La psicóloga estadounidense denunció en ‘La mística de la feminidad’ que el estereotipo machista impuesto en los cincuenta las llevó a la autodestrucción. Al no poder realizarse profesionalmente, padecían el «problema que no tiene nombre», cuyos síntomas eran la ansiedad, el insomnio, el alcoholismo, el desmedido deseo sexual, la neurosis y el suicidio.