Recomiendo:
0

¿Quiénes son los criminales de guerra?

Mladic y la justicia internacional: Época de engaños

Fuentes: Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El juicio en curso contra Mladic en La Haya nos recuerda que la justicia es un asunto complicado aunque sus motivaciones puedan ser sencillas. La pasada semana se arrestó a Ratko Mladic, el fugitivo más buscado por el Tribunal Internacional para la Ex Yugoslavia (ICTY, por sus siglas en inglés), tras dieciséis años fugado. Como antiguo comandante del ejército de la República de Srspska desde 1992 a 1996, el ICTY y el juez Richard Golstone le acusaron tras la captura de Srebrenica, en julio de 1995, de genocidio, crímenes contra la humanidad y violaciones de las leyes y las prácticas de la guerra entre 1992-1995 en Bosnia y Herzegovina. La misma acusación recayó sobre Radovan Karadzic, presidente de la República de Srpska y comandante supremo de Mladic.

A partir de mayo de 1992, las fuerzas bosnias bajo el mando de Mladic tomaron el control de la autoproclamada República serbia de Bosnia y Herzegovina (desde entonces llamada República Srpska). Miles de musulmanes huyeron a los territorios que estaban bajo el control del gobierno de Bosnia y Herzegovina, incluidas Srebrenica y Sarajevo, y en 1995, tras los ataques contra esas zonas, murieron 8.000 bosnios, en su mayoría musulmanes.

El ICTY ha juzgado a otros serbios, incluido el adjunto de Mladic, Radislav Krstic (sentenciado en 2001 a cuarenta y seis años de prisión reducidos posteriormente a treinta y cinco), Biljana Plavsic (sentenciado en 2001 a once años), el ex Presidente Slobodan Milosevic (que murió durante su juicio en 2006) y Momcilo Krajisnik (sentenciado en 2008 a veinte años). Karadzic fue finalmente arrestado en Belgrado en 2008. Su juicio comenzó en 2009, pero se niega a reconocer la jurisdicción del tribunal y a declarar, afirmando que hay una conspiración en contra suya.

Los crímenes se cometieron en la época del desmembramiento de Yugoslavia, como ocurre siempre en una guerra civil. Aunque los Mladics fueron los peones del juego geopolítico en los Balcanes, los actores principales se albergaban en las capitales europeas y en Washington. La autodefensa de Milosevic fue algo legendario; Karadzic declaró por su parte que el ICTY era un «tribunal de la OTAN» disfrazado de tribunal de la comunidad internacional.

Incluso ignorando la crítica de que estos juicios son en efecto una serie de procesos propagandísticos de los vencedores, si el ICTY fuera realmente imparcial, podrían presentarse acusaciones similares a las formuladas contra Mladic y Karadzic, palabra por palabra, contra el presidente estadounidense George W. Bush por «violación de las leyes y las prácticas de la guerra» por haber emprendido una guerra ilegal contra Iraq. Mohamed El Baradei ha hecho precisamente tal cosa, tanto en sus memorias: «The Age of Deception: Nuclear Diplomacy in Treacherous Times» [La época de los engaños: diplomacia nuclear en tiempos de traición] como en la televisión estadounidense, donde valientemente planteó que habría que someter a investigación criminal a los funcionarios de la administración Bush por la «vergüenza de una guerra innecesaria» en Iraq.

Y al igual que se va a procesar a Mladic por limpieza étnica y asesinato «por motivos políticos, raciales y religiosos», lo mismo habría que hacer con toda la elite política de Israel de las últimas seis décadas, por flagrante limpieza étnica «por motivos políticos, raciales y religiosos». Muchos europeos e incluso algunos estadounidenses han intentado hacerlo presentando en los últimos años diversas demandas civiles contra varios políticos y oficiales del ejército israelíes y estadounidenses. Bush, por ejemplo, no ha puesto un pie en Europa ni para promover las ventas de su propio libro de memorias «Decisión Points«.

No existe ningún Tribunal Internacional para Estados Unidos y/o Israel, y muy pocas probabilidades de que una cosa así acontezca. Acerca de la posibilidad de que pudiera juzgarse por crímenes de guerra al ex primer ministro británico Tony Blair, Hans Blix, que encabezó el equipo de inspección de las Naciones Unidas para investigar las supuestas armas de destrucción masiva utilizadas en Iraq, alegó: «Bien, sí, puede que sí. Pero no es muy probable que ocurra». Estuvo testificando sobre la ilegalidad de la guerra ante la investigación que el pasado año se llevó a cabo en Gran Bretaña sobre la guerra de Iraq pero todo fue en vano. Los intentos de imputar a Bush fueron igual y sencillamente ignorados por el Congreso.

