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El ABC de la situación socio- económica

Fuentes: Argenpress

Economía. La media de crecimiento del PIB entre 2000 y 2006 se sitúa (si tenemos en cuenta un crecimiento del 4.0 por ciento previsto por el Banco Central de Nicaragua) en el 3.3 por ciento anual, por encima del promedio entre 1990 y 1999 (que fue de 0.70 por ciento anual) pero siempre por debajo […]

Economía. La media de crecimiento del PIB entre 2000 y 2006 se sitúa (si tenemos en cuenta un crecimiento del 4.0 por ciento previsto por el Banco Central de Nicaragua) en el 3.3 por ciento anual, por encima del promedio entre 1990 y 1999 (que fue de 0.70 por ciento anual) pero siempre por debajo del 7.0 por ciento anual de media que necesita el país para poder comenzar a reducir los actuales índices de pobreza.

De mantenerse el ritmo de crecimiento promedio del PIB alcanzado entre 2000-2005, en la práctica la economía nicaragüense tardaría cerca de 30 años en doblar su tamaño, mientras que el nivel de vida -medido por el producto por habitante- podría duplicarse en unos 60 años. Por lo tanto, un crecimiento económico de 4 por ciento al año no basta para mejorar el bienestar de la población.

Balanza Comercial. El gobierno estima que Nicaragua exportará en el 2006 US$ 940 millones de dólares e importará US$ 2 mil 700 millones de dólares. Es decir, compraremos en el extranjero tres veces más de lo que producimos para vender en el mercado internacional. El déficit comercial será, aproximadamente, US$ 1,760 millones de dólares.

Déficit Fiscal. El déficit fiscal (excluidas las donaciones) descendió de 6,1 por ciento del PIB en el 2004 a 5,6 por ciento en el 2005. Se calcula que el PIB de Nicaragua del 2006, toda la riqueza que producirá el país, llegará 5 mil 350 millones de dólares. En el 2006, el gasto total del país será el 22.7 por ciento del PIB y la recaudación del 17.6 por ciento. Ese diferencial del 5.1 por ciento será el déficit fiscal calculado para el 2006.

Impuestos. Los impuestos elevaron su peso como porcentaje del PIB, pasando de 3.9 por ciento del PIB en 2003 al 4.7 por ciento en el 2005. Esto no incluye ninguna modificación en la estructura regresiva de los gravámenes, el 86 por ciento de lo recaudado proviene de los impuestos indirectos. Los impuestos sobre la renta del sector salarial -que en Europa representan entre el 25 por ciento y el 35 por ciento de la recaudación- en Nicaragua superan el 60 por ciento. El esquema tributario prevaleciente penaliza a los pobres, otorga poderes discrecionales a los recaudadores e impone mayores obligaciones a los pequeños y medianos productores.

La carga tributaria recae en Nicaragua, de manera desproporcionada, sobre los hombros de la gente con menores ingresos. De cada 100 córdobas que producimos 17.6 se van en impuestos. ¿Quiénes pagan esos impuestos? De esos 17.6 pesos, aproximadamente 15.6 pesos los pagan los pobres y sólo 2 córdobas los no pobres. Es decir, la inequidad social se expresa en la inequidad fiscal.

En el 2003, la carga tributaria en Nicaragua como porcentaje del PIB fue del 15.3 por ciento. Ello se deriva de la escasa carga tributaria prevaleciente a los sectores de mayores recursos, muy inferior a la existente en algunos países latinoamericanos y menor aún a los pequeños países europeos (Irlanda, Holanda, Suiza, Bélgica, Finlandia etcétera), cuyos crecientes niveles de competitividad solo se explican por la mayor carga tributaria de los segmentos de mayores ingresos, que determinan tasas de inversión económica y social más altas.

Salarios reales. Entre el 2000-2004 la tasa acumulada de la inflación alcanzó el 44.9 por ciento, mientras que tasa acumulada de incrementos de los salarios medio real llegó a 14.9 por ciento, lo que significa que los asalariados reales cayeron en 30.0 puntos porcentuales en los años estudiados.

