Manuel Sacristán era mucho más que un filósofo marxista. Era uno de los raros teóricos aparecidos después de la segunda Guerra Mundial que consiguió encarnar el ‘marxismo abierto’ y romper con el dogmatismo y el talmudismo, únicamente dedicados a buscar eternamente citas de los clásicos para demostrar que no hay nada nuevo bajo el sol.
Ernest Mandel[1].