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La gran disputa entre Alemania y Estados Unidos

Dominar Europa

Fuentes: Barómetro Internacional

Las contradicciones interimperialistas que están ocurriendo entre Alemania y Estados Unidos, dos históricos y polémicos aliados, expresadas en diferentes acontecimientos mundiales y regionales son reveladoras de la grave crisis sistémica que sufre la formación económico-social capitalista en sus cuatro grandes esferas de generación y realización de las ganancias: la producción, la circulación, el cambio y […]


Las contradicciones interimperialistas que están ocurriendo entre Alemania y Estados Unidos, dos históricos y polémicos aliados, expresadas en diferentes acontecimientos mundiales y regionales son reveladoras de la grave crisis sistémica que sufre la formación económico-social capitalista en sus cuatro grandes esferas de generación y realización de las ganancias: la producción, la circulación, el cambio y el consumo, con repercusión directa sobre la ideología, la justicia, la ética política, la política exterior y las relaciones internacionales, entre otras esferas.

Mientras que el gobierno de Barack Obama-Hillary Clinton, instrumentos ejecutivos del Complejo Militar-Financiero-Comunicacional (CMFC) del imperialismo estadounidense, compuesto ese aparato por instituciones, corporaciones trans y multinacionales, comandos militares, asociaciones civiles y sociedades privadas que manejan múltiples tipos de recursos, operan en todo el mundo por profundizar su control de la Zona Euro y su entorno, el hábil y conservador gobierno germano de Angela Merkel, basado en la cierta estabilización lograda después de cuatro lustros de unificación entre el este y el oeste alemán que significó ante todo una fusión de capitales y tecnologías occidentales con las potencialidades humanas logradas en el socialismo impulsado desde la entonces República Democrática de Alemania, pretende ahora avanzar y expandirse económica, tecnológica y financieramente sobre ese mismo territorio en que han actuado con fuerza los norteamericanos desde que mediante el Plan Marshall los capitales gringos invadieron el viejo continente.

«A Alemania le va bien» evaluó públicamente Merkel y consideró que su país «vuelve a ser la locomotora del crecimiento en la Unión Europea». En otras palabras: el imperialismo alemán se fortalece ante el debilitado imperialismo estadounidense que tiene un cuadro interno muy vulnerable, necesitado de capitales frescos y poco dispuesto a alentar las inversiones externas, lo que en realidad no puede controlar Obama.

Merkel hizo sus conclusiones al comentar el respaldo que recibió del Parlamento alemán para continuar comprando bonos de la deuda pública de Grecia, lo que significa mayor riesgo pero también control sobre la economía griega y de sus ramificaciones por el Mediterráneo y Medio Oriente.

A esas contradicciones económico-financieras se le suman las políticas.

Por ejemplo, a la jugada de Obama-Clinton de hacer descargar el mayor peso económico de la agresión a Libia en las potencias europeas, la respuesta alemana fue cautelosa, no sólo por el costo político interno en una coyuntura donde las izquierdas alemanas avanzan sino también por los costos económicos que suponen muchos millones de dólares y euros dispuestos preferiblemente para la expansión financiero-económica que a la larga repercutirá en el bienestar de los alemanes, esa etnia germana en la que en su seno vuelven a crecer los sentimientos de superioridad racial y de dominio continental.

No obstante, esa contradicción no se expresó tan claramente porque Alemania también prefiere que Francia y Gran Bretaña, más que Italia o Bélgica o España, salgan beneficiados de la invasión a Libia, lo que favorece el poder adquisitivo de franceses, británicos, belgas, españoles e italianos ante las ofertas alemanas que se lanzan y vienen ocupando esos mercados. Entonces no es casual, ni es una lisonja lanzada a los europeos que la Merkel haya dicho a sus congresistas que «el futuro de Alemania está indisolublemente unido al futuro de Europa», algo que en los oídos de los herederos políticos de Hegel y Hitler no suena sino bien llamativo.

Otro dato interesante a considerar, en esta coyuntura, es que este jueves 8 de septiembre la opinión pública mundial se sorprendió un tanto al escuchar a la Comisaria Europea del Interior Cecilia Malmstrom cuando refiriéndose a la cárcel estadounidense de Guantánamo, bastión imperial que defiende a capa y espada el Complejo Militar-Financiero-Comunicacional (CMFC) yanqui, la calificó de «una vergüenza» por no haber sido cerrada como lo prometió años atrás el propio Obama.

