El verano de 2022 demuestra que la guerra en Ucrania no ha relegado a un segundo plano la tensión entre China y EE UU, sino todo lo contrario. Si a menudo esta tensión se considera, no sin razón, expresión de un combate entre imperialismos que compiten entre sí, también es fruto de las contradicciones de la hegemonía estadounidense sobre el capitalismo. Y de cierta ceguera de esta potencia.