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El gasto de los países ricos fue 10 veces mayor que la suma de sus cifras de Ayuda Oficial al Desarrollo

El gasto en armas de los Estados creció un 11 por ciento durante 2003

Fuentes: Europa Press

La guerra en Irak, «uno de los conflictos más controvertidos de la época moderna», y la situación posterior han «dominado el debate sobre seguridad» el año pasado y han puesto en manifiesto que el uso de la fuerza puede tener resultados no deseados, según afirma el Anuario 2004 del Instituto Internacional de Investigaciones sobre la […]

La guerra en Irak, «uno de los conflictos más controvertidos de la época moderna», y la situación posterior han «dominado el debate sobre seguridad» el año pasado y han puesto en manifiesto que el uso de la fuerza puede tener resultados no deseados, según afirma el Anuario 2004 del Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI), publicado hoy, que destaca que el número de conflictos armados a nivel mundial descendió en 2003 mientras que en contrapartida el gasto en armamento de los Estados aumentó un 11 por ciento.

Este informe sobre ‘Armamento, desarme y seguridad internacional’ dedica un apartado especial a los conflictos armados y señala que a lo largo de 2003 hubo en el mundo 19 conflictos armados de envergadura, el número más bajo desde el final de la Guerra Fría con excepción de 1997, cuando el número fue de 18.

La guerra de Irak, el conflicto entre India y Pakistán por Cachemira, el conflicto interno en Colombia y el problema israelo-palestino fueron dominantes a lo largo de un año en que se puso de manifiesto el riesgo de escaladas rápidas de otros conflictos intraestatales como los de Burundi, Costa de Marfil, Indonesia, Liberia y Filipinas.

Respecto a la guerra en Irak, señala que la rápida victoria lograda por Estados Unidos y sus aliados demostró el «poderío» estadounidense pero la situación posterior «mostró más sobre sus limitaciones y sobre el limitado significado de la fuerza en general».

Así, el instituto subraya que Washington «fue capaz de ganar una guerra en Irak pero no de restaurar las condiciones de paz y dar una visión convincente del futuro del país».

De hecho, destaca, más de un año después de que se dieran por concluidas las operaciones de envergadura en territorio iraquí «la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA) sigue en Irak, enfrentándose a la resistencia de varias fuerzas iraquíes, mientras que el papel de Estados Unidos y de la comunidad internacional en la reconstrucción del país sigue siendo muy controvertido».

El informe repasa las «profundas divisiones» provocadas en la comunidad internacional por la «única superpotencia» al decidir atacar Irak sin la autorización de la ONU y la controversia generada por las razones esgrimidas para justificar la guerra, sobre todo «el grado y la inmediatez de la amenaza planteada por el programa de armas nucleares, biológicas y químicas» de Sadam Husein y si el uso de la fuerza era el método «más efectivo» para combatir esa supuesta amenaza.

La guerra en Irak también puso sobre la mesa otras cuestiones controvertidas como si «el uso de la fuerza puede ser una respuesta legítima y efectiva a la proliferación de armas de destrucción masiva» o «bajo qué circunstancias la retirada por la fuerza de gobiernos o líderes –‘cambio de régimen’– puede ser una política legítima y sabia». Asimismo, quedó en tela de juicio el papel de la ONU en estas situaciones y sus «limitaciones».

El SIPRI considera que «el ambiguo resultado de la guerra –la exitosa caída del régimen de Sadam Husein, el fracaso para encontrar pruebas de las armas de destrucción masiva y los serios problemas que perduran en la posguerra– sugieren que ninguno de los argumentos (a favor o en contra) ha sido plenamente justificado».

«La rápida victoria de Estados Unidos pareció justificar la opinión de que la superioridad militar estadounidense había revolucionado la naturaleza de la guerra y sugerir que la guerra en Irak podía ser un precedente para acciones similares de Estados Unidos», resalta el informe.

PROBLEMAS DE POSGUERRA

Sin embargo, añade, «los consiguientes problemas en la posguerra han mostrado que los retos de la estabilización tras una guerra puede ser mayores que los la propia guerra; que los costes a largo plazo, directos e indirectos, del cambio de régimen pueden ser enormes; y que Estados Unidos probablemente necesitará un mayor apoyo internacional para conseguir sus objetivos».

Asimismo, el instituto sueco subraya que aunque Estados Unidos «podría aún triunfar en construir un Irak democrático», «la actual violencia en Irak y las continuas disputas entre los grupos políticos, religiosos y étnicos del país, podrían tener como resultado una continuada inestabilidad, el que el país se convierta en un Estado fracasado o incluso que caiga en una guerra civil y que la inestabilidad se extendiera a los países vecinos».

Además, el anuario advierte de que «la guerra en Irak puede haber exacerbado el problema del terrorismo internacional creando un nuevo frente en Irak y alimentando el resentimiento árabe e islámico». Por contra, añade, «al desencadenar un nuevo debate sobre el futuro político para un gran Oriente Próximo podría haber creado también una oportunidad para afrontar las causas profundas del terrorismo radical islámico».

GASTO MILITAR

Por otra parte, el informe subraya el incremento continuado del gasto militar mundial, paralelo a «los cambios en la doctrina militar de Estados Unidos y la estrategia tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001». Después de un largo periodo de reducción de gasto militar (1987-1998) e incrementos moderados en 1998-2001, en 2002 el presupuesto mundial para armas creció un 6,5 por ciento, y en 2003 aumentó otro 11 por ciento.

La mayor parte de este aumento se debió a los compromisos adoptados por varios países, encabezados por Estados Unidos, en irak y Afganistán. Sin ellos, el gasto militar global habría crecido un 4 por ciento.

El 75 por ciento de los gastos militares totales correspondió a los países más ricos, que suponen un 16 por ciento de la población. El gasto militar combinado de estos países fue 10 veces mayor que la suma de sus cifras de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en 2001.