Hoy, la norteña provincia de Jujuy está en el centro del escenario social y político de la Argentina. Este hecho no es casual, ni está fuera de contexto. Son muchas las razones que lo alimentan.
Hoy, la norteña provincia de Jujuy está en el centro del escenario social y político de la Argentina. Este hecho no es casual, ni está fuera de contexto. Son muchas las razones que lo alimentan.
Por su contenido y su forma de elaboración, la investigación sobre la Masacre de Avellaneda es una rareza que oscila entre el documento histórico y el reflejo de una mística que marcó una época. A 20 años de su primera edición, recuperamos su historia y el contexto que le dio origen.
En estos días, una vez más, el Fondo Monetario Internacional (FMI) tendrá la oportunidad de hacer saber a los argentinos su acuerdo con aquella frase, acuñada por el expresidente Néstor Kirchner: ¡Los muertos no pagan!
El ejercicio colectivo contra el olvido atraviesa toda la vida de Argentina los últimos 40 años. Los centenares de juicios y condenas a los responsables de la última dictadura constituyen la fase jurídica de esa tarea.
«A más extractivismo, menos democracia», resume el sentir de territorios sacudidos por el modelo minero, petrolero, forestal y del agronegocio. Así como Jujuy estalló con movilizaciones y represión, otros pueblos son violentados cotidianamente y el progresismo —y sectores de DDHH— miran para otro lado. No hay grieta para el extractivismo y se impone con violencia.
El stand by inicial por U$S 50.000 millones, de los cuales solo U$S 15.000 millones iban a ser girados y el resto quedaría “con carácter precautorio”, fue ampliado apenas tres meses después a U$S 57.000 millones de pago efectivo. En setiembre de 2019 se suspendieron los desembolsos por incumplimiento de las metas pactadas.
La movilización popular jujeña puso en jaque el armado represivo que el poder real y la dirigencia política proyectan para el futuro cercano de nuestra sociedad.