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Una representante de RAWA en Madrid

La situación en Afganistán desde el punto de vista de la Sociedad Civil

Fuentes: Rebelión

Texto de la charla-coloquio convocada por Mujeres de Negro Contra las Guerras-Madrid en el Instituto de la Juventud el día 21 de enero de 2010, y ofrecida por una representante de RAWA (Asociación de Mujeres Revolucionarias Afganas) que se hace llamar Mehmuda y cuya identidad real se mantiene en anonimato por razones de seguridad

En nombre de la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA), quiero expresar mi agradecimiento de todo corazón por brindarnos esta ocasión para hablaros de la terrible realidad de Afganistán.

Hace 8 años el gobierno de EEUU y sus aliados consiguieron legitimar su invasión militar en Afganistán y embaucar al pueblo de EEUU y al mundo entero bajo consignas como la «liberación de la mujer afgana», la «democracia» y la «guerra contra el terrorismo». Nuestro pueblo, tras haber sido oprimido por el dominio talibán, tuvo esperanza en un Afganistán libre después de 30 años de guerras. Pero pronto su sueño se vio pisoteado de la manera más dolorosa ante la instauración del gobierno títere de Karzai, mientras EEUU volvía a utilizar a sus criaturas y continuaba sus tratos con los criminales señores de la guerra.

Desde el inicio, el señor Karzai y sus tutores estadounidenses ningunearon las demandas de la gente y eligieron pactar con los asesinos de la llamada «Alianza del Norte» colocando a sus rostros más sucios en lugares clave del poder.

La reinstauración y empoderamiento de viejos violadores, asesinos y saqueadores fundamentalistas, fue una realidad dolorosa y la raíz de las actuales condiciones desastrosas en Afganistán.

Desde RAWA siempre hemos remarcado que mientras los fundamentalistas estén presentes en Afganistán como fuerza militar y actores políticos, no podremos esperar avances en democracia, derechos de las mujeres, paz, seguridad y erradicación del terrorismo. Hoy podemos ver que nuestra postura es acertada, después de 8 años de ocupación de EEUU y la OTAN.

La consigna de la llamada «guerra contra el terrorismo», la presencia de más de 70.000 tropas extranjeras de más de 40 países y el gasto de miles de millones de dólares, no ha podido traer ni un solo síntoma de cambio positivo en estabilidad, seguridad y paz. Sin embargo, ha empujado más que nunca a Afganistán y la región a las manos de grupos terroristas. Incluso altos cargos de EEUU han reconocido que los talibán son hoy más fuertes que en 2001. Tal y como hemos presenciado durante los últimos años, a pesar de algunas pretensiones erróneas de los medios de comunicación occidentales, las mujeres afganas están sufriendo la misma catástrofe que bajo el mandato misógino de los fundamentalistas. Las víctimas de la violaciones pueden ser chiquillas de 3 años o abuelas de 75. Hay estadísticas recientes que muestran que un 25% de las mujeres en mi país sufren la violencia sexual. Las afganas se enfrentan día a día a secuestros, comercio de niñas, matrimonios forzados, violaciones en grupo, ataques con ácido y otras crueles formas de violencia. Los suicidios y las auto-inmolaciones de mujeres jóvenes y adultas se han disparado hasta límites desproporcionados e inéditos en la historia de Afganistán.

Los relatos estremecedores se han convertido en algo habitual y las crónicas en los medios sólo son la punta del iceberg. Los medios intentan hacer ver que el motivo de la terrible situación de la mujer afgana está en la violencia doméstica, pero esta afirmación no es correcta porque creemos que incluso el motivo mismo de la violencia doméstica hay que buscarlo en el gobierno y en la política. Porque es allá donde no hay justicia, donde los hombres violentos disfrutan de la impunidad mientras tratan a las mujeres peor que a los animales. La policía y las autoridades afganas también están implicadas en estos casos. Muchos parlamentarios afganos están implicados en crímenes contra las mujeres. Por ejemplo la joven Bashira fue violada en grupo por señores de la guerra, entre los que estaba el hijo del diputado afgano Haji Payenda, que utilizó su posición para evitar cualquier castigo.

El sistema judicial en Afganistán está profundamente infectado con el virus del fundamentalismo. Los señores de la guerra y los narcotraficantes controlan la judicatura en contra de los pobres y a favor de los grandes delincuentes, los funcionarios corruptos y los ricos.

La última ley que ampara la violación fue aprobada por el parlamento afgano y desató una reacción internacional. Pero a nosotras no nos sorprendió, porque es una consecuencia previsible de las políticas de apoyo a los fundamentalistas por parte de EEUU y sus aliados en Afganistán.

Los actos de Karzai son el resultado directo de las políticas occidentales de los últimos siete años. Karzai sólo hace lo mismo que otros hicieron antes que él: comercia con los derechos de las mujeres para obtener beneficios políticos. No nos sorprende a las que llevamos años denunciando este sucio juego un sinfín de veces.

