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Honduras

Crónica de un fiasco anunciado

Fuentes: Rebelión

«Cuando tomemos el poder» (2011)… «Nos han robado el triunfo» (Nov 2013)

Durante los últimos tres años, desde que el régimen actual se consolido a nivel nacional e internacional, la oligarquía hondureña paso a una ofensiva sin precedentes para destruir las conquistas del Pueblo hondureño, en particular, de su clase trabajadora. El derecho al trabajo permanente, el Estatuto del Docente, el salario mínimo, el derecho a la organización sindical, el derecho a la tierra, entre otras tantas, fueron derribadas una tras otra, sin hablar de la venta de nuestra soberanía nacional con la nefasta aprobación de las Ciudades modelo, el concesionamiento de nuestros ríos, nuestro petróleo, nuestros minerales, nuestras carreteras, la venta de nuestras empresas publicas más rentables y, lo peor de todo, el aniquilamiento de centenares de personas especialmente campesinos, periodistas y abogados, por el sencillo hecho de discrepar del actual orden de cosas, en el marco de una creciente militarización de la sociedad hondureña.

Aunque ante estas agresiones hubo la respuesta de valientes hondureños y hondureñas que decidieron salir a luchar para resistir de verdad, como el magisterio, los campesinos y campesinas del Bajo Aguan, los sindicalistas de base de las empresas públicas, el estudiantado, entre otros, sus luchas tuvieron la debilidad de que no pasaban de ser movimientos aislados, reactivos, en algunos casos con dirigencias cuestionadas, lo que permitió que los mencionados golpes gubernamentales, se consolidaran. Solo había una forma de detener la mano criminal del Estado burgués: unificar todos esos movimientos aislados en un solo torrente de solidaridad e ir recuperando en la lucha unitaria la desfavorable correlación de fuerzas ante el Estado opresor. No de otra forma se han levantado todos los pueblos del mundo que han sufrido similares escenarios. Para ello, el pueblo contaba con un instrumento construido en las calles, que era el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) mismo que lidero las heroicas jornadas de resistencia en los primeros seis meses del Golpe de Estado, y que encarnaba un proyecto político anti capitalista.

Sin embargo, la dirigencia del FNRP, bajo el liderazgo de su Coordinador General, Manuel Zelaya, desarrollo en estos últimos tres años una sistemática campaña para convencer a la dirigencia de base de la resistencia que había una mejor forma, superior a la lucha en las calles, de resolver los retos que planteaba el neoliberalismo salvaje que se estaba imponiendo. Esa salida era esperar a que la resistencia tomara el poder en las próximas elecciones generales de 2013 para, desde el gobierno, revertir los golpes recibidos. Sonaba bonito. Las bases fueron cautivadas con el sueño de conquistar el poder con solo participar en las próximas elecciones. «Y por qué no, si somos la mayoría», se decía. Este rumbo fue fortalecido por el regreso de Manuel Zelaya, a mediados de 2011, y acordado por escrito con el régimen en el Acuerdo de Cartagena.

Para aplicar la nueva línea, el FNRP dio un giro de 180 grados. Sus bases fueron convencidas de tres cosas; 1) Abandonar la lucha de la calle, porque en su discurso ese tipo de lucha era inútil si no se tenía «el poder», 2) abandonar la idea de una Constituyente convocada por el mismo pueblo, para atenerse a los mecanismos de consulta que estableció el régimen golpista para convocar a plebiscitos y referéndum (controlados por ellos, claro esta); y 3) construir un partido político, que con el tiempo se llamó Partido Libertad y Refundación (LIBRE). Este último se concebía como el «brazo político» de la resistencia.

Desde entonces toda la energía de la resistencia paso de la calle a construir el triunfo electoral en las urnas. «Hacer la insurrección electoral», «derrotarlos en las urnas», eran las consignas. Como consecuencia de la nueva orientación, durante tres años consecutivos se dejó el campo despejado al régimen para hacer lo que quisiera en materia de destruir nuestras conquistas económicas, sociales y políticas. No importaba, el 24 de noviembre de 2013 sería la fecha de la gran reivindicación, promovida como la tierra prometida de los judíos. Mientras tanto… ¡a aguantar! En ese sentido, no hubo mejor aliado de Pepe Lobo y Juan Orlando Hernández, que la dirigencia que promovía esta política colaboracionista desde la cúpula misma del FNRP.

