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El riesgo de que el caos se propague en Occidente

Fuentes: Rebelión

El pasado 6 de enero se cumplió el segundo aniversario de los disturbios en el Capitolio de Washington, realizados por una turba de extrema derecha, convencida de que a Donald Trump le robaron la presidencia en las elecciones de 2020.

Aunque no hay evidencia de que él hubiera planificado una insurrección para permanecer en el poder, el Comité de la Cámara de Representantes, que investigó este ataque, publicó el 22 de diciembre de 2022 un informe final, en el que se acusa a Trump de una “conspiración de varias partes para anular las elecciones de 2020 y bloquear la transferencia de poder”.

De continuar la investigación, con miras a presentar cargos penales, y si Trump fuera juzgado, condenado y encarcelado, podría ir a prisión por el resto de su vida y quedaría inhabilitado para ocupar un cargo público. Pero sucede que para condenar a Trump, la fiscalía debería demostrar que los sucesos del 6 de enero de 2021 eran previsibles y que él no tomó las medidas pertinentes para evitar la violencia ejercida contra el Capitolio. Lastimosamente, nadie, ni siquiera los legisladores demócratas del Congreso, previó que esos eventos iban a ser tan graves.

La debilidad de la acusación no le garantiza a Trump absolutamente nada y es poco probable que tenga un juicio justo y sea absuelto, pues sus enemigos abundan tanto en el Departamento de Justicia como en el resto de Estados Unidos. Pero procesar a Trump lo convertiría en víctima y le granjearía la simpatía universal, especialmente en el campo político, por lo que la probabilidad de elegir un presidente republicano se incrementaría exponencialmente. Los demócratas deben evaluar si vale la pena un juicio, que desde ya ha sido calificado de cacería de brujas por Trump.

Sobre estos eventos, el Presidente Biden afirmó que fueron el peor ataque a nuestra democracia desde la Guerra Civil y que EEUU fue asaltado por fuerzas extremistas leales a Donald Trump e hizo un llamado a los estadounidenses a luchar contra el extremismo, representado por MAGA, Make America Great Again, ideología del exmandatario que predomina en el Partido Republicano. “Las fuerzas del MAGA están determinadas a llevar a este país hacia atrás, hacia unos Estados Unidos donde no haya derecho de elegir, ni derecho a la privacidad, ni derecho a la anticoncepción, ni derecho a casarse con quien amas”.

Biden sostuvo que la democracia americana no está garantizada, pues los seguidores de MAGA no respetan la Constitución, no creen en el Estado de derecho, no reconocen la voluntad del pueblo y no aceptan los resultados de las elecciones, pero él no se quedará con los brazos cruzados viendo cómo a los norteamericanos les quitan la libertad más fundamental, la libertad de votar. “Defenderé nuestra democracia con cada fibra de mi ser y pido a todos los estadounidenses que se unan a mí”.

Según Biden, el país se enfrenta a la elección de ser una nación de esperanza, unidad y optimismo o una nación de miedo, división y oscuridad y subrayó que la violencia política y el rechazo a las elecciones, impulsadas por Donald Trump y sus aliados, dañaron la reputación de Estados Unidos.

Por su parte, Trump informó que en las elecciones de 2024 volverá a competir por la presidencia e insistió en que ganó la reelección en 2020 y que le deberían retornar a la Casa Blanca. Considera que Estados Unidos está de rodillas y ya no es una autoridad mundial, además, enfrenta problemas como la inflación, la inmigración y la pérdida de respeto a las instituciones, principalmente la de los policías, que no hacen su trabajo por miedo a ser encarcelados.

A su juicio, el próximo presidente debería ser un gran líder, alguien que pueda estar frente a frente con los líderes de China, Rusia y Francia. “Pero déjenme decirles, se trata de gente feroz. Son inteligentes, duros y no saben lo que es perder”. Hizo notar que Putin está pasando por un momento difícil y hay que tener mucho cuidado con lo que está sucediendo, que se está manejado de manera incorrecta.

Al referirse a las investigaciones en su contra, dijo enfrentarse a la cacería de brujas más grande de la historia y que, con el gobierno demócrata y la persecución de los rivales políticos, el comunismo ha llegado a EEUU, que los líderes de la izquierda radical demócrata planean encerrar a sus contrincantes y disidentes, lo que es el comienzo del comunismo.

