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Terroristas ¿quiénes son los peores?

Fuentes: Rebelión

Los atentados del 22 de marzo en Bruselas (31 muertos y varias decenas de heridos) conmovieron a la población Belga y toda Europa. Es justa esa emoción, sobre todo cuando las víctimas son civiles y se ignora que esa acción terrorista hace parte de la dinámica de una guerra imperialista-neocolonial propiciada precisamente por las potencias […]

Los atentados del 22 de marzo en Bruselas (31 muertos y varias decenas de heridos) conmovieron a la población Belga y toda Europa. Es justa esa emoción, sobre todo cuando las víctimas son civiles y se ignora que esa acción terrorista hace parte de la dinámica de una guerra imperialista-neocolonial propiciada precisamente por las potencias occidentales. Sería más justo y más provechoso para la paz no solo en Europa, sino también en los países agredidos, si los ciudadanos de los países ricos toman conciencia de la gravedad de las guerras de extermino que sus gobiernos ejecutan fuera de sus fronteras.

No puede seguir cerrando los ojos ni ignorar que las guerras en las que están involucrados EE.UU, la Unión Europea, OTAN, Rusia y otros, no son por la paz ni de la democracia. Es para apoderarse del petróleo y otras riquezas de los países invadidos. La población europea, si quiere una paz justa, si quiere librarse del terrorismo en sus metros, en sus aeropuertos, tiene que luchar contra las guerras imperialistas. Para este objetivo tiene que distanciarse de sus clases políticas, de sus gobiernos, de los partidos de derecha, y de la izquierda domesticada. No puede seguir de espaldas frente a la grave situación mundial.

Es patético organizar marchas «contra el terror y el miedo», y la «paz» sin decir nada cuando el primer ministro Belga, Charles Michel, anuncia dos días después de los atentados que Bélgica «enviará próximamente cazas F-16 para bombardear posiciones del Estado Islámico» en Irak y Siria. O cuando los rusos hacen alarde de haber destruido una población controlada por el Estado Islámico. O cuando la prensa europea y la televisión dicen con orgullo y sadismo, que los aviones de guerra de la «coalición internacional contra Daesh» han destruido varios pueblos árabes-musulmanes. Es como si los muertos europeos tienen más valor que los muertos de los países invadidos. En Europa esta funcionado el viejo criterio colonial del siglo XV, cuando los pueblos que se defendían del colonizador europeo, no tenían derecho de enterrar a sus propios muertos. «tus muertos tienen derecho a plegarias, homenajes y flores, pero mis muertos insepultos solo tendrán mis lágrimas». (Testimonio de un indígena latinoamericano que hacia parte de la rebelión anticolonial en el siglo XVI)

Cualquier ataque en Europa por los grupos islámicos, Daesh o Al-Qaeda, es una consecuencia de los conflictos bélicos en Medio Oriente y África. Mientras estos conflictos provocados por occidente no lleguen a su fin las amenazas de atentados será latente. Bajo el concepto manipulador de defensa de los «los valores occidentales», se oculta el carácter de los atentados en Europa y su íntima relación con las guerras sangrientas que los países ricos imponen desde hace dos décadas a los países árabes-musulmanes. El atentado en Paris de 13 de noviembre 2015 y sus 137 víctimas civiles, así como el ataque kamikazi en Bélgica el 22 de marzo, hacen parte de esas guerras neocoloniales que comandan las potencias.

En evidencia nadie puede estar de acuerdo con el terrorismo que apunta a la población civil. Pero tampoco se puede ser cómplice de los gobiernos occidentales causantes directos de matanzas masivas de poblaciones enteras en Irak, Libia, Siria, Afganistán Sierra Central, Mali, etc. Cada ciudadano europeo que muere víctima de las bombas del Estado Islámico (EI) u otra facción radical, es una víctima a cuenta de sus propios gobiernos. Los dos grupos islámicos más radicales que ponen ahora bombas en la metrópolis capitalista, en sus inicios contaron para su crecimiento y entrenamiento con el apoyo de Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea.