En los hechos el FNRP dejo de ser un instrumento de lucha real, y paso a convertirse en el «brazo promocional» del Partido LIBRE. Las movilizaciones que golpeaban la economía de la oligarquía, pasaron a la historia; no porque no se tuviera el respaldo popular, sino porque en la estrategia electorera, era inconveniente molestar al régimen porque se ponía en peligro la participación electoral. Desde entonces, el FNRP se limitó a hacer «movilizaciones» conmemorativas cada 1º de mayo, 28 de junio y 15 de septiembre, y de vez en cuando, como para taparle el ojo al macho, hacia una pequeña movilización en apoyo a algún sector (una o dos veces al año), la misma terminaba invariablemente en un mitin proselitista con las sonrientes figuras de sus candidatos a diputados o diputadas como telón de fondo.

Se llegó a absurdos que de otra forma serian inexplicables. Por ejemplo, en los mismos días que se aprobaban las Ciudades Modelo y un puñado de organizaciones hicimos resistencia recolectando unas pocas firmas, LIBRE reunió en pocas semanas más de doscientas mil firmas para lograr su inscripción como partido político; asimismo cuando ocurrían terribles masacres de campesinos en el Bajo Aguan, cuando el magisterio veía borrar sus conquistas de un plumazo y los sindicatos eran destruidos, LIBRE no fue capaz de mover un dedo en su apoyo, pero si tuvo la capacidad de concentrar a centenares de miles de personas en el acto de lanzamiento de su candidatura en Santa Bárbara y en las subsiguientes concentraciones proselitistas del nuevo partido; y mientras decenas de movimientos campesinos se asfixiaban en la falta de apoyo económico para continuar sus luchas, los candidatos y candidatas de LIBRE gastaban millonarios recursos en hacer afiches, vallas, promocionales por la TV, etc. Es decir que mientras más urgente era la necesidad de la solidaridad, la dirigencia más miraba hacia otro lado.

El problema no era la participación electoral en sí, sino que esta se presentaba como pretexto para el abandono de la lucha. Una y otra cosa no son necesariamente incompatibles, salvo que la participación electoral se haga en el marco de una política de colaboración con el régimen. El Partido Socialista de los Trabajadores (PST) por ejemplo, lanzo la candidatura de Fredin Funez a la diputación de Francisco Morazán, pero estuvo en primera línea en la lucha contra las Ciudades Modelo, en la defensa del Magisterio, de las tomas campesinas y del COPINH, en la organización de algunas de las iniciativas de unificación de las luchas populares como el Encuentro Nacional de Luchadores y Luchadores, cuyas resoluciones fueron boicoteados por la dirigencia del FNRP. Su participación electoral no fue obstáculo para proseguir la lucha social también. Por una sencilla razón, porque se hizo en el marco de una política de lucha contra el régimen, no de colaboración con este. Incluso compañeros del mismo Partido LIBRE, como Jari Dixon, por cierto una excepción a la regla, demostraron que se podía hacer campaña y al mismo tiempo luchar a la par del Pueblo.

Sin embargo, desde un año antes de la misma, habia signos inequívocos de que la tal «fiesta electoral» terminaría siendo un gran fraude. Partidas de nacimiento en manos de cachurecos, traslados ilegales, un censo electoral no depurado, compra descarada de votos a través de la tarjeta «La Cachuerca», etc, etc. Extrañamente, la cúpula de LIBRE, Mel incluido, indicaba que no podía haber fraude y Juliette Handal se atrevio a decir que hablar de fraude hasta era una «ofensa al pueblo». Pocos días antes de las elecciones, cuando solo un ciego no podía ver los preparativos fraudulentos, la cúpula de LIBRE saco un comunicado en el que se quejaba de algunos detalles, pero reafirmaba su confianza en los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, pese a que estos habían sido complices de Juan Orlando Hernandez en el escandaloso fraude en las elecciones internas de 2012. La base del partido se tranquilizo, confiando en sus dirigentes.

