El encanto de un necrófilo, su verborrea encendida, su seguridad abismante, todo aquello puede hacer que los votantes se vuelquen en favor suyo porque, atemorizados como están, vacían sus angustias apoyando a quien les propone como única alternativa válida lo más sencillo: el uso de la fuerza. No debe extrañar que algunos de ellos accedan a las más altas magistraturas de una nación y determinen con su carácter el destino de la misma.