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El desastre presidencial

México: Termina la pesadilla foxista

Fuentes: Rebelión

Finalmente la pesadilla foxista llega a su término. El líder del cambio se ha convertido en el burócrata de la inmovilidad. Fox ha sucumbido ante sus promesas de campaña. Habló demasiado, prometió mucho, quiso entregar el paraíso en la tierra y solamente ha logrado prolongar las condiciones de miseria y penuria en las que vive […]

Finalmente la pesadilla foxista llega a su término. El líder del cambio se ha convertido en el burócrata de la inmovilidad. Fox ha sucumbido ante sus promesas de campaña. Habló demasiado, prometió mucho, quiso entregar el paraíso en la tierra y solamente ha logrado prolongar las condiciones de miseria y penuria en las que vive la mitad de la población mexicana. Desde los «quince minutos para resolver el asunto de Chiapas», hasta la «creación del millón de empleos» y el crecimiento económico prometido del siete por ciento han sido estruendosas frustraciones y retumbantes fracasos. Todos coinciden en afirmar que el foxismo es un naufragio colosal.

Los quebrantos de Fox exceden los aciertos. Su principal torpeza ha sido la conducción de la política económica que ha aumentado el desempleo. Fox intentó un proyecto de reforma de la industria energética que conduciría a la privatización de las fuentes de electricidad, entregando a los amos extranjeros el control de una de las principales riquezas nacionales. El factor principal de la dependencia consiste en la deuda externa, en los vínculos establecidos por el TLC, en la atadura de los organismos financieros al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Existe una nueva corriente en Latinoamérica que busca soluciones a los problemas del hambre, el desempleo, la insalubridad y el analfabetismo. Hay otros que solamente ven el libre mercado y las prerrogativas empresariales como las únicas señales de adelanto. En este grupo se encuentra Fox. En Mar del Plata enseñó su naturaleza de mercader afiliado al juego de la oferta y la demanda al defender el ALCA. Fox logró enemistarse con dos de los países más poderosos del continente Argentina y Venezuela en pocas horas de soberbia, cólera irreflexiva y sometimiento borreguil. También se enfrentó cerrilmente a Chávez y a Evo.

Es evidente que los modales toscos del ranchero bronco no se avienen con las sutilezas de la diplomacia. Tampoco ayuda la mentalidad satélite de un ex gerente de la Cocacola acostumbrado a consultar y obedecer a los amos del norte. Afortunadamente México no es Fox. Una cosa es el desgobierno que padece el país y otra el conjunto de las tradiciones, historia y cultura que constituyen esta gran nación.

Todas las cancillerías de nuestro continente miraban a su hermana mayor mexicana como un ejemplo de dignidad y decoro en el manejo de sus relaciones exteriores. Su adhesión a los principios del respeto a la autodeterminación y soberanía de los pueblos le proporcionaban un inmenso crédito. Cuando Estados Unidos ordenó a los países latinoamericanos que rompieran relaciones con Cuba para castigar su autonomía de los mandatos del imperio, México fue el único país que tuvo el temple de negarse a acatar la imposición y mantuvo sus nexos con la isla. Todo ese caudal de estimación y de respeto enaltecido fue dilapidado por el gobierno de Vicente Fox en apenas seis años.

Desde que se votó contra Cuba en Ginebra, quebrando una noble tradición de la cancillería mexicana, se vio que el régimen de Fox venía decidido a doblegarse y servir de fámulo diligente del gobierno en Washington. De ahí surgió la invitación condicionada al líder cubano Fidel Castro: «¡Come y te vas!»

Jorge Castañeda caracterizó su gestión por una animadversión fanática contra la revolución cubana, obviamente con la anuencia de Fox. Castañeda inauguró en Miami, sede de los más recalcitrantes y vengativos contrarrevolucionarios isleños, un instituto cultural mexicano sin que nadie haya podido explicar por qué allí, donde la colonia mexicana no es numerosa y no en Los Ángeles o en Chicago donde la presencia mexicana sí es muy sólida. En el ambiguo discurso que pronunció en esa ocasión deslizó párrafos que dieron lugar al penoso incidente diplomático provocado por la embestida de un autobús, tripulado por marginales, contra la sede diplomática mexicana. Lo que está detrás de la reapertura del Hotel Sheraton, sancionado por su actitud imperial y despótica, es la dolorosa y deplorable sumisión del gobierno de Fox ante el régimen de Bush.

A ello se suma la humillación del Presidente de la República ante el Papa Wojtyla, con lo cual se borró con una genuflexión reverente doscientos años de luchas civiles del pueblo mexicano. El estado laico estalló en pedazos ante la pública admisión de fe de un Mandatario que antepuso su credo personal a los principios de la patria.

Otra de las frustraciones del foxismo es la falta de un acuerdo migratorio integral con Estados Unidos. Tras el susto del 11 de septiembre, se produjo una invasión de agentes del FBI hacia ese país, sin notificar debidamente a las autoridades nacionales de esta ocupación clandestina, según informó oportunamente el periodista Raimundo Riva Palacio. Esta administración ha declinado en un desgobierno, que ni siquiera ha sido capaz de controlar las guerras entre pandillas de narcotraficantes que ya alcanzan la categoría de gran conflagración.

También se trató de imponer una reforma educacional que pondría de nuevo en manos del clero católico la formación de las mentes infantiles, moldeando un México futuro muy distinto al que hemos conocido desde que Juárez rasgó los velos de la superstición y abolió el control eclesial. De ello ya hemos tuvimos una muestra con la omisión, en la lista de libros distribuidos en las escuelas, de eminentes pensadores y literatos que han contribuido a la formación del patrimonio cultural de este país. Selección realizada con un criterio parroquial, tradicionalista y pacato. Esta ofensiva del conservadurismo, fue visible en los esfuerzos realizados por censurar el film «Los crímenes del padre Amaro», que trata de los devaneos sexuales de un sacerdote.

El día que Fox ocupó su oficina en Los Pinos, en diciembre de 2000, comenzó a ganar 157 mil 41 pesos al mes, de acuerdo con documentos oficiales. La cantidad era equivalente a 196 mil 800 dólares al año, apenas inferior al salario del ex presidente Bill Clinton, quien durante los ocho años que ocupó la Presidencia tuvo un sueldo de 200 mil dólares por año.

A pesar de que el sueldo presidencial era alto, Fox se aumentó su remuneración a partir de mayo del 2001. El Presidente, desde entonces, gana 306 mil dólares anuales. No obstante, eso no le impidió comprar toallas y cortinas a sobreprecio para la mansión presidencial. Los suntuosos viajes de la familia presidencial, el papel desmedido y exuberante de la consorte presidencial, los manejos turbios de los hermanos Bribiesca, el derroche en vestuario y festejos han hecho de esta administración un caso lamentable de defraudación de la confianza depositada por un pueblo en un dirigente.

Afortunadamente, el próximo dos de julio se abre una posibilidad ante el pueblo mexicano de escapar de tanto deshonor acumulado, de tantos acatamientos y humillaciones y recuperar sus prestigiosas tradiciones de orgullo nacionalista, de emancipación y libre albedrío, liberándose del yugo que ha padecido en los últimos seis años.

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