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¿Taiwán un protectorado USA?

Fuentes: Alainet

Joe Biden parece camino de convertir a la “isla rebelde” en una especie de protectorado de facto de los Estados Unidos.

Muchos taiwaneses acogieron con tristeza la derrota de Donald Trump en las elecciones estadounidenses. La desconfianza respecto al presidente electo Joe Biden era grande. Nadie como Trump se había implicado tanto en lustros recientes en el apoyo a Taipéi en su diferendo con Beijing. Pero hete aquí que Joe Biden parece camino de convertir a la “isla rebelde” en una especie de protectorado de facto de los Estados Unidos. En la Primera Orientación Estratégica de Seguridad Nacional Provisional de la nueva Administración se establece claramente que Estados Unidos apoya a Taiwán como “una democracia avanzada y un socio económico y de seguridad clave”. 

Hay algunos ejemplos reveladores muy recientes. De una parte, desde el pasado 20 de enero, los buques de guerra estadounidenses siguen transitando por el Estrecho. A ello hay que sumar la firma de un acuerdo para el patrullaje marítimo entre Taiwán y EEUU, un tema de alta sensibilidad como reconoció el viceministro de Defensa taiwanés Chang Che-ping. Probablemente, no será el último. La dirección va en la línea de anudar un poco más los vínculos en defensa, aunque por el momento EEUU no ofrece garantías férreas sino solo un compromiso de ayuda en la capacidad de autodefensa.  

En el orden diplomático, los gestos han abundado. Es llamativa, por ejemplo, la presencia del embajador de EEUU en Palaos, John Hennessey-Niland, en la comitiva del presidente de Palaos de visita en Taipéi. Se trata del primer embajador de EEUU en visitar la isla en más de 40 años. Otro tabú que salta por los aires. Otros embajadores USA en diferentes países han multiplicado los gestos de acercamiento a los diplomáticos taiwaneses en países que no reconocen la República de China.

Sin los aspavientos de su antecesor, el secretario de Estado Blinken reiteró el apoyo a Taiwán para que participe en organismos internacionales. Cuando el gobierno de Guyana anunció la cancelación del acuerdo de establecimiento de una Oficina de Taiwán en su territorio, Washington reaccionó aclarando que su apoyo a Taipéi es «sólido como una roca» y alentó a Guyana y Taiwán a continuar forjando su asociación bilateral. Por otra parte, ante la crisis con Paraguay por el suministro de vacunas, en medio de insinuaciones de un acercamiento a Beijing, Blinken habló con el presidente Mario Abdo Benítez, y pidió a Asunción que continúe cooperando con Taiwán y otros socios democráticos para combatir conjuntamente la epidemia.

Mientras la campana de protección en el ámbito de la seguridad y la diplomacia va adquiriendo consistencia con peculiar intensidad, las voces en EEUU a favor de una plena normalización de los vínculos van en aumento, incluyendo no solo la firma de un TLC bilateral sino incluso el reconocimiento diplomático. 

Por su parte, en Beijing se reacciona con la batería de respuestas al uso: condena y rechazo tanto de la “intromisión” de Washington como de la “colusión” con fuerzas extranjeras del gobernante PDP, recuerdo de los compromisos de Washington a propósito de la política de “una sola China”, y demostración de fuerza con el envío de aviones o buques a modo de gesticulación, por el momento sin consecuencias mayores. 

Esta dinámica refuerza la polarización y la confrontación, de interés para Taiwán y EEUU pero de escaso beneficio para lograr la anhelada reunificación. Los apoyos flaquean. El propio Kuomintang, en teoría más cercano a las tesis continentales, sigue mareando la perdiz. Beijing no felicitó a su actual líder, Johnny Chiang, tras su toma de posesión, lo que se interpreta como una señal de claro enfriamiento como también su afirmación de que “no tiene prisa por viajar a China continental para reunirse con el presidente Xi Jinping” o que “las propuestas de Beijing para que Taiwán acepte el régimen comunista no tienen mercado entre los taiwaneses”. Aunque el ex presidente Ma Ying-jeou llama a mantener la equidistancia, sus palabras parecen caer en saco roto. 

Mientras el conflicto avanza imparable hacia el enconamiento, las alertas se disparan. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, siglas en inglés) con sede en Nueva York ha enumerado un posible conflicto entre Estados Unidos y China por Taiwán como preocupación de primer nivel por primera vez en su Encuesta de Prioridades Preventivas. La posibilidad de «intensificar la presión política y económica de China contra Taiwán, conduciendo a una grave crisis con Estados Unidos», se clasificó como riesgo de Nivel 1 por primera vez. También en la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año, el presidente de esta organización, Wolfgang Ischinger, advirtió de que, en estos momentos, el lugar del mundo en el que más probablemente pueda producirse un conflicto bélico es Taiwán. 

Algunas voces de EEUU relevantes en lo militar, como el almirante John Aquilino, han asegurado que un ataque militar a Taiwán podría materializarse en esta década, y que no debería tomarse este riesgo o a la ligera. China podría invadir Taiwán en los próximos seis años, dijo también el almirante de la Armada estadounidense Philip Davidson, levantando ampollas en Beijing, quien acusó al comandante estadounidense de intentar «exagerar» la amenaza de una invasión para inflar el gasto en defensa de Washington. Y también de Taipéi, que ha decidido ya nuevas compras de armas a EEUU, incluida una versión mejorada de misiles Patriot. Desde Japón o Australia al QUAD (la Alianza Cuadrilateral de Seguridad), la atención a Taiwán ha subido enteros.  

En las sesiones parlamentarias chinas de marzo, Wu Qian, portavoz de la delegación del Ejército Popular de Liberación y de la fuerza de policía armada, aseveró que “nunca toleraremos que ninguna fuerza separatista a favor de la ‘independencia de Taiwán’ intente dividir a China. No renunciamos al uso de la fuerza, y nos reservamos la opción de tomar todas las medidas necesarias», señaló. Por su parte, el general chino jubilado Qiao Liang advertía el año pasado que un desenlace de estas características es un riesgo inaceptable que China no debería asumir por imprudente.   

También el ministro de Exteriores Wang Yi dijo esperar que la nueva administración de Estados Unidos haga una «clara salida» de la «peligrosa práctica» de su predecesor en relación con Taiwán. “Los dos lados del estrecho de Taiwán deben ser y con seguridad serán reunificados”, enfatizó, al tiempo que recordó a EEUU la necesidad de acatar el principio de una sola China y los tres comunicados conjuntos, advirtiendo que se trata de una “línea roja” que no se puede cruzar.  

Quizá con Trump, dada la trayectoria del líder republicano, China podía esperar una relativa suavización del problema ofreciendo alguna contrapartida en el ámbito comercial. Esa hipótesis parece totalmente descartable con Biden. En el actual contexto de agravamiento de las tensiones en torno a China y a medida que las políticas de confrontación se intensifican, la posibilidad de que un protectorado de facto se materialice va tomando forma. China lo ve venir. También que la relación con la isla se pone cuesta arriba. Un gran debate se abre. La renuncia no figura en la agenda.  

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.  

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/211705