Los terroristas occidentales

¿Quién es más sanguinario? Quienes atacan a la población civil en un aeropuerto y en el metro como ocurrió en Bruselas, o aquellos que arrojan bombas a hospitales, escuelas, mercados en los países de Medio Oriente y África. ¿quién es más terrorista?, los yihadistas de Daesh que se inmolaron para cumplir su objetivo militar de trasladar la guerra a occidente, o los propios dirigentes políticos de los países occidentales, que envían tropas, aviones, portaviones, para asesinar niños, mujeres, hombres, ancianos en Irak, Siria, Afganistán, Sierra Central, Mali, y otros países.

A cuenta del genocidio que cometen los países occidentales en Medio Oriente y África, hay que sumar 23 mil refugiados muertos entre el 2000 y el 2013 (Fuente ACNUR). Ellos perecieron intentando fugar de sus países incendiados y bombardeados por los ejércitos de los países ricos. Como informa el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en el 2015, fueron 137 mil refugiados que cruzaron el mediterráneo. Según ACNUR, para el 2014 la cifra total de refugiados e inmigrantes muertos o desaparecidos en el mar fue de 3.500 personas. Solo para el 2015 la situación es peor, y el balance de ACNUR, da una cifra de 3.735 refugiados muertos y desaparecidos, y de ellos más de 1200 fueron niños.

Solo en Siria, desde principios del 2011 hasta el 2015, suman más de 260.000 muertos (Fuente: (Médicos Sin Fronteras (MSF). En los 3 primeros años de esta guerra han sido asesinadas más de 80 mil mujeres y 11 mil son niños entre 2 y 12 años. Estos niños, dice Hana Salama (investigadora de Oxford Research Group (ORG) fueron muertos, «en sus hogares, en los mercados, en la escuela. (Estudio del Oxford Research Group (ORG), Noviembre 28, 2013).

En Irak desde que se inició la intervención occidental, comenzó para este país una etapa de calvario y tragedia. Así el 13 de febrero de 1991, bombarderos norteamericanos lanzaron por sorpresa bombas de más de novecientos kilogramos sobre un refugio que estaba situado en el barrio de al-Amiriya, en Bagdad, ahí murieron 400 niños». (Higinio Polo, Rebelión). Según la organización Just Foreign Policy desde el 2003 hasta 2010, «los muertos iraquíes a causa de la invasión occidental llegaba a la cifra de 1.455.590 civiles asesinados». Para la ONG norteamericana Physicians for Social Responsibility (PSR), desde el atentado del 11 de setiembre de 2001 hasta la actualidad, la cifra de muertos en Irak podría llegar a dos millones de personas. Esta misma organización, admite que solo en Afganistán se puede contar con 220 000 muertos y 80 000 en Pakistán, «víctimas directas o indirectas de la campaña militar encabezada por Estados Unidos», dice esta ONG.

En 2011 tanto Francia, Inglaterra, y otros países occidentales con la aprobación de la ONU hicieron estallar la «Revolución Libia», que hizo parte de la «primavera árabe» que se inició en diciembre del 2010 en Túnez. Las potencias llevaron la guerra a Libia y Gadafi fue asesinado. Resultado destrucción total de este país, y miles de muertos. En solo 8 meses de bombardeos y revuelta en Libia (febrero del 2011 a noviembre 2011) fueron muertas 30 mil personas. Esa cantidad de muertos, en promedio, no ha dejado de aumentar hasta el 2015, bajo el gobierno impuesto por occidente.

Otra de las causas dramáticas de las guerras imperialistas y el sistema neocolonial, es el desplazamiento forzado de la población civil. En el informe anual de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y Tendencias Globales, se señala que para finales del 2014 más de 59 millones de personas se han visto forzadas a huir de sus hogares. Esta institución señala que para este mismo año, cada 24 horas, «una media de 42.500 personas se convirtieron en refugiadas, solicitantes de asilo o desplazadas internas, lo que supone que la cifra se ha cuadruplicado en sólo cuatro años».

