En el año 2020, para estos días, parecía que el golpe de estado en Bolivia se consolidaba y que la historia volvía sin remedio a las catacumbas. El horror ganaba las calles y las instituciones veían a los buitres, construir los nidos para la rapiña y el saqueo de las arcas y los recursos obtenidos con aciertos en lo económico y en lo político durante catorce años.
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Dicen que el pez muere por la boca; todo indica que eso mismo está ocurriendo con Eva Copa, quien era la precandidata favorita para la Alcaldía de El Alto por el MAS.
Bolivia, en 1971, vivió un momento de insurrección: sus contradicciones sociales estallaron como la masa de un enfurecido volcán. En ese marco, los periodistas se pusieron a la “altura” de los acontecimientos. Relacionados con el movimiento obrero y popular, su conciencia alcanzó un elevado nivel. Y un hombre que condensó esa realidad fue Daniel Rodríguez, actor y cronista de la rebelión.
Las orientaciones y alcances de la democracia en América Latina, en los últimos cuarenta años, han estado en disputa entre las estrategias conservadoras vinculadas a la dominación externa y las populares que buscan la emancipación y la liberación de los pueblos y, en el caso boliviano, se advierte además la influencia de los países mas fuertes económica y políticamente de la región que establecen tendencias generales e influyen en los ciclos históricos.
La victoria del Movimiento al Socialismo (MAS) con más de 55% de los votos habilitó una serie de interpretaciones sobre lo que realmente ocurrió en Bolivia desde la caída de Evo Morales en noviembre de 2019. ¿Qué pasó entonces? ¿Qué explica el fracaso del «gobierno de transición» y, más en general, anti-MAS? ¿Por qué Luis Arce pudo ganar con un porcentaje tan alto?
Revelar los procedimientos del «golpe suave» en Bolivia resulta en una tarea imprescindible para los latinoamericanos, ahora que se avecina una nueva oleada progresista y el imperio, obviamente, hará lo posible por destruirla.
Después de una inesperada victoria con más del 55% de los votos, Luis Arce Catacora cumplió su primer mes en el palacio presidencial con la crisis económica como principal desafío. El nuevo mandatario constituyó un gabinete más «técnico» que los del pasado, aunque tiene que responder a las demandas y presiones las organizaciones sociales que son su base de apoyo, y convivir con Evo Morales, que aún debe encontrar su espacio como ex presidente y líder del Movimiento al Socialismo (MAS).
Hoy la derecha en nuestra región expresa un desprecio por lo democrático y recurre a los golpes de Estado parlamentarios (Honduras, Paraguay, Brasil), o los golpes militares (Venezuela, Bolivia).
A un mes de su asunción, el presidente boliviano Luis Arce ha logrado contener la caída económica con siete decretos que derogaron las medidas neoliberales y antipopulares del gobierno de facto y ha marcado la cancha al advertir que no habrá impunidad por los crímenes cometidos por la dictadura, entre ellos las masacres de Sacaba y Senkata