Considera que el planeta se encuentra en peligro debido a la estupidez de Biden. “Debemos exigir la negociación inmediata de un fin pacífico a la guerra en Ucrania o terminaremos en la Tercera Guerra Mundial… Nunca hubiéramos tenido una guerra como esta y todo se debe a gente estúpida que no entiende nada… Tenemos que ser inteligentes y ágiles. Tenemos que saber qué decir, qué hacer”, e insistió, “estamos haciendo exactamente lo incorrecto. Terminaremos en la Tercera Guerra Mundial”.

Trump criticó que se prestara tanta atención al huracán Ian, mientras que se silencia un acontecimiento mucho más importante, a largo plazo, el sabotaje a los gasoductos Nord Stream 1 y 2, que conectan Rusia y Alemania a través del fondo del mar Báltico. “Esto podría llevar a una escalada mayor, ¡o a la guerra!” e insinuó que la Administración de Joe Biden podría estar detrás del sabotaje. Recordó que Biden amenazó con acabar con el Nord Stream 2. “Si Rusia invade Ucrania… entonces ya no habrá Nord Stream 2, le pondremos fin”. Cuando le preguntaron cómo Washington lograría eso si se considera que Alemania está controlando el gasoducto, respondió: “Le prometo que podremos hacerlo”. ¡Vaya, qué declaración!

Donald Trump vinculó este sabotaje con el conflicto en Ucrania y afirmó: “La catástrofe de Rusia y Ucrania no debería haber ocurrido nunca, y definitivamente no habría ocurrido si yo fuera presidente”. Instó a Washington a ayudar a solucionar el conflicto y no empeorar las cosas con la explosión de los gasoductos.

¿Qué reflejan las discrepancias entre Biden y Trump? Que es difícil prever en qué va a terminar la actual problemática política de EEUU, ya se necesita de un Nostradamus que pronostique el futuro de ese país; que se han eliminado los valores de libertad y democracia, en los que dicen actuar los políticos, los economistas, los militares y el sistema financiero de Wall Street; que se corre el riesgo de que en Occidente se propague el caos y ponga en peligro la integridad territorial de EEUU y que el remedio, Biden, podría resultar peor que la enfermedad, Trump.

Ambos políticos coinciden en que Rusia y China son las mayores amenazas para EEUU, porque han desafiado su poderío, influencia e intereses; se trata de una estrategia de carácter imperial, que centra sus actividades en la defensa de sus propios intereses, de un intento de mantener la caduca hegemonía de EEUU y su negativa a aceptar un mundo multipolar. Algunos pilares de esa estrategia estipulan la necesidad de conservar la paz mediante la fuerza, para incrementar la influencia de EEUU en el mundo. El fortalecimiento del poderío económico y militar de Rusia y China se ha convertido en un desafío para EEUU, que les acusa de atentar contra el orden mundial o, mejor dicho, contra el mundo unipolar.

El Presidente Putin indicó que Rusia cuenta con los recursos necesarios para en un futuro próximo alcanzar el desarrollo soberano, a pesar de las presiones externas y amenazas que afronta. Además, mantuvo una conversación con su homólogo chino, durante la cual destacó la importancia de la coordinación entre Rusia y China en los ámbitos económico, técnico-militar y energético.

A su vez, el Presidente Xi Jinping afirmó que China está dispuesta a aumentar la cooperación con Moscú, en el contexto de una situación internacional difícil. Pekín hizo hincapié en que la política exterior de China consiste en el desarrollo pacífico por medio de una mayor colaboración y entendimiento con las demás naciones, se apega con firmeza a la estrategia de apertura de beneficio mutuo y a resultados en los que todos ganan. Las conversaciones entre ambos presidentes demuestran que entre sus países hay un alto nivel de cooperación estratégica y una especial confianza mutua, que es la única opción correcta y viable.

En cambio, nació anacrónica la idea de Biden de que América regresó, porque con ella mide el presente con estándares del pasado, cuando se acostumbró a mandar y que le obedezcan. No acepta oír el ¡NO! de otras naciones e intenta imponer su voluntad mediante el miedo, aunque cada vez asuste menos. Vive la situación cuando un grupo de países se mueve en la dirección contraria a los intereses hegemónicos de EEUU, que ya no puede imponer su voluntad omnímoda y debe respetar la soberanía de los demás. El mundo cambió y EEUU no es la primera potencia económica ni posee las mejores armas del planeta, y eso es lo que Biden, ni la gente que le rodea, quiere aceptar. Más allá de la guerra verbal entre demócratas y republicanos, se hace patente que la unión de Rusia y China es invencible, un hueso imposible de roer.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.