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Obama dicta cátedra en Vietnam y se olvida…

Fuentes: Rebelión

Hay veces que hasta los más sagaces empresarios pierden una oportunidad. Con más razón, tal vez, sufren tales percances los políticos. Ocupados, atareados, transportados entre honores, cenas de ídem, firmas de sentencias de muerte, atención a lobbystas, a presidentes de enormes emporios planetarios como es el caso del sr. Barack Obama, se le puede escapar algún […]

Hay veces que hasta los más sagaces empresarios pierden una oportunidad. Con más razón, tal vez, sufren tales percances los políticos.

Ocupados, atareados, transportados entre honores, cenas de ídem, firmas de sentencias de muerte, atención a lobbystas, a presidentes de enormes emporios planetarios como es el caso del sr. Barack Obama, se le puede escapar algún detalle.

A él y a la cohorte de asesores, secretarios, analistas, ayudantes, colaboradores, guardias, personal de atención personalizada, de conserjería, de desplazamientos, esposa, hijas.

Es la única explicación para que dicho presidente, en sus múltiples tareas desplazándose hasta Vietnam para su labor docente no haya reparado en el detalle.

EE. UU. ya había ayudado a Vietnam en el pasado. La trabajosa colaboración de EE.UU. con Vietnam se hizo sentir. Se estimaron dos millones de seres humanos, vietnamitas, muertos gracias a la ayuda. La herencia no fue menos fatigosa: Vietnam estuvo, no sabemos si siguen estando, al tope de la lista de nacimientos con malformaciones congénitas, producidas por los contaminantes que generosamente regó EE.UU. en el territorio vietnamita.

Finalmente, y con cierta premura debió abandonar la colaboración con Vietnam entonces retirándose, con aquellos helicópteros que debían cubrir el recorrido entre Saigón y vaya a saber dónde… tal vez la plataforma de algún buque con estrellas y franjas.

Pero volvamos al presente y a los encuentros que tuvo ahora, mayo de 2016, en Vietnam, con disidentes y con jóvenes no-disidentes.

Les explicó la importancia de seguir valores universales que al parecer Obama considera que EE.UU. sigue (encarna, representa, etcétera); explicó además, con lógica acrobática que «las naciones grandes no deberían acosar a las más pequeñas«, y una vez más, por humildad, evitó poner ejemplos, aunque el giro de la charla llevara a pensar en China, no en EE.UU., claro.

Y bien, todo eso nuestro maestro de ceremonias lo ha hecho admirablemente.

Pero entiendo que se perdió una oportunidad extraordinaria, que tendría que valerle un minus-track en cualquier empresa que se precie de tal: el presidente olvidó al hacer tan inteligentes alusiones, de exhibir una referencia, no ostentosa sino moderada, acorde con el nivel del encuentro y de los actores en juego, algo como un pequeño aviso de propaganda en la espalda del defoliante «2-4-5-D» o del «Agente Naranja»… o al menos un botón de Monsanto en la solapa del saco del traje.

Lo cual habría revelado que nuestro presi está en todo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.