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Rusia denuncia que «espías extranjeros» se infiltran a través de las ONG

Fuentes: IAR

El jefe del servicio de inteligencia extranjera de Rusia, Sergei Lebedev, señaló el jueves que espías extranjeros están usando a las ONG como frente para encubrir sus actividades. Lebedev dijo que era necesario imponer una mayor regulación al sector de las ONG para resguardar la seguridad del Estado. Los comentarios se producen en momentos en […]

El jefe del servicio de inteligencia extranjera de Rusia, Sergei Lebedev, señaló el jueves que espías extranjeros están usando a las ONG como frente para encubrir sus actividades.

Lebedev dijo que era necesario imponer una mayor regulación al sector de las ONG para resguardar la seguridad del Estado.

Los comentarios se producen en momentos en que el parlamento ruso, la Duma, se prepara para debatir un proyecto de ley que aumentaría el control estatal sobre los organismos no gubernamentales.

El proyecto de ley ha sido duramente criticado en distintas partes el mundo, y unas 1.300 ONG publicaron una declaración advirtiendo que apunta particularmente contra las organizaciones de derechos humanos.

Los propulsores del proyecto afirman que busca prevenir el lavado de dinero.

Por su parte el presidente ruso, Vladimir Putin, ha dicho que su país no tolerará a las ONG políticamente activas que reciben dinero del exterior.

Según la corresponsal de la BBC en Moscú, el gobierno ruso teme que estas organizaciones ayuden a fomentar una revolución semejante a la que ocurrió en Ucrania el año pasado.

La secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, expresó su preocupación por el tema durante su visita a Ucrania el miércoles.

El contraespionaje ruso frustró este año la actividad de 20 espías extranjeros profesionales y de 65 personas vinculadas con los servicios secretos de otros países.

Así lo reveló el director del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB, ex KGB), Nikolái Pátrushev, al denunciar en una entrevista a la agencia Interfax «la creciente actividad de los servicios de espionaje extranjeros» en Rusia.

Pátrushev dijo que tres de los 20 espías extranjeros descubiertos por sus agentes fueron capturados «in fraganti», y que entre las 65 personas implicadas en actividades ilícitas para los servicios de inteligencia de otros países figuran cuatro ciudadanos rusos.

«Aunque los órganos de seguridad dedican ingentes esfuerzos al combate contra el terrorismo internacional, la lucha contra la actividad de los servicios de espionaje extranjeros sigue siendo una de nuestras tareas prioritarias», señaló del director del FSB.

El marco de disputa de Estados Unidos y Rusia por áreas de influencia en los ex enclaves soviéticos vincula las recientes revueltas en Kirguizistán y Uzbekistán con los últimos cambios políticos en Georgia, Ucrania y Moldavia.

La guerra por el control del petróleo en la región, los intereses que subyacen detrás de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y Estados Unidos por áreas de influencia, son factores esenciales que cuentan en las «revueltas populares» que hasta ahora -salvo Uzbekistán- han terminado con gobiernos pro-Washington en la región.

En junio pasado, en una exposición ante el parlamento, Pátrushev afirmó que el servicio secreto ruso dispone de los datos que confirman que algunas organizaciones extranjeras no gubernamentales están preparando nuevas «revoluciones de terciopelo» en el espacio postsoviético.

Entre las organizaciones no gubernamentales a las que utilizan los servicios secretos «extranjeros» mencionó el Cuerpo de Paz de EE UU, la Medialuna Roja saudí y algunas organizaciones de Kuwait.

«En Occidente determinadas fuerzas, agarrándose a los estereotipos de la «guerra fría», están promoviendo la política de estándares dobles respecto a Rusia en el intento de debilitar sus posiciones en el espacio de la antigua URSS», afirmó Patrushev y agregó que lo confirman los sucesos en Ucrania, Georgia y en otros países.

En opinión de expertos occidentales y rusos las llamadas «revoluciones de terciopelo» de Georgia, Kirguistán y Ucrania no fueron tales sino movimientos golpistas «democráticos» orientados a sustituir gobiernos fieles a Moscú por otros que respondieran a los intereses de Washington.

Con políticos que responden incondicionalmente a las directrices de la Casa Blanca, como es el caso de Viktor Yushchenco en Ucrania, cuya campaña fue organizada y financiada por el Departamento de Estado, a través de su esposa, quien fuera secretaria de George Bush padre.