La reducción del poder de compra del salario real promedio entre 1991 y diciembre de 2004 ha sido del 52.1 por ciento. Un producto directo del desempleo y del deterioro de los salarios, ha sido la ampliación de la pobreza. En 1991, con un salario mensual promedio se podía comprar 1.44 canastas básicas. En diciembre de 2004, con el mismo salario promedio no se podía comprar ni una canasta básica, sólo alcanzaba para adquirir un poco menos de ¾ de ella.

Formación Bruta de Capital. En el 2005, la formación bruta de capital fijo se incrementó en América del Sur a una tasa promedio superior al 12 por ciento, que se eleva al 20 por ciento si se excluye a Brasil del cálculo, en Nicaragua apenas se expandió al 4.4 por ciento. La inversión expresada como porcentaje del PIB sigue siendo muy baja. Crecer a tasas más altas, es un requisito indispensable para reducir la tasa de desempleo de manera satisfactoria, exige un aumento de varios puntos de la tasa de inversión. La inversión bruta fija como porcentaje del PIB fue de 30.8 por ciento en el período 1996-2000; sin embargo, en el 2003 alcanzó el 17.3 por ciento.

Carreteras. En el año 2000, solamente el 11 por ciento de los caminos eran pavimentados y el porcentaje de la cobertura de los caminos, relación de los kilómetros de caminos por cada 100 kilómetros de superficie territorial, era de 15 por ciento; mientras que en Costa Rica alcanzaba el 70 por ciento.

Petróleo. El petróleo continuó su paso ascendente en todo el 2005 y cerró el año por encima de 50 dólares el barril lo cual representa una enorme erogación de divisas para el país que no cuenta con ese fundamental combustible en sus subsuelos. Algunos analistas indican que el crudo mantendrá esos precios el año 2006 y otros aseguran que se situará por encima de 60 dólares el barril. En Nicaragua, el gasto en petróleo se incrementó entre el 2002 y el 2005, con un aumento del 121.6 por ciento.

Desigualdad en el Ingreso. De acuerdo al «Informe sobre Desarrollo Humano 2005» del PNUD, el 10 por ciento de la población más pobre tiene un 0.9 por ciento de la participación en los ingresos o consumo, frente al 44.7 por ciento de la participación del 10 por ciento más rico. Cualquiera sea la reducción reciente de esta polarización, la desigualdad se afirma como un rasgo estructural del actual modelo neoliberal.

La CEPAL ha señalado una mejor distribución del ingreso puede potenciar el efecto de la expansión económica en la reducción de la pobreza. De hecho, una reducción del 5 por ciento en el índice de distribución del ingreso puede permitir la reducción la pobreza extrema a la mitad.

El 1% de la población recibe el 15.6% del PIB.
El 10% de la población más rica recibe el 44.7% del PIB.
El 20% de la población anterior al 10% más rico recibe el 27.5% del PIB.
El 70% de la población pobre recibe sólo el 37.7% del PIB.
El 10% de la población más pobre recibe el 0.9% del PIB.

El Banco Mundial expresa que la equidad debería ser parte integral de una estrategia exitosa de reducción de la pobreza en su Informe sobre el Desarrollo Mundial 2006 del Banco Mundial, titulado Equidad y Desarrollo. «La equidad es una condición fundamental para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio, explica el informe, ya que resulta más difícil reducir la pobreza con altos niveles de inequidad en diferentes dimensiones».

Pobreza. Hay 4,200.000 habitantes que viven en condiciones de pobreza; es decir, viven con menos de dos dólares diarios (población total de Nicaragua 5,600.000 personas), de las cuales 2,100.000 personas viven con menos de un dólar diario (pobreza extrema).

Entre 1993 y 2001, Nicaragua ha experimentado un incremento porcentual de la pobreza en general y extrema. La pobreza general se ha incrementado en 3.0 puntos y la extrema pobreza en 4.0 puntos. Al mismo tiempo, se incrementó el número de pobres en el mismo período. De acuerdo a la CEPAL y según el método de la Medición Integrada de Pobreza, la pobreza en Nicaragua que alcanza el 84.9 por ciento de los hogares nicaragüenses.

