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Puerto rico: ¿posible colapso del regimen colonial?

Fuentes: Rebelión

¿Será posible que el régimen colonial en Puerto Rico caiga como resultado de un levantamiento espontáneo de la población -ante la gravedad de la crisis que vive la isla- y no como consecuencia de un asalto organizado por parte de las fuerzas antiimperialistas? ¿Se adelantarán las masas –sua sponte– a los líderes tal y como […]

¿Será posible que el régimen colonial en Puerto Rico caiga como resultado de un levantamiento espontáneo de la población -ante la gravedad de la crisis que vive la isla- y no como consecuencia de un asalto organizado por parte de las fuerzas antiimperialistas? ¿Se adelantarán las masas –sua sponte– a los líderes tal y como pasó en la lucha por sacar a la Marina de Vieques?

Aunque quizás sea un poco prematuro para hacer una predicción certera sobre el posible colapso del régimen colonial en Puerto Rico, hay ciertos factores que hacen que la idea no sea del todo descabellada. El primero es el modo en que las leyes de la historia se han encargado de poner fin a otros regímenes políticos anacrónicos. El colapso del régimen zarista en febrero de 1917 en Rusia viene enseguida a la mente. Como sabemos, éste cayó inesperadamente en sólo ocho días como resultado de una combinación única de factores, nacionales e internacionales, que dejaron estupefactos incluso al liderato bolchevique. Hay otros casos y ejemplos en la historia, pues incluso el fin del régimen esclavista del Sur estadounidense estuvo condicionado en no poca medida, como bien indicó Marx, por el colapso súbito de su sistema monetario en medio de la Guerra Civil. Una cosa innegable sobre el régimen político existente en Puerto Rico es su naturaleza completamente arcaica, contraria no sólo al derecho internacional sino a la realidad de un país de fuerzas productivas avanzadas y con una cultura nacional propia. El aparato estatal colonial carece de relevancia histórica inmediata para las grandes masas.

El segundo factor que debe mencionarse es el estado de ánimo de las masas trabajadoras en el país. A partir del asesinato del revolucionario independentista Filiberto Ojeda Ríos, Puerto Rico vive una situación de movilización creciente de amplios sectores de la población, movilizaciones que abarcan no sólo al proletariado sino también a estudiantes de todos los niveles escolares, desempleados, comunidades afectadas por la contaminación ambiental, transportistas, pequeños comerciantes, etc. Las organizaciones independentistas y socialistas, específicamente, se han mantenido en movilización continua alrededor del tema de la represión y la presencia del FBI en la isla. Algunas de las protestas tienen un contenido económico inmediato como lo son las motivadas por el elevado costo de vida y las luchas obreras. Pero otras implican sin mediación alguna al Estado, ya que giran alrededor de la falta de servicios gubernamentales adecuados, el deterioro de la educación, la estructura desigual de la tributación que favorece a los ricos, la rampante corrupción gubernamental y la concesión de privilegios a los grandes intereses que controlan el movimiento de bienes raíces y el comercio. Además, el gobierno colonial es el principal patrono en la isla y se enfrenta hoy a uniones combativas y de elevadísima conciencia social, particularmente en el área de la producción de energía eléctrica y los trabajadores de la educación.

El tercer factor que debe mencionarse es el impacto particular del militarismo sobre la población puertorriqueña. Hasta ahora han muerto 50 soldados boricuas en Irak. Esta es una guerra muy antipática en Puerto Rico. La organización Madres en Contra de la Guerra, formada precisamente por familiares de militares boricuas, goza de un gran poder de convocatoria en la Isla y se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los reclutadores militares. La guerra y el militarismo actúan en Puerto Rico, usando la expresión de Lenin, como verdaderos catalizadores de conciencia social y revolucionaria, pues acarrean sacrificios económicos con la reducción del presupuesto federal para cuestiones no militares, además del dolor de la pérdida de familiares.

Un cuarto factor que está jugando un papel cada vez mayor es el de la crisis fiscal del gobierno colonial. Puerto Rico continúa siendo un centro de inversiones muy importantes para el gran capital monopolista estadounidense. En el año 2004 tan sólo los ingresos de estos capitales se treparon a la cifra de 30 mil millones de dólares. Pero estas compañías casi no pagan contribuciones al gobierno local, a pesar de que son subvencionas de mil formas con energía eléctrica barata y otros importantes gastos infraestructurales. Son las masas trabajadoras las que cargan con el grueso del ingreso estatal por concepto de contribuciones. Además, en Puerto Rico hay una grave crisis de evasión fiscal por parte de los ricos. De ahí brota un desequilibrio fiscal extraordinario que los políticos de la isla resuelven con la deuda gubernamental, la eliminación de servicios a la gente y, más recientemente, con propuestas de contribuciones sobre la venta al consumidor directo. Los bancos estadounidenses que tienen en sus manos la deuda estatal están presionando al gobierno colonial para que reduzca el gasto de beneficencia social y obtenga concesiones de las uniones.

