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¿Reformismo armado en Nepal?

El maoísmo capitula ante el rey Gyanendra y el imperialismo

Fuentes: Rebelión

El 13 de febrero se cumplirán 11 años de la «guerra popular» en Nepal (70% de pobres). Sin embargo, el 5 de noviembre del año pasado, el Partido Comunista de Nepal (PCN-maoísta) firmó un acuerdo con la monarquía nepalesa y la Alianza de 7 Partidos (el republicano Partido del Congreso, el Partido Comunista Unificado y […]

El 13 de febrero se cumplirán 11 años de la «guerra popular» en Nepal (70% de pobres). Sin embargo, el 5 de noviembre del año pasado, el Partido Comunista de Nepal (PCN-maoísta) firmó un acuerdo con la monarquía nepalesa y la Alianza de 7 Partidos (el republicano Partido del Congreso, el Partido Comunista Unificado y otros 7 pequeños grupos de izquierda que se opusieron al golpe de Estado de abril del 2006). El mismo que plantea el desmantelamiento del Ejercito Popular de Liberación (EPL) y la formación de un co-gobierno que prepare las elecciones para la Asamblea Constituyente (AC), entre otras cosas. Esto ha generado una crisis política en el Partido Comunista Indio (PCI-maoísta) y el movimiento maoísta internacional.

Es así como se entiende el último comunicado del PCI donde dice, «…Todas las revoluciones han demostrado que sin un ejército popular es imposible que el pueblo ejerza el poder…», (Nepal: No hay que desarmar al pueblo).

Como decíamos en un artículo anterior, la falta de un programa y perspectivas realmente socialistas, llevarían al PCM al callejón sin salida del parlamentarismo burgués (Sobre la revolución en Nepal, 21-05-05).

En la actualidad, Prachanda, líder del maoísmo nepales, declaró recientemente en su viaje a la India que, «…esto acaba con 11 años de guerra civil…el PCN y los siete partidos de la alianza formarán un gobierno transicional para el 1 de diciembre y sostendrá elecciones para la asamblea constituyente para el próximo mes de junio…» (27-11-06, un mundo a ganar). Luego declaró, «…nosotros solíamos llamar a la India un poder reaccionario solo poque la India apoyaba a la monarquía constitucional. Desde que la India renunció a esa política, no hay necesidad de llamar a la India reaccionario…», (Amalhayan News Service, Katmandú, 17-11-06).

En verdad, el PCI tiene razones para estar alarmado. Lo que esta aplicando el PCN (10 mil combatientes, 15 mil milicianos), es la política de la revolución por etapas. Una primera etapa de alianza con la «burguesía progresista» para desarrollar el capitalismo, y luego, una segunda etapa donde se realizará la revolución socialista. Esta es la política para dar de comer lechuga al león. Con estas ideas están caminando a un callejón sin salida. Así las cosas, el PCN tendrá que olvidarse de su pasado radical para aparecer ante el «subimperio» indio y la burguesía nepalesa e internacional como una organización «moderada y realista» (como Lula en Brasil). Pero esto le traerá problemas. Por un lado, sus propias bases cuestionarán sus pactos por arriba (sin democracia revolucionaria). Y por otro, tendrán que competir con el PCN-MLU (leninista). Además, todas las concesiones que hagan los líderes del PCN a los republicanos, no serán suficientes. Los capitalistas pedirán más. Esto con el objetivo de desmoralizar al movimiento obrero-campesino nepales. Luego, querrán descabezar las organizaciones revolucionarias del pueblo.

De esta manera, el PCN se esta clavando en una piscina sin agua. Por ahora tienen un 30% de curules en el Parlamento (junto al PCN-U tienen la mayoría parlamentaria, mientras que el rey solo ostenta el 15%), y algunos ministros. La Asamblea Constituyente no resolverá nada. Esto significa que las masas pasaran por el tormentoso juego parlamentario. Poco a poco irán perdiendo la confianza en el PCN. La esperanza que depositaron en el PCN eran no solo para aniquilar la monarquía sino para erradicar la causa de su miseria, injusticia y opresión: El capitalismo.

Y esto pudieron haberlo logrado cuando el rey y sus agentes políticos estaban escondiditos debajo de las mesas de Palacio (la situación revolucionaria de abril del 2006 por ejemplo). Según el PCN, la coyuntura, en ese entonces, era de ofensiva estratégica. Sin embargo, ahora, el rey esta vivito y coleando. La monarquía esta tomando oxígeno.

Antes de este pacto, el PCN era el partido más «terrorista» del mundo (después de los talibanes de Bin Laden). De tener una gran fuerza social-política (control del 75% del país, 4 500 cadetes y 200 mil simpatizantes aprox.), ahora se han convertido en «gentleman» para el rey y los capitalistas. De las armas han pasado a usar distinguidos portafolios.

Los líderes del PCN declaran que, «…es una cuestión táctica…», pero sus hermanos políticos indios les responden, «…la cláusula de depositar un numero equivalente de armas fortalecerá al gobierno del premier Koirala…incluso aunque sea un paso táctico para alcanzar los objetivos de la Asamblea Constituyente es nociva a los intereses de la revolución…». Algunos lamentan que después de tanto combate, perdidas humanas y luchas inspiradores (bloqueos del 07-04, la huelga del 17-01-05 contra el aumento de los carburantes, 01-02-05 contra el golpe de Estado y la insurrección del 04-06 que puso al rey contra la pared), la dirección del PCN capitule ante la monarquía y el imperialismo.

«Ni reír ni llorar, comprender», decía el filósofo Spinoza. Y esto es lo que tenemos que hacer los revolucionarios. Una de las cosas que manifiesta el proceso de la revolución nepalesa es que el fusil per se no es suficiente para tomar el poder e instaurar el socialismo. Nepal expresa de manera dramática que, así como existe el reformismo de izquierda parlamentaria, también existe el reformismo armado.