De acuerdo con simulaciones efectuadas por la CEPAL, el producto por habitante de Nicaragua debiera de crecer un 4.4 por ciento durante los próximos años (2005-2015) para cumplir con la Meta del Milenio de reducir la pobreza extrema a la mitad, bajo el supuesto de que la distribución del ingreso se mantenga inalterada.

Según el Informe 2005 de las Naciones Unidas, será más fácil reducir la pobreza en los países cuyos gobiernos «hayan puesto en marcha políticas que promueven la igualdad, incluidas las iniciativas para mejorar el acceso a recursos, ingresos, educación y empleo».

Salud. La crisis en el sistema de salud es producto del recorte del gasto en el sector, como indica el modelo neoliberal. En 1989, el Estado invertía en salud 35 dólares por persona por año. En el 2005, la inversión fue de 16 dólares por persona por año. En medicamentos la inversión era de 32.3 millones de dólares en 1989, en el 2005 fue solamente de 12 millones de dólares. Para el 2005, sólo el 40 por ciento de la población nicaragüense tiene acceso a los medicamentos esenciales, mientras que en Costa Rica es el 90 por ciento.

El kilogramo de medicamentos que el MINSA compraba en 1989 a US$ 7.3 dólares; en el 2005 lo compró a US$ 15.3 dólares el kilo; o sea 2.10 veces mayor. En otras palabras, el gobierno invierte menos en medicamentos, los compra más caro y compra menos medicamentos por cada dólar; sin embargo, la población ha crecido y la población tiene que invertir de su bolsillo más dinero para obtener los medicamentos básicos.

El escaso gasto en salud de Nicaragua es financiado en gran medida por las propias familias. Mientras que en los países desarrollados el aporte familiar representa cerca el 19.5 por ciento del gasto total en salud, en América Latina representa el 36.8 por ciento, en Nicaragua esta cifra es del 50.9 por ciento del gasto total en salud. La necesidad de incurrir las familias en gastos para acceder a los servicios de salud o al consumo de medicamentos es una fuente importante de inequidad social.

Mortalidad Infantil. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDESA-1998), la tasa de mortalidad infantil para 1998 fue de 45.2 por mil nacidos vivos, correspondiendo 40 por mil nacidos vivos al sector urbano y 51 por mil nacidos vivos al sector rural. Para el año 2003, se calculó que la tasa de mortalidad infantil fue de 33 por mil nacidos vivos. En Centroamérica sólo Guatemala tiene una tasa de mortalidad infantil más alta con 38.1 mil por nacidos vivos. Costa Rica reporta la menor tasa regional con 10.4 por mil nacidos vivos en 1997. ENDESA-2001 muestra que la mortalidad infantil en el quinquenio 2000-2005 es del orden de 35.5 por mil nacidos vivos.

Mortalidad Materna. Nicaragua se encuentra entre los países de Centro América con mayor tasa de mortalidad materna. Más del 30 por ciento de las muertes maternas se producen en mujeres menores de 19 años. El perfil de la mujer que muere por complicaciones en el embarazo o durante el embarazo, es la joven que vive en la zona rural o urbana marginal en condiciones de pobreza o extrema pobreza y con bajo nivel de instrucción. La mortalidad materna asciende a 97 muertes por cien mil nacidos vivos en el 2003, la tercera tasa más alta de Centro América después de Honduras y El Salvador.

SIDA. La epidemia del SIDA en Nicaragua se inició en 1987, para mayo del 2002 se habían reportado 877 casos seropositivos acumulados, de los cuales 392 han enfermado y 208 han fallecido. La tendencia es ascendente y acelerada, con un incremento anual de 24 por ciento de casos, reportándose una tasa de 4.2 casos por cien mil habitantes a mayo del 2002. La presencia del VIH/SIDA en todos los departamentos del país y la posibilidad de su propagación representan un peligro elevado y latente. Los datos oficiales indican un reducido número de casos, algo que ofrece un falso sentimiento de seguridad.

Para el 2005, el Programa Nacional de Nicaragua ITS/VIH/SIDA registra un total de 1,835 personas portadoras del VIH/SIDA desde el inicio de la epidemia en 1987 hasta junio 2005, pero los subregistros que también son admitidos por el MINSA triplicarían esos números. La tasa anual es creciente y una pandemia que crece en silencio, en secreto.