El mundo necesita saber que en el pasado reciente se han cometido contra nuestro pueblo muchas otras agresiones, igualmente horribles y dolorosas.

Denunciamos que la ley de «Reconciliación Nacional» aprobada por el Parlamento afgano en 2007, que garantiza inmunidad por crímenes de guerra cometidos durante los pasados 30 años, ha sido el mayor trauma reciente sufrido por nuestra gente y ha dado oxígeno a los señores de la guerra fundamentalistas para seguir adelante aprobando sus leyes medievales en su parlamento mafioso. El pueblo afgano y organizaciones como RAWA levantamos nuestras voces contra esta ley repugnante, pero el mundo y el amo occidental del régimen títere afgano giraron la cara ante este vergonzoso episodio. Si ayer no se hubiera abandonado a nuestro pueblo a la hora de protestar contra esta ley de impunidad, hoy los extremistas no podrían aprobar con tanta facilidad leyes de estilo talibán contra las mujeres.

Otra justificación para la ocupación de Afganistán fue llevar la Democracia, pero sólo con ver la situación de las periodistas es suficiente para desenmascarar la burla de la democracia en nuestro país. Todas las periodistas libre-pensadoras tienen una vida muy dura, con sus vidas amenazadas. Algunas de ellas han sido asesinadas por señores de la guerra o talibán, entre ellas mujeres como Zakia Zaki, Sanga Amaj, Shaema Razaee y otras.

En el año 2002, aparecieron muchas publicaciones progresistas y democráticas, pero con los años casi todas se vieron obligadas a cerrar debido a las amenazas y presiones de los fundamentalistas y los gobernantes. En RAWA seguimos distribuyendo clandestinamente nuestras publicaciones en Afganistán porque los libreros que se atrevían a ofrecer nuestros materiales recibieron amenazas. Incluso hay gente que ha sido detenida y torturada sólo por poseer nuestras publicaciones. Los fundamentalistas controlan hoy todos los medios afganos y algunos de los criminales de guerra más infames, como Rashid Dostum, Mohammad Mohaqiq, Burhanuddin Rabbani, Asif Mohseni, Younis Qannoni, Ata Mohammad y otros tienen sus propios canales de televisión vía satélite para hacer propaganda para sus bandas inhumanas.

Ninguna organización democrática seria, al igual que RAWA, puede trabajar abiertamente en el país y todavía nos arriesgamos a serios problemas de seguridad. Podemos ver el ejemplo de Malalai Joya, que fue expulsada del parlamento y cuya voz no tolera el así llamado gobierno democrático porque defiende la verdad y representa al pueblo.

Los recientes comicios presidenciales pueden ser otro ejemplo de cuán ridículo juego de democracia se está jugando: había 40 candidatos, la mayoría con un currículo sangriento en las últimas tres décadas. Es una tomadura de pelo convocar elecciones en uno de los países más corruptos del mundo gobernado por la mafia, con ausencia de paz y seguridad. La reciente propuesta de Karzai para que tres mujeres sean ministras no es más que una muestra de relaciones públicas, y por lo menos una de ellas, Amina Afzali, pertenece a Jamiate Islami, un partido brutal implicado en numerosos crímenes de guerra.

En una tierra ocupada transformada en narco-estado, no hay lugar ni para el desarrollo económico ni para reducir la pobreza. En los últimos años, el cultivo de opio se ha disparado y mi país produce ya el 93% del total mundial. Los gobernantes afganos y la mafia internacional están implicados en el negocio. EEUU y la OTAN animan indirectamente el cultivo de opio, porque el control de la ruta de este negocio multibillonario forma parte de la agenda oculta del Pentágono en Afganistán.

La corrupción en Afganistán se ha disparado tanto que hasta los gobernantes estadounidenses se preocupan por ello en público. Afganistán ha recibido entre 15 y 20 mil millones de dólares de ayuda en los últimos años, pero no se han invertido en el bienestar de la gente y la reconstrucción del país sino que han acabado en los bolsillos de los narcotraficantes, los funcionarios y los señores de la guerra o responsables de oenegés locales e internacionales. Mientras tanto, el 85% de la gente en Afganistán vive bajo en la más absoluta miseria y algunas familias deben vender algunos hijos por unos pocos dólares para poder sobrevivir.

La verdadera naturaleza del drama de la llamada «guerra contra el terrorismo» está hoy ilustrada por miles de afganos y afganas inocentes asesinados por las tropas extranjeras, mientras por otro lado negocian con esos bárbaros fascistas llamados talibán, tratando de etiquetarlos como «moderados» para poder compartir el poder con ellos.