La persecución, la tortura, secuestro, violaciones de menores, y ejecuciones clandestinas es otra de causas de las actuales guerras imperialistas-neocoloniales. Hace algunos días, un informe de las Naciones Unidas (ONU) que se mantenía oculto, pero que finalmente fue difundido por Anders Kompass, un trabajador humanitario de la ONU, denuncio a los militares franceses estacionados en Centroáfrica. Estos soldados de la «paz y la democracia» sometían a decenas de niños y niñas entre 7 y 13 años a violaciones y aberraciones sexuales a cambio de dinero y alimentos». Las violaciones repetitivas en Medio Oriente y África, no es un método exclusivo de los soldados franceses. Lo mismo hacen los marines norteamericanos en Irak, Afganistán, y otros países invadido. Por ejemplo, en Irak el 2008, soldados de la 101 División Aerotransportada, violaron y asesinaron a la joven Abeer Qasim Hamza, de 14 años de edad. «Entraron a la vivienda de la familia Qasim. Metieron a los padres de Abeer y a su hija pequeña de siete años en una habitación contigua y uno de los hombres los mató. Después, tres de ellos se turnaron para violar a la niña, a quien la asesinato al final. El ejercito de EEUU echó la culpa a la insurgencia». (Viaje a la guerra, por Hernán Zin).

Manipulación y conciencia

En occidente, dice una publicación, «la opinión pública vive convencida de que el colonialismo es cosa del pasado, cree que sus Estados ya no practican las matanzas en masa». Desde épocas remotas de la humanidad, los muertos en las guerras de agresión tienen una doble interpretación. Para el agresor, los muertos civiles o militares del país invadido no tienen ningún valor. Valen menos que el estiércol que sirve para abonar la tierra robada. La población europea, manipulada por una prensa repetidora de las consignas dictadas desde los servicios de propaganda del Estado, se hace la desentendida de las carnicerías que cometen sus soldados en los países invadidos en Medio Oriente o África.

Si en promedio la consciencia y crítica social del común de los europeos es sumamente baja, con los nuevos métodos usados en le propaganda oficial después de los atentados, esa conciencia quedo en cero. Así por ejemplo, el gobierno de derecha y extrema derecha de Bélgica hizo flamear las banderas de la democracia y la libertad. Hasta los ministros neo nazis de este gobierno se presentaron como amantes de la paz y la democracia. Con la bendición del Estado y gobierno se organizan «marchas contra el miedo» y el terrorismo». Pero hasta ahora no hay una sola organización, ni de derecha ni de izquierda, ni pacifista, ni democrática, que asuma que la lucha contra el terrorismo islámico va unido a la lucha para detener la brutal carnicería en los países árabes-musulmanes.

El mismo espectáculo lamentable en Bélgica, y la misma hipocresía se repitió a nivel mundial. «Estamos ante una amenaza global que exige una respuesta global», dijo el «socialista» François Hollande. «Tenemos que permanecer juntos sin distinción de nacionalidad, raza o fe en la lucha contra el azote del terrorismo», anuncio Obama. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo: que el atentado en Bruselas, va » contra «nuestros valores y nuestra sociedad abierta». Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, y cómplice de los crímenes de las potencias mundiales, anuncio que Bélgica y Europa mantengan su respuesta al odio y la violencia con Derechos Humanos y democracia».

Hasta Vladímir Putin, mafioso y representante del imperialismo ruso, se subió al balcón para gritar y hacer un llamado para «estrechar la cooperación internacional y hacer frente al terrorismo internacional». Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, advirtió que la «cadena de ataques terroristas en París, ahora en Bruselas y los ataques diarios en Israel son una ofensiva contra nosotros. Los terroristas desean ver destrucción y acabar con nosotros. Y yo les digo que eso no pasará». El papa Francisco impertérrito en sus hipócritas oraciones, dijo, «la violencia ciega que causa tanto sufrimiento» y pidió a «Dios el don de la paz».

Para concluir hay que anotar, que la amenaza global no viene de los países de Medio Oriente ni del África, no es ni religiosa, ni atea, proviene exclusivamente del sistema imperialista mundial. De la voracidad sin límites del capitalismo y sus métodos brutales para asaltar y someter a los países pobres. La paz, no vendrá de las metrópolis imperialistas, ella será fruto de la lucha de los pueblos contra las potencias y sus lacayos locales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.