Malaria. En Nicaragua, la tendencia de la malaria es a la reducción del número de casos, reportándose para el año 2000 un total de 24,014 casos, equivalente al 19.2 por ciento del total de casos en Centroamérica. Casi la mitad de casos ocurren en menores de 15 años y el 17.5 por ciento en menores de 5 años. La mortalidad por malaria ha tenido una disminución entre 1998 y 2001, pasando de 52 a 2 fallecidos. Para el año 2003 se registraron un total de 4,116 casos. Hasta el 30 de abril de 2005 se habían registrado un total de 1,099 casos de malaria en el país.

Tuberculosis. En Nicaragua, unas 2,200 personas son diagnosticadas con tuberculosis anualmente por especialista del MINSA y, al menos, 80 mueren por falta de tratamiento médico adecuado. De 100 afectados, entre 15 y 20 no reciben en su totalidad las medicinas. La tuberculosis está presente en todas las edades, aunque hay un mayor número entre quienes tienen de 25 a 35 años.

Educación. La educación es un desastre, las escuelas primarias muchas ni luz tienen. El gasto por alumno del Ministerio de Educación pasó de 84 dólares anuales en el año 2000 a 73 dólares en el año 2005. El 76 por ciento de las escuelas públicas de Nicaragua no reúne los requisitos más elementales para funcionar como centros de enseñanza y los salarios de los maestros no les alcanzan para comprar una canasta básica.

Más del 35 por ciento de la población adulta de Nicaragua es analfabeta, de la cual más del 50 por ciento son mujeres. Es decir, cerca de un millón de personas de más de 15 años carecen de capacidades básicas en lectura, escritura y cálculo. No hay que olvidar que el analfabetismo va unido a la extrema pobreza, ya que la tasa de alfabetización guarda una muy estrecha relación con los niveles de ingresos.

Empleo. El deficiente desempeño de las economía se ha traducido en una dinámica ocupacional donde ha primado la creación de empleos de baja calidad en las actividades de menor productividad e ingresos de la pequeña producción agrícola y la economía informal, donde se han creado de 7 de cada 10 nuevos empleos/ ocupaciones en los últimos diez años. Por ejemplo, en 1998 los asalariados con contrato indeterminado (empleo formal) representaban el 7.7 por ciento de la PEA; sin embargo, para en el 2001 descendió a 4.4 por ciento de la PEA. La expansión de la informalidad trae aparejado un aumento de la terciarización del empleo.

Capital Humano. Uno de los factores que influyen en mayor medida en la determinación de los ingresos laborales y la calidad del empleo es la dotación de capital humano de los participantes en el mercado laboral. En Nicaragua, la gran mayoría de los adultos que viven en hogares pobres no han terminado la educación primaria, y en muchos casos, ni siquiera han cursado tres años de estudios.

En el 2001, los años promedio de escolaridad de los Jefes de Hogar no pobres era de 5.9 años de estudios y tienen 2.45 veces más años de estudios que los Jefes de Hogar pobres que tienen como promedio 2.4 años de estudios y 4.2 mayor que los Jefes de Hogar que viven en extrema pobreza con 1.4 años de estudios.

La fuerza de trabajo nicaragüense sigue teniendo un nivel de educación muy bajo. Según la Encuesta Nacional de Hogares para Medir el Nivel de Vida 2001, la escolaridad promedio de la fuerza de trabajo (población entre 25-59 años) era de 5.41 años de estudios. En 1998, ese promedio era de 5.35 años de estudio. La CEPAL nos advierte que se requiere al menos 12 años de escolaridad para que una persona no corra el riesgo de caer en la pobreza.

Desempleo. En el período 1990-2002, Nicaragua es el país centroamericano que tiene la menor formación de capital y un menor ritmo de crecimiento económico; al mismo tiempo, es el país que tiene el mayor aumento de la fuerza de trabajo de toda Centroamérica. Estos tres elementos explican el acrecentamiento de la tasa de desempleo abierto urbano, al pasar de 7.6 por ciento de la PEA al 12.9 por ciento. En 2004, la tasa de combinada de desempleo y subempleo alcanzaba en conjunto al 27.8 por ciento de la población urbana.

