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Grozni

Fuentes: Colectivo Cádiz Rebelde

Quien recuerde la última secuencia de la película de Polanski, «El Pianista», donde el protagonista sale de la ratonera y se encuentra la destrucción más pavorosa, puede decir que Grozni, se parece una enormidad. No hace falta pues, que ni un buen programa de ordenador, ni el talento de brillantes directores/as de arte, nos rememoren […]

Quien recuerde la última secuencia de la película de Polanski, «El Pianista», donde el protagonista sale de la ratonera y se encuentra la destrucción más pavorosa, puede decir que Grozni, se parece una enormidad. No hace falta pues, que ni un buen programa de ordenador, ni el talento de brillantes directores/as de arte, nos rememoren el estado de una ciudad después de la hecatombe de la segunda guerra mundial. Grozni esta ahí, existe, es un decir. Decimos es un decir, porque el noventa por ciento de la población ha huido, no se sabe muy bien a donde, porque la mayoría vaga por aldeas, llenos de miserias y enfermedades, el resto se esconde en los bajos de las casas, y hacen hogueras delatoras con maderas de muebles, que un día se usaron como muebles. Comer es un milagro que no siempre se produce, cuando ocurre nadie pregunta qué es esto que baila en agua caliente. Los pocos niños que quedan no juegan, pedieron el brillo en los ojos y las ganas de correr. Pero lo peor no es eso, sino el miedo al ejercito de Putin, porque sus soldados invasores entran en las casas ciegos de vodka y buscan y matan, y roban y violan, con la impunidad de los que saben que no pasa nada, ni siquiera una triste condena de la ONU, de esas que no sirven para otra cosa que para decorar los despachos de los ministros judíos del gobierno de Israel.

Putin y su gobierno fascista y mafioso, mata con impunidad, pero la economía es la economía, y Occidente cubre de silencio todo lo que necesita su voracidad disfrazada de bienestar. Como será el tema, que ni los lavaderos de conciencias, que son las ONG´s, pueden entrar en la capital Chechena. Es curioso, porque esos mismos silencios, son clamor cuando alguna chechena desesperada por la impotencia ante la suerte de su pueblo, hace un atentado en Moscú, para llamar la atención de tanto hipócrita, que raudo acude al palabrerío fácil, de qué barbaridad, en esta época tan moderna acciones tan aberrantes, hay que agotar todos los cauces legales y democráticos, deben ser los terroristas de Al Qaeda,… . Los dueños de las palabras llaman a la resistencia chechena terrorismo, y al día a día de la vida en Grozni, no se le llama de ninguna manera, quizás porque no tenga nombre.