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Ofensiva estratégica de la guerrilla e implicación de India en apoyo al rey

Nepal: la guerra revolucionaria coge fuerza

Fuentes: Rebelión

La guerra popular que se libra en Nepal por el derrocamiento de la monarquía no cuenta con el entusiástico seguimiento que tienen otros procesos, no de corte revolucionario, en diferentes partes del mundo. Y, sin embargo, Nepal se puede convertir en un referente geoestratégico de primera magnitud si el desarrollo de la ofensiva revolucionaria que […]

La guerra popular que se libra en Nepal por el derrocamiento de la monarquía no cuenta con el entusiástico seguimiento que tienen otros procesos, no de corte revolucionario, en diferentes partes del mundo. Y, sin embargo, Nepal se puede convertir en un referente geoestratégico de primera magnitud si el desarrollo de la ofensiva revolucionaria que se está produciendo en estos momentos tiene éxito, puesto que implicaría un contagioso proceso en varios de los principales estados de India y en zonas de China, al tiempo que debilitaría significativamente los intereses estadounidenses y británicos en esa zona de Asia.

Desde el inicio de esta nueva ofensiva, en el mes de marzo, se han producido cruentos combates (con un saldo de 655 muertos en tres meses entre soldados, guerrilleros y población civil, según el Centro Asiático de Derechos Humanos), ataques contra puestos policiales y del ejército monárquico e instalaciones gubernamentales en los distritos de Kaski, Chitawan, Rupandehi, Nawalparasi, Bardia, Banke, Dang, Kailali, Jhapa, Morang, Ilam Rautahat, Janakpur, Okhaldhunga y Ramechhap Sindhupalchok, es decir, la práctica totalidad del territorio nepalí; la guerrilla maoísta del Ejército Popular de Liberación ha tomado poblaciones como Charikot, centro administrativo del distrito de Dolakha, al noroeste de Katmandú, y ha logrado bloquear la capital con un paro de 11 días que tuvo lugar en el mes de abril (el tráfico de entrada y salida de Katmandú disminuyó a menos del 10% de lo habitual, con el consiguiente aumento de los productos de bienes de primera necesidad). Ello, sumado al deterioro de la economía -cuyo exponente más claro es el descenso del turismo en un 40%-, ha obligado al rey Gyanendra a levantar el estado de emergencia (30 de abril), poner en libertad a los líderes de los partidos burgueses a quienes había encarcelado tras el golpe de Estado, principalmente del Partido del Congreso de Nepal (CN) y del Partido Comunista de Nepal-Unificado Marxista Leninista (16 de mayo), con la finalidad de buscar su apoyo frente al avance de la guerra popular, y restablecer las deterioradas alianzas con países vecinos y potencias imperialistas como consecuencia del golpe de Estado.

La ofensiva estratégica de la guerrilla ha puesto a la monarquía militarmente contra las cuerdas, pero demuestra aún una debilidad: pese a que las principales proclamas no van más allá del derrocamiento de la monarquía y la creación de una Asamblea Constituyente, es decir, no se habla aún de forma abierta de la toma del poder ni de un modelo de Estado socialista, los partidos burgueses que critican a la monarquía (como el CN y el PCN-UML) no han seguido el llamamiento del Partido Comunista de Nepal (maoísta), organización que impulsa la guerra revolucionaria, de construir un consenso que permita la elaboración de un plan efectivo y coordinado para que la consigna de una «República Popular Pluripartidista de Nueva Democracia» sea real. En este sentido, resulta sorprendente que sean los autodenominados «marxista-leninistas unificados» quienes aboguen con mayor fuerza por negociar con la monarquía la salida a la situación a cambio de restaurar las libertades civiles y levantar la férrea censura impuesta. Tanto el CD como el PCN-UML han realizado pronunciamientos favorables a un «cambio político» mediante «vías pacíficas», pero en ningún momento se han referido al derrocamiento de la monarquía, institución arcaica y obsoleta, como condición imprescindible para ese estado democrático que reclaman.