Empleo Informal. De acuerdo a la CEPAL, en Nicaragua, entre 1993 y 1998, de cada 10 nuevos ocupados por sector solamente se crearon 1.2 empleos en el sector formal, 4.8 empleos en sector informal y 4.0 empleos en el sector agropecuario. Se estima que entre 2000-2004, de cada 10 nuevas personas ocupadas, 6 trabajan en el sector informal. La expansión de la informalidad trae aparejado un aumento de la terciarización del empleo.

Migración. Alrededor de un millón de nicaragüenses regularizados o indocumentados luchan diariamente en el extranjero (Estados Unidos, Costa Rica, El Salvador, etcétera), lo que representa el 18.86 por ciento de la población total de Nicaragua, lo que ubica a Nicaragua dentro de América Latina como uno de los países como mayor proporción de su población en el exterior. Aproximadamente el 80 por ciento de los emigrantes pertenecen a la Población Económicamente Activa (PEA). Esta fuga de capital humano es uno de los aspectos negativos de la migración.

La migración ha desarrollado el turismo, las telecomunicaciones, el transporte aéreo y las transferencias de remesas. También ha tenido efectos multiplicadores positivos en el PIB, el consumo y las inversiones. El turismo hacia Nicaragua posee un gran componente de nacionales que viven en el exterior y traen consigo bienes de consumo y duraderos. Ningún sector de la economía, como la agricultura o la industria, ha tenido los niveles de crecimiento de las remesas familiares entre 2000 y 2005. Los sectores más beneficiados con esas entradas han sido los servicios financieros (bancos) y el comercio.

Ocho de cada diez haitianos y jamaiquinos con títulos universitarios viven fuera de sus países. Y más del 50 por ciento de los profesionales universitarios de los países de América Central y del Caribe también viven en el extranjero. Estas son tan sólo dos de las conclusiones a las que llegó estudio del Banco Mundial, titulado Migración internacional, remesas y la fuga de cerebros. Es decir, el informe revela que la fuga de cerebros es masiva en los países pequeños y pobres de la región centroamericana.

Remesas. Las remesas de los inmigrantes se han convertido en un pilar de la economía nicaragüense, hasta representar una quinta parte del PIB. Las remesas hacia Nicaragua se han multiplicado por 100 desde 1990 hasta la fecha (2005) y es el elemento más dinámico del país. De un lado, permiten equilibrar el presupuesto de las familias; del otro, puede haber distorsiones, como que las familias dejen de trabajar al recibir el dinero.

Al menos 20 de cada 100 familias en Nicaragua dependen sobre todo de las remesas para sobrevivir. Las remesas, también, significa la entrada de dinero que soporta las condiciones de vida de numerosas familias en todo el país. Ese dinero aumenta el gasto de consumo y, así, las ventas de bienes y servicios; con ello, el gobierno cobra impuestos.

En dieciséis años (1990-2005), Nicaragua recibió cerca de 5,587 millones de dólares en remesas. Su efecto es indiscutible en cuanto a servicios financieros, el turismo hacia el país por parte de los emigrantes, el creciente comercio de productos nicaragüenses. El transporte aéreo internacional -desde correo, pasajeros, carga y redes de tráfico- se ha dinamizado y fortalecido.

Un estudio del Banco Mundial indica que las remesas de los emigrantes alivian la pobreza y ayudan a elevar los niveles de salud infantil, asistencia escolar e inversiones en sus países de procedencia. Las remesas reducen el nivel, la profundidad y la gravedad de la pobreza.

Pago de la Deuda. El destino principal del excedente económico del país es el pago de la deuda externa e interna, que absorbe el grueso del presupuesto. El 75 por ciento de la deuda de Nicaragua es deuda interna que se paga a los bancos privados nacionales. En los próximos años va a aumentar el servicio de la deuda interna. Y va a subir un poco más el servicio de la deuda externa. De tal manera que vamos a estar pagando casi 400 millones de dólares anuales en servicio de deuda pública. De ellos, casi 300 millones en deuda interna.

