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Los talibanes hablarán con sus armas

Fuentes: Asia Times Online

Traducido para Rebelión por German Leyens


En medio de un creciente furor en Gran Bretaña por las muertes en los últimos días de ocho soldados británicos en Afganistán, la iniciativa de buscar el diálogo con los talibanes al nivel superior de su dirección está ganando fuerza.

El líder talibán Mullah Omar es ahora el centro de la atención. Se informa que los militares paquistaníes dicen que está dispuesto a actuar como intermediario para ayudar al gobierno del presidente de EE.UU. Barack Obama en una «nueva propuesta diplomática para encontrar un fin al prolongado conflicto» en Afganistán.

Sin embargo, no se cree que Mullah Omar esté de humor para conversaciones. Durante los últimos meses, ha consolidado su control sobre varios grupos de resistencia, dispersos pero poderosos, en todo Afganistán y en las áreas tribales de Pakistán. Su objetivo en última instancia, como lo ha sido desde que los talibanes fueron derrocados en la invasión de 2001 dirigida por EE.UU., es la victoria militar contra las fuerzas extranjeras.

En la provincia Helmand en Afganistán, el principal teatro de la ‘oleada’ de la OTAN, 15 soldados británicos fueron muertos en los primeros 11 días de julio – incluidos ocho muertos en 24 horas el viernes – llevando la cantidad de bajas mortales de los británicos en el país desde octubre de 2001 a 184, cinco más que las vidas perdidas por las fuerzas británicas en Iraq. En la mayoría de los casos, las muertes han sido el resultado de artefactos explosivos improvisados y de bombas a control remoto, en lugar de ataques de la guerrilla.

Las bajas británicas han provocado una discusión política sobre el futuro del papel de Gran Bretaña en Afganistán. Liam Fox, secretario de defensa del gabinete fantasma, dijo que el primer ministro Gordon Brown ha equipado insuficientemente de manera ‘catastrófica’ a las fuerzas armadas.

En las provincias alrededor de la capital afgana, Kabul, los talibanes han vuelto a establecer un firme control en las cruciales provincias de Ghazni, Logar y Wardak, paralizando virtualmente el control de las administraciones locales.

El sábado, el gobernador de la provincia Ghazni escapó apenas a un ataque dirigido por los talibanes. En provincias fronterizas como Kunar y Nuristan, donde hace sólo unos pocos meses la OTAN y las fuerzas de seguridad paquistaníes (al lado paquistaní en las agencias Mohmand y Bajaur) habían cantado victoria sobre los talibanes gracias a la Operación Corazón de León, los talibanes vuelven a aparecer.

En esta coyuntura crucial, y con elecciones nacionales programadas en Afganistán para el próximo mes, el establishment militar de Pakistán ha salido a la palestra. Durante los últimos años fue reducido al papel de un Estado cliente de los países occidentales para eliminar el lío en las áreas tribales de Pakistán, que sirven de trampolín para la insurgencia en Afganistán.

Antes de los ataques contra EE.UU. del 11 de septiembre de 2001, y el subsiguiente lanzamiento de la «guerra contra el terror», las comunidades militares y de inteligencia de Pakistán habían jugado un papel dominante en Afganistán, con estrechos lazos con los talibanes y otras organizaciones yihadistas.

La semana pasada, el general Athar Abbas, portavoz de las Relaciones Públicas Inter-servicios de Pakistán (ISPR) dijo en una entrevista con CNN, que no sólo «Pakistán está en contacto con el líder talibán afgano Mullah Omar, sino que puede llevarlo a él y a otros comandantes a la mesa de negociación con EE.UU.»

Abbas dijo que a cambio de cualquier rol como mediador entre EE.UU. y los talibanes, Pakistán quiere concesiones de Washington respecto a las preocupaciones de Islamabad respecto a su rival, India, ya que teme que esté ganando demasiada influencia en la región.

Como reacción, Richard Holbrooke, enviado especial de EE.UU. para Afganistán y Pakistán, dijo según CNN: «Hace tiempo que hay afirmaciones sobre continuos contactos [entre Pakistán y los talibanes]. Y creo que es un paso adelante que los paquistaníes digan en público lo que todos han asumido permanentemente.» Holbrooke no excluyó la posibilidad de conversaciones con los talibanes.

La decisión, sin embargo, depende de Mullah Omar.

El resurgimiento de Mullah Omar

Diferentes agencias de inteligencia, incluyendo la de Pakistán, categorizaron la resistencia nacional afgana como dependiente del comando de diversos grupos. Estos incluyen al grupo Qari Ziaur Rahman en Kunar y Nuristan en Afganistán y Mohmand y Bajaur en Pakistán; la red Haqqani en Ghazni, Paktia, Paktika y Khost y en el área tribal de Waziristán del Norte en Pakistán; Anwarul Haq en Nangarhar, aparte de la red en el norte de Afganistán dirigida por comandantes leales a Gulbuddin Hekmatyar.

