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Más allá del engaño

Fuentes: Rebelión

Algún día, el mundo deberá agradecer al Presidente Trump el haber desnudado al rey. Antes, algunos proclamaban que los demócratas eran los héroes de la película y los republicanos, los villanos y exponían sesudas razones para defender sus opiniones. Ahora, luego de la llegada del actual vendaval a la Casa Blanca, casi todos los comentaristas […]

Algún día, el mundo deberá agradecer al Presidente Trump el haber desnudado al rey. Antes, algunos proclamaban que los demócratas eran los héroes de la película y los republicanos, los villanos y exponían sesudas razones para defender sus opiniones. Ahora, luego de la llegada del actual vendaval a la Casa Blanca, casi todos los comentaristas se quedan en el limbo sin comprender lo que pasa o si lo entienden, lo callan. Por ahora, una cosa es clara: Trump no satisface las expectativas de gran parte de la rancia élite que ha gobernado Estados Unidos a lo largo del último siglo. ¿Por qué? Por no seguir las huellas de sus antecesores. Obama, por ejemplo, pese a no pertenecer al grupo de los escogidos, aparentó ser mucho mejor que cualquiera de ellos; hasta el Nobel le concedieron por ello.

En cambio ahora, cualquiera se queda patidifuso ante lo que sucede, tirios y troyanos claman, en el mejor de los casos, por destituir a Trump o, en el peor, por eliminarlo de este mundo. Y no importan las cabriolas que él haga: bombardear Siria, sancionar a Rusia, amenazar con arrasar a Corea del Norte, Irán, Venezuela, Cuba y a todo el que levante la cabeza; haga lo que haga, nada les satisface y todos, según la gran prensa, incluida la de los países marginales, gritan que Trump debe largarse porque el pueblo norteamericano le ha declarado la guerra por ser incompetente. Y nadie se explica ¿ cómo no lo han derrocado todavía, qué fuerzas mantienen en el mando a este cíclope de la derecha mundial y adónde piensan llegar sus opositores con tanta alharaca? Lo cierto del caso es que cada día es más fuerte.

Todo el condumio de esta telenovela geopolítica comenzó con la derrota de la Sra. Clinton. Entonces apareció lloriqueando y, la misma que se reía mefistófelicamente cuando anunciaba la violación y la ejecución de Gadafi, en una burda imitación de María la Justa, proclamó que ella era la verdadera electa, que Trump, con ayuda de los rusos, le había birlado el triunfo en las presidenciales de EEUU. Se sumó a esta verborrea el sempiterno senador McCain, al que todavía no le pasa la rabieta de haber sido derribado por un proyectil soviético cuando bombardeaba una fábrica de focos de Viet Nam. En seguida, la gran prensa hizo eco de este dúo de lamentaciones y hasta ahora el panorama sigue turbio pese a que la cadena de televisión CNN llegó al absurdo de aclarar que Rusia intervino en los asuntos internos de EEUU mediante el uso del popular juego de Pokémon Go, por lo que esta cadena debería proponer que, para lograr la paz eterna, se debe alcanzar como prioridad uno el desarme total de este juego infantil y su no utilización a futuro.

En feroz contraofensiva, Donald Trump anunció en la red social Twitter que no hubo connivencia entre él y Rusia y que, más bien, «hubo connivencia con la candidata Demócrata Hillary Clinton» y se preguntó: » ¿ Por qué no se presta atención a los negocios con Rusia de la familia de Hillary Clinton y de los demócratas, pero sí se presta atención a mis no negocios?» Luego de lo cual, los congresistas republicanos iniciaron una investigación sobre la venta a una firma rusa de una compañía minera canadiense, que operaba en Estados Unidos, convenio que dio a los capitales rusos el control parcial de las reservas de uranio de EEUU y que fue aprobado por la Sra. Clinton cuando era Secretaria de Estado durante el gobierno de Obama. Pesquisas similares también lleva a cabo el FBI.

Sin embargo, los cuatro comités creados por el Congreso, que investigan la injerencia rusa en la campaña electoral del 2016 y los vínculos de Trump con Moscú, no dan a conocer sus conclusiones, tampoco lo ha hecho Robert Mueller, ex jefe del FBI que dirige la pesquisa. Se debe recalcar que es la primera vez en la historia de EEUU que algo así sucede en contra de un presidente -cuyo partido detenta la mayoría absoluta en el congreso y del que él mismo es la cabeza principal- que exige que la investigación termine lo antes posible, para que Hillary Clinton y el Comité Nacional Demócrata aclaren sus conexiones con Rusia.

Según palabras de Trump, después de un año de mentiras se destapó que «la tramposa Sra. Clinton y este comité pagaron a una compañía vinculada a Rusia para derribar al presidente Trump con ayuda de un agente extranjero». Se refiere a lo que revela el periódico ‘The Washington Post’, que el equipo de campaña electoral de la Sra. Clinton y el Partido Demócrata transfirieron 5,6 y 3,6 millones de dólares, respectivamente, a la firma Perkins Coie para financiar la investigación sobre una supuesta colusión de Trump con Moscú y que la operación se realizó de la siguiente manera: el abogado Marc E. Elias, que trabaja para la firma Perkins Coie, contrató a una empresa llamada Fusion GPS, que a su vez contrató a Christopher Steele, ex agente de los servicios secretos británicos y socio de la empresa Orbis Business Intelligence, que se encargó de redactar el dossier contra Trump.

De esta manera, EEUU, un país que se bambolea peligrosamente, intenta ser salvado por un gobernante cuya mitad de sus súbditos cree que ha sido impuesto por el enemigo, en este caso Rusia, donde el 77% de sus adultos piensa que las divergencias actuales son tan o más peligrosas que durante la Guerra de Viet Nam, que la situación se ha vuelto disfuncional, palabra que indica que algo no funciona pero que no mide el grado de intolerancia al que ha arribado la sociedad estadounidense, al borde del abismo.

¿Por qué lo que pasa en EEUU debe importarle a la periferia? Porque por primera vez la política interna de ese país repercute con tanta virulencia en el mundo externo. Ni a rusos, iraníes, coreanos, cubanos, venezolanos, ni al resto del planeta les debe resbalar ser agredidos sin ninguna razón porque la élite gobernante de EEUU, para quedar bien entre sí, atacan al resto del mundo. Lo cierto es que mientras menos nos tomen en cuenta, mejor será para todos; eso fue lo que ofreció Trump y que no puede cumplir por el desbarajuste explicado.

El caso de los rusos es patético, sus gobernantes hacen todo lo posible para terminar con el terrorismo, para evitar una nueva guerra en Corea y para resolver otros temas importantes; sin embargo, las sanciones en su contra van y vienen sin que nadie las detenga. Bueno sería conocer qué hubiera pasado si en lugar de actuar así hubieran dicho: ¿ Y qué, acaso no han intervenido ustedes en todas nuestras elecciones? Con la misma vara que mides serás medido. Lo que hubiera pasado no lo sabremos nunca, porque si actuando con la diplomacia que los caracteriza se han visto obligados a mostrar sus músculos, ¿ adónde hubiésemos arribado si Rusia fuera tan intolerante y prepotente y usara las reglas de juego que usan los Estados Unidos, a los que le importa un pepino la opinión de los demás, hacen lo que piensan que debe hacerse, empleando el cinismo a manos llenas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.