Exoneraciones. Las exoneraciones son subsidios implícitos a los grandes empresarios, comerciantes y banqueros, y que llegar a representar el 4.0 por ciento del PIB. Esta cantidad supera lo que se recibe de la cooperación internacional que alcanza el 3.4 por ciento del PIB. Por otro lado, la evasión fiscal representa el 8.0 por ciento del PIB. En conclusión, entre la evasión fiscal, producto del contrabando y la corrupción gubernamental, y las exoneraciones (perdón de los impuestos y otras dispensas) suman el 12 por ciento del PIB. La inversión del Estado en salud y educación es inferior a las exoneraciones y evasión fiscal.

Desnutrición. Según el Informe de la FAO del 2005, en Nicaragua, cerca del 30 por ciento de los menores de cinco años tienen algún grado de desnutrición. Por otro lado, la mortalidad infantil se ha reducido en los últimos 15 años. Sin embargo, estas luces se acompañan con las sombras de la explotación infantil, la prostitución, los abusos, la pobreza, el abandono, la falta de acceso a los recursos educativos, etcétera.

De acuerdo a la FAO, en el 2001, el 10 por ciento de la población más pobre del país consumía un promedio anual per cápita de dieciséis veces menor que el 10 por ciento de la población más rica. El 10 por ciento más pobre absorbía el 2.18 por ciento del consumo total del país, en tanto el 10 por ciento más rico lo hacía con el 33.69 por ciento. En 1990-1992 el número de personas subnutridas era de 1.2 millones, para el período 2000-2002 se había incrementado a 1.4 millones de personas.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a fines de la década pasada (1998-2000), la subnutrición afectaba al 44 por ciento de la población nicaragüense (estimación en base al requerimiento energético medio) y la subnutrición general al 29.8 por ciento de la población (estimación oficial de la FAO en base al requerimiento energético mínimo).

El 20 por ciento de la población más rica consume el 49.2 por ciento del consumo total del país, mientras que el 20 por ciento más pobre consume el 5.6 por ciento. La persistencia de la desigualdad en la distribución del ingreso y, por consiguiente, en el acceso de los alimentos ha impedido el mejoramiento de la distribución del consumo. En 1990-1992 el número de personas subnutridas era de 1.2 millones, para el período 2000-2002 se había incrementado a 1.4 millones de personas.

Competitividad. En el Informe de Competitividad Global 2004-2005, Nicaragua aparece con una «mala calificación» respecto a la calidad de los puertos y de la infraestructura en general, ya que es considerada insuficiente, ineficiente y de baja calidad. De los 117 países estudiados, Nicaragua aparece en el puesto 99 en el 2005 (con un índice de 3.08 sobre 6.00), retrocediendo con respecto al 2004 cuando ocupaba el lugar 95 y en relación al 2003 cuando estaba ubicado en la posición 90.

Inversión Extranjera. Esta «mala calificación» en el Indice de Competitividad y Crecimiento recibida de parte del capital internacional a influido en el comportamiento de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) en Nicaragua, que han sido erráticas entre el 2000 y el 2005. En el 2000, la IED alcanzó la cifra de 267.0 millones de dólares; en el 2001, cayó a 150.2 millones de dólares lo que significó una abrupta disminución con respecto al año anterior; luego, en el 2002, subió a 203.9 millones; para bajar nuevamente en el 2003 a 201.3 millones de dólares. En el 2004, la afluencia de inversiones superó los 261 millones de dólares.

Sociedad del conocimiento. El principal insumo de la vida social y económica de los países es ya el conocimiento. Para escapar del subdesarrollo tenemos que escapar de la ignorancia. Hoy el conocimiento se genera, se transmite y se utiliza, no sólo a velocidades desconocidas en el pasado, sino bajo formas definitivamente distintas. Nicaragua tiene que enfrentar, al mismo tiempo, las viejas desigualdades y sumar las nuevas desigualdades propias de la sociedad del conocimiento. Desigualdad que ahora se identifican con la palabra «brecha digital». La «brecha digital» que se ve reflejada en el desigual acceso al mundo del Internet. Los usuarios de la Internet en Nicaragua solamente alcanzan al 2 por ciento de la población total (132.000 personas de una población total de 5.6 millones).

