En este país donde nadie dimite, a casi nadie cesan y tantos dirigentes se apresuran a poner la mano en el fuego por un presunto corrupto de su propio gremio, el cese fulminante de la directora –la primera mujer directora en 85 ediciones— de la Feria del Libro de Madrid debiera haber sido considerado un notición de portada. Y, sin embargo, algunos medios han dejado pasar la noticia sin mayor empeño.