Resulta, como argumentó Pierre Bayard, más fácil hablar de los libros que no has leído que de las películas que no has visto. Quizás porque el visionado de un film, a diferencia de la lectura, conlleva un supuesto engrosamiento de la “experiencia”: en la sala de cine uno es consciente de la duración del evento (compartida con otros cuerpos) del empaque narrativo. No hay interrupciones severas.