Medio Ambiente. En Nicaragua, la cobertura vegetal se ha venido reduciendo a un ritmo estimado entre 50 y 100 mil hectáreas anuales en los últimos 30 años; lo cual es un índice de deforestación muy elevado, lo cual obedece principalmente a la conversión de tierras forestales para otros usos (expansión de tierras agrícolas, ganaderas y urbanas; construcción de caminos e infraestructura; explotación minera, etcétera) y la explotación maderera (leña para combustible, madera para uso industrial, etcétera). Los incendios forestales constituyen otra causa importante de la pérdida de bosques.

Se estima que el 85 por ciento de los bosques tropicales secos y el 65 por ciento de los bosques húmedos han desaparecido en los últimos 300 años. Esto se debe al avance de la frontera agrícola, la expansión de la ganadería, los incendios forestales, la extracción de madera y leña y el impacto de los desastres naturales.

Agua Potable. En Nicaragua, el 28.3 por ciento de la población total del país carece de agua potable. El 77.3 por ciento de los hogares extremadamente pobres, en las áreas rurales, carecen de agua potable. El agua de la red se desperdicia en todas las ciudades. La mayoría de las cuencas hidrográficas del país tienen algún grado de contaminación. En el agro se desperdicia la mitad del agua destinada al riego por obsolescencia de los sistemas de conducción y mala administración del recurso. Nuestros lagos y laguna se encuentran en grave crisis.

El acceso a fuentes de agua potable muestra grandes disparidades de un departamento a otro y de una clase social a otra, lo mismo que la cantidad de agua disponible es motivo de preocupación. El agua potable en Nicaragua es un privilegio de sólo 4.1 millones de personas. El resto, un poco más de 1.2 millones, carece del adecuado servicio, ya sea que no les llega, o es de mala calidad.

El sector que tiene los peores niveles de cobertura sigue siendo los pobres y los pobres extremos. Por ejemplo, el quintil 5 (el 20 por ciento más pobre de la población) no tiene servicio de agua potable el 40.6 por ciento, mientras que el quintil 1 (el 20 por ciento de la población de mayores ingresos) solamente el 5.3 por ciento no tiene servicio de agua potable.

Vivienda. Un rasgo del desempeño demográfico de Nicaragua es la acelerada urbanización. En 1990, la población urbana representaba el 57.2 por ciento de la población total, representaba el nivel más alto de urbanización en Centroamérica. Actualmente (2005), la población urbana representa el 58.3 por ciento y en el 2015 pasará al 60.5 por ciento, con los consecuentes cambios en los patrones de vida y consumo que genera la vida urbana. Es decir, el crecimiento demográfico ha ido acompañado de una notoria concentración de la población en las áreas urbanas.

Este crecimiento de la población urbana no corresponde al desarrollo de los sectores económicos de la industria, del comercio y de los servicios capaces de absorber toda la mano de obra desplazada de las áreas rurales hacia las ciudades. Hay una desproporción entre el crecimiento urbano poblacional y el desarrollo de la economía urbana. Nicaragua presenta altos niveles de informalidad e irregularidad en el acceso a la tierra urbana y a la vivienda de las familias pobres, debido a la falta de oferta de terrenos a precios accesibles.

La población de Nicaragua no se encuentra distribuida de una manera homogénea. La mayor concentración poblacional se da en la región del Pacífico, que ocupa el 15.26 por ciento del territorio nacional y en donde habita el 58.19 por ciento de la población total, y el 76.39 por ciento de la población urbana. En la región Central, que tiene una extensión del 33.88 por ciento del territorio nacional, habita el 30.46 por ciento de la población; la mayoría de ella rural. La región del Atlántico que ocupa el 50.85 por ciento del territorio nacional, sólo alberga el 11.35 por ciento de la población.

Tomando en cuenta las cuatro variables principales (demanda anual de nuevas viviendas, déficit habitacional del año de 1993, crecimiento vegetativo de la población total nicaragüense y el ritmo anual de construcción de viviendas) se puede calcular que el déficit habitacional puede estar alrededor de 649 mil viviendas para el año 2000. Esto significa que cerca de 3.9 millones de personas (el 84 por ciento de la población total) no tienen viviendas adecuadas.