El quinto factor es el despertar de una conciencia nacional antiimperialista. A pesar de más de un siglo de dominación estadounidense, el español continúa siendo el lenguaje de la inmensa mayoría de la población, que sigue viendo a Puerto Rico como una región culturalmente diferenciada al interior de las fronteras del imperio. La importancia de esto no debe subestimarse en aras de avanzar un análisis marxista alegadamente libre de impurezas. Tal cosa no existe. El marxismo parte ante todo del reconocimiento de lo real concreto, incluyendo el peso de las tradiciones en la conciencia de las masas. La victoria del pueblo de Puerto Rico en contra de la Marina en Vieques, por ejemplo, se apoyó en la defensa de la cultura puertorriqueña y en la tradición militante de lucha del nacionalismo revolucionario pequeñoburgués. La persistencia de esos rasgos culturales, paradójicamente, han facilitado en momentos de crisis un grado importante de divorcio espiritual entre las masas y la ideología imperialista, como ocurrió hace poco con el asesinato de Ojeda Ríos y la represión desatada en contra de toda la población trabajadora. De lo que se trata, para los socialistas, es de delinear claramente los parámetros de alianzas con estos sectores de idiosincrasia pequeño burguesa, y no de entablar una lucha sin cuartel contra ellos que nos pueda privar innecesariamente de aliados importantes.

Estos cinco factores no operan en el vacío. Los tres partidos políticos en que se agrupa la debilucha burguesía puertorriqueña continúan, como hace décadas, proponiendo una salida reformista al problema del estatus de la isla. El patrón seguido ha sido el proponer periódicamente la celebración de algún tipo de mecanismo constitucional -sea un plebiscito o una Convención Constituyente- con la validación del congreso federal estadounidense. Pero a pesar de todo un número de esfuerzos reformistas desde 1968, Estados Unidos nunca se ha comprometido a respetar la voluntad del pueblo de Puerto Rico, mucho menos a la celebración de una convención constituyente que cumpla con los requisitos del derecho internacional, lo que ha sido la demanda fundamental del nacionalismo revolucionario pequeñoburgués en la isla. Importantes sectores de la izquierda socialista han coincidido con el nacionalismo en este reclamo. El consenso general es que los intentos de dar solución al problema colonial por la vía reformista están bastante estancados.

Tomando como referencia la historia reciente, los procesos de lucha en Puerto Rico tienden a seguir un patrón de desarrollo que podemos caracterizar de «efervescencia tropical«, concepto usado por Julio Antonio Mella para hablar de las transformaciones potencialmente revolucionarias en El Caribe. Lo bueno de esta dinámica es que la cresta de la ola de rebeldía social sube rápidamente como la espuma de cerveza. Lo malo es que sube con tal rapidez que rara vez da tiempo para que las fuerzas antiimperialistas sobrepongan sus divisiones ideológicas y guíen las masas más allá del reclamo de reformas estrictamente inmediatas. Las masas imponen su voluntad hasta donde pueden, muy a pesar del liderato, siempre dividido. Exactamente esto fue lo que pasó en Vieques. Allí el liderato no logró superar ni tan siquiera las animosidades personales. Inevitablemente, al comenzar el proceso de descenso de la ola, se desinfló el movimiento de masas. Lo que se logró -que fue, sin dudas, mucho- se hizo a pesar del liderato agriamente dividido.

Hoy Puerto Rico parece vivir el comienzo de una ola de rebeldía social más generalizada y más fuerte que la de Vieques. Esta ola tiene como protagonista principal a la clase trabajadora puertorriqueña, incluyendo a los sindicatos. Los estudiantes también juegan hoy un papel de vanguardia pues han logrado movilizarse efectivamente, en no poca medida, al margen de las divisiones de las organizaciones antiimperialistas. Además, lo que hace esta situación particularmente prometedora es que las opciones reformistas han chocado con un muro gigantesco y la gente en la calle lo sabe. El divorcio entre la colonia y los intereses de las grandes mayorías se ahonda. Si las organizaciones independentistas y de izquierda no encuentran el camino de la unidad, las masas tendrán que resolver el problema como en Vieques, por cuenta propia. Tal será quizás el modo en que el coloniaje encuentre su fin en Puerto Rico. Mientras más iniciativa tomen las masas trabajadoras, más se moverá hacia la izquierda todo el movimiento. Al final del día, como decía Lenin, todas las revoluciones son procesos originales. Por eso, el pensamiento revolucionario no puede ser un dogma: «El principal error que cometen los revolucionarios es que miran atrás a la viejas revoluciones, mientras que la vida nos da demasiadas cosas nuevas que tienen que ser acomodadas en el curso general de los eventos» [V.I. Lenin. Conferencia del R.S.D.L.P. de la ciudad de Petrogrado . Obras Completas, 14 al 22 de abril de 1917, Tomo 24, p. 141].