En general se aceptaba que Mullah Omar, aunque sea el líder espiritual y simbólico, había sido reducido a ser un comandante regional de las provincias del sudoeste afgano de Kandahar, Helmand, Urzgan, Zabul y Farah. A pesar de la extensión de la resistencia a todo Afganistán, se pensaba que la estructura central de comando que los talibanes habían adquirido en 2006 había sido perdida y que la coordinación dentro de los grupos de resistencia había sido reducida a un mínimo.

Esto ocurrió cuando la OTAN envió más tropas a Afganistán a principios de año, en tándem con operaciones conjuntas con la ayuda de Pakistán para impedir la infiltración a través de la frontera. Las operaciones militares en las agencias Mohmand y Bajaur de Pakistán redujeron significativamente la cantidad de combatientes infiltrados hacia Afganistán.

Los ataques de drones Predator sin tripulación en las áreas tribales ayudaron a mantener en fuga a los dirigentes de los combatientes y de al-Qaeda, mientras las operaciones contra el jefe talibán paquistaní Baitullah Mehsud y los combatientes en el área de Swat causaron mucho daño a la resistencia dirigida por los talibanes.

En el proceso de correr de lugar a lugar, sin embargo, los combatientes buscaron apoyo mutuo y establecieron nuevas líneas de cooperación y coordinación – y Mullah Omar volvió a entrar en actividad.

Una gran shura (consejo) fue convocada en el sudoeste, que reunió a comandantes grandes y pequeños, incluyendo a Abdullah Saeed, comandante en jefe de al-Qaeda para Afganistán.

Mullah Omar, dijo una fuente del campo de al-Qaeda a Asia Times Online, subrayó que cada grupo debía establecer una estrategia coherente de combate, y su preferencia debía ser Afganistán.

Significativamente, se previó un rol importante para al-Qaeda y la guerra afgana será ahora su objetivo primordial. Al-Qaeda seguirá transfiriendo su personal de Oriente Próximo al teatro de operaciones bélicas en el sur de Asia, especialmente desde Iraq. Esos hombres llevan consigo considerable experiencia, en especial en el campo de los artefactos explosivos improvisados y de las técnicas de emboscada.

La shura también integró a varios pequeños comandantes de las provincias Logar y Kabul a las estructuras principales de los talibanes. Previamente, esos protagonistas habían recibido un financiamiento mínimo, pero ahora, debido a su posición estratégica, recibirán fondos y recursos humanos de comandantes importantes como Sirajuddin Haqqani. El objetivo es lanzar ataques en conjunto contra las arterias principales de la OTAN, como ser la línea de aprovisionamiento de Jalalabad a la base aérea Bagram en las afueras de la capital Kabul.

A la luz de estos eventos, queda poco sitio para la idea de un proceso de diálogo con alguien – menos todavía con EE.UU.

El año pasado, Arabia Saudí patrocinó esfuerzos para acercarse a los talibanes. Esa iniciativa de paz, sin embargo, consistió sobre todo de antiguos talibanes y gente que no estuvo involucrada directamente en la insurgencia armada en Afganistán.

Este año, los esfuerzos saudíes parecieron estar a punto de entrar a una fase significativa cuando el jefe de la inteligencia saudí, príncipe Muqrin bin Abdul Aziz, participó directamente en el proceso de mediación.

Un afgano-estadounidense, Daoud Abedi, estrecho colaborador del comandante afgano Gulbuddin Hekmatyar, se involucró en negociaciones con los estadounidenses. El príncipe Aziz se proponía contactar a Mullah Omar a través del antiguo embajador talibán en Pakistán, Mullah Abdul Salam Zaeef. A pesar de muchos esfuerzos, no tuvo éxito, aunque hubo contactos con Mullah Bradar, supremo comandante de los talibanes, nombrado por Mullah Omar y su lugarteniente de máxima confianza.

El diálogo se desarrolló hasta el punto en el que los dirigentes de al-Qaeda comenzaron a sentirse amenazados – sobre todo comandantes talibanes en el sudoeste estaban desesperados por llegar a acuerdos de paz con la OTAN y hablaron de al-Qaeda como de un lastre. El príncipe Aziz se sintió suficientemente optimista como para decir que hasta fines de año se habría preparado la escena para que EE.UU. y los talibanes comenzaran a discutir fórmulas de paz.

Después de la gran shura y la consolidación militar en Afganistán, sin embargo, Mullah Omar envió un claro mensaje al príncipe Aziz en el sentido de que una victoria militar es la única opción posible para los talibanes y que nada puede detener la guerra excepto una clara derrota de los ejércitos de ocupación occidentales en Afganistán.

Tal vez sea el motivo por el cual el departamento de Relaciones Públicas Inter-Servicios de Pakistán se haya sentido obligado a emitir una declaración que «negaba enérgicamente» las observaciones hechas por Abbas de que «Pakistán está en contacto con el líder talibán afgano Mullah Omar, y puede llevarlo a él y a otros comandantes a la mesa de negociación.»

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Syed Saleem Shahzad es jefe del Buró Pakistán de Asia Times Online. Su correo es: [email protected]

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http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KG14Df01.html