La intervención de India

En este contexto, los países que inicialmente se habían abstenido de intervenir en la guerra nepalí argumentando que era un asunto interno o habían criticado al rey por haber violado los derechos democráticos están ahora tomando partido claramente por la monarquía. EEUU habla de reanudar la ayuda militar prometida antes del golpe de Estado (20 millones de dólares) con la finalidad de impedir el triunfo militar de los maoístas, a quienes ha incluido en su lista de «organizaciones terroristas». Gran Bretaña mantiene una posición similar. China se ha desmarcado de la guerrilla argumentando que la guerra popular va a provocar un aumento de la presencia militar estadounidense en Nepal, algo que le disgusta en extremo puesto que ya hay tropas en Afganistán y son excelentes las relaciones de Bush con el Pakistán de Musarraf. Rusia considera que «ya es hora de que la comunidad internacional apoye a la lucha del gobierno nepalés contra el terrorismo», según Valery Nazarov, enviado de Putin a Nepal.

Pero quien está desempeñando un papel esencial en el apoyo a la monarquía y en la contención de la guerrilla es India, quien ve amenazados sus intereses estratégicos en esa zona del mundo, económicos (mantiene con Nepal un tratado comercial muy ventajoso, renovado en 2002) y observa con notable inquietud la influencia que los maoístas nepalíes tienen entre sus camaradas hindúes, especialmente en los estados de Andhra Pradesh, Madhya Pradesh, Orissa, Maharashtra y Bihar. Aquí actúan los maoístas -conocidos como naxalitas, denominación que surge del poblado de Naxalbari, perteneciente a Bangla Desh, donde tuvieron lugar las primeras acciones armadas de una organización denominada Grupo Guerrero del Pueblo, brazo armado del Partido Comunista de India (marxista-leninista), que con la consigna de una reforma radical de la propiedad de la tierra mantiene en jaque al estado indio en Andhra Pradesh y Bihar, sobre todo, con sus constantes ataques contra autoridades, policías, políticos y objetivos estratégicos económicos e industriales.

Bihar es fronterizo con Nepal y desde ese estado el ejército indio ya ha intervenido militarmente contra la guerrilla del Ejército Popular de Liberación en una operación conjunta con las fuerzas reales nepalíes, que causó un duro golpe al EPL puesto que logró la desarticulación de un frente con 200 combatientes, 32 de los cuales resultaron muertos en los combates.

El rey Gyanendra ha sido muy hábil atizando el miedo al triunfo revolucionario. En una cumbre celebrada en Bandung a finales del mes de abril, a la que asistieron India, Pakistán, Bangla Desh, Sri Lanka, Maldivas y Bután dijo que «la amenaza del terrorismo en Nepal es una realidad, pero no se limita exclusivamente a nuestro país, sino que es también una amenaza a la paz y estabilidad de la región del sur de Asia y más allá».

Desde entonces, India ha decidido intervenir de forma más activa en la guerra nepalí, tanto militar como políticamente: ejerce su influencia entre los partidos de la oposición a la monarquía, los ya mencionados CN y PCN-UML, buscando «un gobierno de coalición», al tiempo que pretende provocar una escisión dentro del Partido Comunista de Nepal (maoísta) que debilite a la organización y acuda en peores condiciones políticas y militares a una mesa de negociación que ponga fin a la guerra.

No se descarta que, a medio plazo, y a medida que la ofensiva estratégica maoísta vaya ganando terreno, India impulse un debate en el Consejo de Seguridad de la ONU para el envío de cascos azules, lógicamente bajo su mandato. Este tema ya podría haberse abordado en la conversación que el secretario general de la ONU, Kofi Annan, mantuvo en Nueva Delhi con el primer ministro indio, Manmohan Singh, y el ministro de Asuntos Exteriores, Natwar Singh.

El PCN (m) tiene un fuerte predicamento entre formaciones hermanas de esa zona del sur de Asia, con quienes comparte el Comité de Coordinación de los Partidos y Organizaciones Maoístas de Asia del Sur. Dependerá de cómo desarrolle esta fase de la ofensiva estratégica que está en marcha en la guerra, y de la firmeza estratégica y flexibilidad táctica que muestre en las relaciones diplomáticas con los países vecinos para que la guerra revolucionaria termine con la toma del poder.