Todas estas asquerosas muestras de demagogia nos enseñan que una vez más, el gobierno de EEUU y sus aliados sólo buscaban sus beneficios económicos y políticos en Afganistán y empujaban a nuestro pueblo a mayores miserias y desastres. Los dos grandes logros de las políticas occidentales en Afganistán han sido colocar en el poder a los salvajes de la «Alianza del Norte» y convertir nuestra tierra en el centro de la mafia mundial de la droga.

Obama llegó a la presidencia en medio de mucho ruido y con promesas de «cambio», pero su nueva estrategia para Afganistán no tiene nos aporta nada positivo, sólo más malas noticias para el pueblo afgano.

Aumentar el número de tropas estadounidenses en Afganistán no ayudará al país en nada, porque vienen a asegurar los intereses regionales de su gobierno en la zona y para convertir nuestra tierra en un fortín militar de EEUU en Asia. Vienen a Afganistán para empujar a mi país todavía más hacia el desastre. El principal resultado inmediato para mi desgraciado pueblo serán más civiles asesinados.

La administración Bush llevó al poder a señores de la guerra brutales y nos impuso su dominio, pero Obama también coquetea con algunos de los talibán y yihadis más fascistas, etiquetándolos como «moderados» y ofreciéndoles compartir el poder. Otra broma pesada para el sino de nuestro pueblo, que empuja a Afganistán todavía más en las garras de los terroristas.

Analizando la llamada nueva estrategia de Obama para Afganistán, podemos ver claramente que no hay diferencia alguna entre él y Bush y que ambos siguen una política belicista que no sólo trae más tragedias a Afganistán, también hace de la región y el mundo entero un lugar más inseguro.

Desde los primeros días de su existencia RAWA mantiene que ningún país puede dar libertad y democracia a otro país. Y hoy esta realidad salta a la vista.

Las circunstancias de los últimos 8 años en nuestro desdichado país nos han dado una lección: que para liberarse de la opresión de los talibán, los yihadis y sus apoyos extranjeros, nuestro pueblo no tiene otra opción que no sea la unión de las organizaciones democráticas para derrocar a los fundamentalistas del poder. No hay fuerza capaz de resistir la oposición de las masas.

RAWA defiende que la retirada de las tropas extranjeras debe ser el primer paso, porque hoy con su presencia a miles, la mayoría de nuestro pueblo sufre la inseguridad, los asesinatos, los secuestros, el desempleo, las violaciones, los ataques con ácido contra las colegialas, el hambre, la sed de justicia, la falta de libertad de expresión y tantas otras plagas. Sólo nuestro pueblo puede conquistar para sí la paz, la seguridad, la democracia y la independencia. Es nuestra responsabilidad estar unidas como una alternativa contra la ocupación, levantarnos, resistir y organizar a nuestro pueblo.

Ahora mismo nuestro pueblo en medio del fuego de tres enemigos. Por un lado los talibán, por otro lado los ataques estadounidenses y en tercer lugar los caudillos de la «Alianza del Norte» en diferentes provincias. Con la retirada de tropas extranjeras, por lo menos, nos habremos liberado de uno de esos enemigos.

Para acabar, permitidme hablaros un poco sobre nuestra organización: la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA) se fundó en 1977 por parte de un grupo de mujeres, entre las cuales estaba nuestra líder mártir Mina. RAWA es una organización independiente y feminista que combate por los derechos humanos y la justicia social en Afganistán. En RAWA nos opusimos a la invasión y ocupación soviética en Afganistán entre 1979 y 1989 y también a los posteriores gobiernos de yihadis y talibán. Hemos mantenido escuelas clandestinas para chicas, distribuimos publicaciones y realizamos proyectos de ayuda educativos, sanitarios y de generación de ingresos para mujeres. Desde nuestra fundación hemos sufrido problemas económicos, de seguridad y de todo tipo debido a nuestro discurso directo y a nuestra visión política, pero estamos decididas a continuar con nuestra lucha por la causa.

En RAWA recibimos el aliento de la sangre de nuestra líder asesinada y del sufrimiento y la miseria de nuestra nación. Nos comprometemos ante los hombres y las mujeres que sufren la opresión, para continuar sin pactos ni diplomacia nuestra lucha contra los asesinos, los fundamentalistas, sus lacayos intelectuales y sus amos extranjeros. Y en nombre de la mayoría silenciada de nuestro pueblo, continuaremos trabajando contra los opresores. RAWA no deja de pedir a las amigas y los amigos de nuestro pueblo, que apoyen a las fuerzas democráticas afganas y no a nuestros enemigos. Para nosotras es un honor tener amigos y amigas en el mundo que estáis junto a vuestras hermanas y vuestros hermanos de Afganistán, en contra de las malas políticas de los gobiernos. Vuestro apoyo y vuestra solidaridad significan mucho para nosotras. Por favor, continuad con nosotras. Muchas gracias.