Finalmente llego el tan esperado 24 de noviembre. El Día «D» de LIBRE. Probablemente más de un millón de personas del nuevo partido, alegre e ingenuamente salieron a hacer la «insurrección en las urnas» y esperaron al final del día la tan ansiada «Toma del poder» que se les había prometido. El resultado real todos lo conocemos; un escandaloso fraude electoral del Partido Nacional que está imponiendo a su candidato oficialista en el conteo de votos; fraude que se llevó de encuentro al PAC.

Siguiendo la lógica del sentido común, si la oligarquía le «roba el triunfo» a LIBRE, habría que hacer algún tipo de manifestación pública para impedir que el proceso fraudulento se consolidara. Los estudiantes universitarios lo entendieron así, y por eso salieron inmediatamente a las calles a protestar contra semejante afrenta a la dignidad ciudadana los días 26 y 27 de noviembre. Fueron duramente reprimidos por la policía con el saldo de más de una docena de jóvenes detenidos y torturados. Pero, increíblemente, en lugar de apoyarlos la dirigencia de LIBRE salió a desautorizarlos («LIBRE no ha llamado a nadie a salir a la calle», aclararon sus voceros). Una manifestación que organizo ese mismo día el colectivo de la Colonia Kennedy fue parado por orden superior, y en general, se desautorizo cualquier movilización que no tuviera la bendición de la cúpula de LIBRE, es decir, de Mel Zelaya, Juan Barahona y compañía.

Estos nobles compañeros y compañeras de base se olvidaron que Mel había dicho que se saldría a la calle solo «si es necesario». No importa que el TSE siga abriendo y adulterando miles de actas y maletas electorales, como denuncio el mismo PINU; no importa que el TSE propague por todo el mundo la noticia de que Juan Orlando Hernández fue el «triunfador», sin que aparezca la oposición en la calle protestando por el fraude; no importa que le den palos a todo resistente que sale a protestar. Todo eso no parece inmutar al gran jefe y a la cúpula de LIBRE, quienes no consideran que nada de eso hace «necesario» sacar la gente a la calle.

Pero ¿cuál es el «Plan B» que tienen para asegurarse de que todo el sacrificio que se hizo en estos tres años valió la pena? Por lo visto, lo único que tenían previsto era «ganar», porque lo que se ha evidenciado es una enorme improvisación o falta de estrategia. Cada día que pasa el enemigo se consolida y hace que el proceso fraudulento sea irreversible, demostrando así ser mucho más astuto que los brillantes estrategas de LIBRE.

Pero hay cuestiones que confunden aún más. ¿Por qué Xiomara Castro en lugar de salir a llamar a la movilización popular salió el 27 de noviembre por Radio Globo a decirnos que «nos robaron el triunfo» dando por perdida la batalla, sin luchar? ¿Por qué las candidatas y candidatos a diputados en lugar de estar llamando al pueblo a manifestarse en las calles, están haciendo cálculos de si salen o no salen en los conteos del TSE, dando muestras de aceptación de los resultados que supuestamente cuestionan?

Todo mundo sabe que agotar las instancias legales de este régimen conduce a un callejón sin salida. ¿Ante quien habrá impugnación? Ante el Tribunal Supremo Electoral y ante la Corte Suprema de Justicia. El primero dominado por la alianza cachureca-demócrata cristiana y el segundo dominado por borregos del Partido de gobierno, recién impuestos por una maniobra inconstitucional de Juan Orlando Hernández. El pueblo resistente es noble y crédulo, pero no es tonto. Lo que ahí suceda es previsible.

En conclusión: La lucha de calle es la respuesta obligada a que tendría que llamar LIBRE y el FNRP, a menos que se trate de una componenda de compadre hablado y que los rumores de que Mel ya comenzó a negociar cuotas de poder político (extremo que Mel niega) sean ciertos. El tiempo dirá.

Lo único cierto es que, habiendo pasado este 24 de noviembre, se le agoto a la cúpula del FNRP la gran excusa para no salir a luchar. Pero la gran pregunta es: si no lo hace ni siquiera para defender su triunfo en las urnas ¿cabe esperar que luche para revertir las conquistas perdidas?

¡Ay de la base de LIBRE! si sigue confiando a ciegas en una dirigencia que le diga que tenemos que esperar otros cuatro años para «tomar el poder» y mientras tanto aguantar todo lo que nos haga el régimen. Los días que vienen demostraran, de que realmente está hecha la Resistencia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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