«La Unión Europea (UE) consideró que es ‘una vergüenza’ que Estados Unidos no haya cerrado su prisión de Guantánamo, ubicada en territorio cubano, ocupado de forma ilegal por Washington desde inicios del pasado siglo cuando ocupó militarmente la nación antillana» reportó la agencia AVN.

«Estamos muy descontentos -dijo Malmstrom-. Esta opinión de la Unión Europea, de todas las instituciones y de todos los Estados miembros, la hemos manifestado ya en muchas ocasiones en nuestros contactos con Estados Unidos», reseñó Efe.

Para nadie es un secreto la influencia de Alemania en la Unión Europea y en todas sus decisiones.

Recuérdese que desde principios de agosto Hillary Clinton pidió a los países europeos y también a China, pues ya Rusia había manifestado su oposición, que dieran «más pasos» para presionar al presidente sirio Bashard Al Assad, objetivo central para desestabilizar a Siria aplicando el modelo imperial usado contra Libia, el cual incluye a la OTAN y a los mercenarios terroristas que provocan la violencia y los enfrentamientos con el ejército para producir muertos que luego las grandes transnacionales de la noticia los convierten en «víctimas del régimen».

La insistencia de EEUU fue tanta y tan seguida que semanas después Rusia y China a nombre del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) expusieron su renuencia a convertir a Siria en otra Libia o en otro Irak. Y a partir de ahí los gobiernos europeos comenzaron a maniobrar diplomáticamente entre esas dos fuertes corrientes.

Sin dudas, abrir un nuevo frente de gastos militares europeos en Siria y un nuevo foco de desestabilización para Europa, dada la ubicación geopolítica de Damasco, podría favorecer los intereses estadounidenses en detrimento de los objetivos y planes alemanes y rusos, por lo que Rusia elevó la voz este viernes y su presidente Dimitri Medvédeev, advirtió en una entrevista sobre «el peligro de emitir una condena unilateral contra el gobierno de Bashar Al-Assad y promover en Siria una situación similar como la invasión a Libia» al referirse a las maniobras diplomáticas de EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU , reseñó la AVN.

Por todo ello, este análisis quedaría sesgado si no se alerta a los estudiosos que al investigar las contradicciones entre estas dos potencias imperiales que ocupan los puestos 1 y 3 en el ranking económico mundial, también se deben colocar en el estudio el impacto que sobre Europa están teniendo los capitales y recursos públicos, sean financieros, comerciales o tecnológicos de la República Popular China que desde el 2010, con su socialismo de mercado, desplazó a Japón y Alemania para ocupar el puesto 2 de la economía mundial y tiene una considerable influencia en la posible recuperación de las potencias europeas, dado el alto poder adquisitivo, liquidez y buenas perspectivas chinas de crecimiento sostenido con una población que cuadriplica la de los países de la Zona Euro.

Y el otro actor a considerar en un futuro análisis es la cada vez más potente Rusia que junto a Kazajistán, Bielorrusia y Ucrania vuelven sobre los pasos leninistas de la unión de repúblicas pero en la modalidad de los nuevos estilos de integración que se debaten hoy por las potencias emergentes y con las características culturales propias de pueblos que durante siglos surgieron comerciando y cooperando entre ellos frente a las amenazas externas.

Pero dejar el análisis en el plano de las relaciones entre las naciones para prever el curso de los sucesos futuros también sería un estudio limitado si no se analiza el desarrollo de los acontecimientos internos, es decir, «nacionales» que son los determinantes para la conformación del poder de los Estados y según su naturaleza social será la política exterior y el carácter de sus relaciones internacionales. En razón de ello, habría que seguir muy de cerca los impactos sociales (políticos, jurídicos y militares) de la actual crisis financiera y económica que sacude a Europa y EEUU, y que podrían provocar el ascenso de fuerzas ultraconservadoras a esos gobiernos con mayores disposiciones a las represiones y a las vías bélicas para resolver conflictos, aunque no debe descartarse el resurgimiento de alternativas socialdemócratas y de izquierdas que terminen imponiéndose en algún que otro proceso electoral de los países europeos, con impacto en la correlación de fuerzas regional.

De manera que en toda esa dinámica antes anotada, la tendencia actual de una mayor relación y vínculos entre Europa y Asia vendría a constituir un elemento de mucho peso al proyectar y prever hacia donde se dirigirá la contradicción interimperialista Alemania-Estados Unidos en sus múltiples formas de manifestarse.

 

Ernesto Wong Maestre es Analista internacional, profesor de la EEI-FACES -UCV y de posgrado de la AME-UMB.

Fuente original: www.barometro-internacional.org