuencias que para todos quedan subsumidas en la llamada cuestión indígena y sus concomitantes de desigualdad, marginación o pobreza, afectan el desenvolvimiento armónico del país. Pero, al mismo tiempo, muchos serán los que se lanzarán, llenos de coraje, buenas intenciones y capacidad de organización posterior, para prestar su fuerza de voluntad a la empresa para la que se les requiere. Tendrán que evaluar, entre otros imponderables de tiempo y lugar, si la construcción de esa alternativa de izquierda aún puede cimentarse en el fetiche de las máscaras y las metralletas en ristre.

El avance de una sociedad bien puede medirse por la organicidad que va agregando a su aparato interior. Entre más y mejores células organizativas se formen en un cuerpo, en una nación, mayores serán sus potencialidades para asegurarse un mejor presente y progresar en calidad de vida. Podrán también hacerse de instrumentos que soporten su desarrollo para enfrentar los constantes y duros retos que tienen en la actualidad o movilizar recursos para sobrepasar sus variados problemas al paso que generan las oportunidades para su desenvolvimiento humano y material.

Lo anterior no son sólo simples y vanos deseos plagados de voluntarismo, sino una descripción de lo que en realidad sucede en distintas sociedades del mundo. Por eso, si el EZLN logra agrupar cada vez más vastos sectores de la población tras su propuesta, sentará las bases para su cometido que de varias maneras se propuso: sacar a los indígenas mexicanos de su postración. Podrán darse, a sí mismos, un conjunto de relaciones productivas que impida la explotación inmisericorde que han padecido por tantos, incontables años. Vale la pena que se intente dar forma y contenidos a la «otra campaña». Una que, desde abajo, según predican, pueda ser presentada como oferta de izquierda al resto de los mexicanos. Y hasta se puede aceptar que sea, tal campaña, la de la verdadera izquierda.

Pero, al mismo tiempo, hay que saber combinar, de manera simultánea, pacífica, las otras campañas que llevan a cabo organizaciones, partidos o grupos, núcleos de seres preocupados que proponen opciones distintas. Ya verán los ciudadanos cuál oferta escogen, a cuál se afilian, a quiénes siguen y qué métodos de trabajo prefieren. De eso trata lo que, de forma resumida, se llama competencia democrática por el poder. En ella están empeñados varios partidos políticos, tres de ellos con alcance nacional. Para eso se ha venido construyendo el sistema que norma y guía el juego de partidos y sus ambiciones políticas. Nadie puede desdeñar el esfuerzo que implica tan complejo logro civilizatorio, necesario para dirimir las diferencias, los encontrados apetitos de poder que acumulan los hombres y mujeres de una sociedad. Habrá que aceptar, también, el riesgo de ser derrotado, padecer la marginación o quedar en minoría. El EZLN, Marcos y seguidores pueden ensayar su nueva oferta. El PRI, el PAN y el PRD llevarán a cabo, junto con ellos, sin su aportación o a pesar de ellos, la campaña electoral con miras a 2006, que tantas vibraciones, entusiasmos, esperanzas y frustraciones conlleva.

Para Marcos, el PRI y sus conductores son lo ya conocido, el corrupto entreguismo neoliberal del pasado. El PAN es la derecha ineficiente y también entreguista, sólo que del presente. Al PRD lo cataloga como una anquilosada traición a la izquierda. A pesar de esos terminantes pronunciamientos o descalificaciones, se tendrá que aceptar que detrás de esos agrupamientos con esas adicionales o similares características se agolpan millones de ciudadanos que los prefieren y apoyan. De eso trata el juego democrático, el sendero insoslayable e insuperado de hoy.

López Obrador ha sido el principal destinatario de las críticas de Marcos. Pero, sin desatender lo dicho, este aspirante tiene un trabajo por hacer y ya lo ha emprendido con empeño singular. Se parte de aceptar lo divergente, al menos por ahora, de las rutas sin que nadie se llame a escándalo. Las propuestas que se han ido decantando son las que cuentan; ellas definirán la clase y el valor de izquierda pretendido. El método para acumular preferencias por sobre los demás también cuenta. Y tanto los abanderados del PRI, del PAN y el que, con seguridad, ha seleccionado la mayoría de los perredistas y demás seguidores, ya empezaron su peregrinar por el país en busca de votos. Y tal parece que a López Obrador no le empezó mal el asunto. Al contrario, en sólo unos cuantos días, de jueves a domingo, llenó plazas en lugares (con una, dos o tres decenas de miles tal vez) que, hasta ahora, le eran bastante ajenos al perredismo, y allí va decantando su oferta. Eso es lo que vale; lo demás son alegatos y discordias pasajeras.