Sin embargo, los arrestos de ciudadanos y medidas legales promovidas por palestinos, iraquíes y occidentales en los tribunales europeos proseguirán, al menos hasta que las fuerzas sionistas en Europa consigan triunfar y hacer que se aprueben legislaciones que protejan a los criminales, como se está intentado hacer en estos momentos en el Reino Unido. [*]

Las fuerzas de Mladic «atraparon y retuvieron como rehenes a unos 200 miembros del equipo de las Naciones Unidas… para impedir nuevos ataques aéreos sobre las zonas donde se encontraban», señala el auto de procesamiento. Pero, ¿qué hay de las docenas de fuerzas de la paz de las Naciones Unidas que Israel atacó y mató desde que las primeras fuerzas por la paz se precipitaron a intentar apagar todos los fuegos que Israel ha venido encendiendo desde 1948? Cuando invadieron Egipto en 1967, los bombarderos israelíes mataron a 14 cascos azules de las Naciones Unidas allí atrapados sin consecuencia legal alguna. «Algunos de los rehenes fueron atacados y maltratados durante su cautividad», afirma el proceso contra Mladic. Estoy seguro que los fantasmas de aquellos cascos azules en Egipto hubieran preferido también que sólo les hubieran maltratado.

¿Cómo sonaría una acusación similar contra EEUU e Israel? El Baradei estimó que a causa de la invasión han muerto innecesariamente cientos de miles de iraquíes. Israel ha limpiado étnicamente a cientos de miles de palestinos, asesinado a decenas de miles, encarcelado y torturado a más decenas de miles como prisioneros políticos. Los crímenes de Mladic palidecen en la comparación.

El ICTY fue un tribunal especial creado en 1993 por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en recuerdo del tribunal de Nuremberg que tras la II Guerra Mundial juzgó a los criminales de guerra nazis. Funciona conjuntamente con la Corte Penal Internacional, una corte mundial que se intentó crear ya en 1919 pero que sólo pudo ratificarse en 2002, tras el final de la Guerra Fría. Desde entonces, la CPI es el órgano que investiga los crímenes contra la humanidad o las guerras ilegales a solicitud de tribunales locales.

Dada la imposibilidad de que EEUU e Israel se enfrenten a sus crímenes, la CPI sería por tanto la entidad adecuada para procesar a estadounidenses e israelíes, pero ambos países han rechazado su jurisdicción, a diferencia de toda Sudamérica, media África, toda Europa e incluso la Autoridad Nacional Palestina.

EEUU ha chantajeado y acosado a todos los países para que firmen los denominados «acuerdos del artículo 98», que supuestamente proporcionan inmunidad a los ciudadanos estadounidenses que se encuentren en aquellos países donde puedan ser acusados ante la CPI. En 2003, EEUU cortó la ayuda militar a 35 países agraviados (entre ellos nueve países europeos). En 2005, Angola se convirtió en el país número cien en ceder ante las presiones estadounidenses. Amnistía Internacional y el Servicio Jurídico de la Comisión Europea postulan que esos acuerdos no tienen validez, aunque nadie se ha atrevido aún a intentar probar esa afirmación.

Hasta ahora, el Club Internacional de Cricket (discúlpenme, la Corte Penal Internacional) [**], ha emprendido seis investigaciones, todas ellas en África, la más reciente en Libia, o lo que queda de ella tras más de dos meses de bombardeos de la OTAN. Mientras los países de la OTAN, dirigidos por Francia y Gran Bretaña, siguen adelante con una guerra claramente ilegal contra Libia, la CPI, de forma estrambótica, no les acusa a ellos sino al dirigente libio Muamar Gadafi y su hijo Saif Al-Islam de crímenes contra la humanidad. Esto, a pesar de la íntima relación de que disfrutaron Gran Bretaña, Francia y los desventurados Gadafis hasta hace pocos meses. La CPI sirve de perro guardián del imperio, que no de su conciencia y menos aún de la conciencia del mundo.

En cuanto a Iraq, aunque bien pudiera fácilmente estar refiriéndose a la destrucción de Yugoslavia o Palestina, El Baradei se pregunta: «¿Tenemos acaso, como comunidad de naciones, la sabiduría y el coraje necesarios para asegurar que nunca jamás vuelva a suceder una tragedia así?». Por desgracia, la respuesta es no. De nuevo bajo los auspicios de las Naciones Unidas, el juez Goldstone trató de llevar a Israel ante la justicia tras su invasión de Gaza en el invierno de 2008-2009, pero terminó corriendo a ponerse a buen recaudo tras otra ilegal guerra estadounidense-israelí -esta época de palabras…- contra un supuesto «judío que se odia a sí mismo».

N. de la T.:

[*] También España ha sufrido presiones de EEUU e Israel para limitar el principio de jurisdicción universal. Véase al respecto:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=85692

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126499 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126547

[**] El autor juega con las siglas en inglés, ICC, que son las mismas para el Club Internacional de Cricket que para la Corte Penal Internacional.

Eric Walbert escribe habitualmente para Al-Ahram Weekly, http://weekly.ahram.org.eg/ y es asimismo colaborador de Global Research. Puede contactarse con él en: http://ericwalberg.com. Pueden solicitar su libro «Postmodern Imperialism: Geopolitics and the Great Games» en: http://claritypress.com/Walberg.html

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=25087