Cualquiera que haya sido puesto a prueba por su lealtad a la constitución en los años 70 y siguientes en la antigua República Federal y haya sido sospechoso de ser un «enemigo de la constitución» probablemente se acordará del «último Engels». Desear un orden económico y social diferente está permitido en la constitución; el derrocamiento violento del orden político no. Como joven de izquierda uno podía remitirse al «último Engels» para pasar como amigo de la constitución, aunque con opiniones radicales.