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Nuestra América: 1520-2020

¡500 años después las epidemias siguen aquí!

Fuentes: Rebelión

Comúnmente los estallidos epidémicos, las epidemias y las pandemias se presentan cuando existen las condiciones dadas para que los factores que las producen (incluidos de manera importante los microparásitos: bacterias, virus, rickettsias, hongos, etc.) converjan en un momento histórico determinado y en territorios concretamente susceptibles para prender en las poblaciones humanas, en sus cuerpos personales, sociales y ecológicos. Son de hecho ecodemias, pues las condiciones medioambientales en vinculación con las actividades humanas, en lo que Marx llamó el «metabolismo sociedad-naturaleza», son las que permiten explicarlas, entenderlas y actuar eficazmente para controlarlas y superarlas.

La pandemia de 1520 como la actual de 2020 se produjeron bajo condiciones histórico-concretas críticas y sus respectivas “víctimas” fueron y son las poblaciones más susceptibles y vulnerables social, económica y ecológicamente hablando de sufrirlas de manera más grave. Se trata en ambas pandemias de Síndromes de InmunoDeficiencia Impuestos (SIDIS) por sectores dominantes expansionistas: en un caso los invasores-conquistadores-colonizadores ibéricos proto-capitalistas (mercantilistas) y en el otro (el actual) por invasores-explotadores-neocolonizadores capitalistas trasnacionales (neoliberales).

1520: año crucial para la historia de las epidemias

Para México, para América y para el mundo, 1520 fue el año en que una nueva pandemia encabezada por la viruela reinaugura la segunda fase del ciclo de epidemias de larga duración que conformará la mundialización de los ecosistemas microparasitarios que a su vez se inserta como parte nodal de una unificación ecológica del planeta y que va a producir el moderno régimen epidemiológico. Es la epidemia de viruela seguida de otras como la de sarampión, el tifus, la sífilis, la varicela, tosferina, paroditis y las propias pestes, en el comienzo de la segunda década del siglo XVI (1520-23) las que constituyen esta segunda fase dando continuidad histórica y extra territorial a la peste o muerte negra europea de los siglos XIV y XV, fue en 1345 cuando proveniente de Asia llega a tierras europeas (e incluso se extiende a regiones de África del norte) arrasando ciudades y pueblos y es alrededor de 1490 cuando se registran los últimos brotes letales en ese continente.

Dos momentos históricos del capitalismo: 1520 y 2020

Este proceso histórico-social total del siglo XVI justamente sucede en los inicios del sistema capitalista (lo que Karl Marx llama la acumulación originaria) y la pandemia actual del SARS-Cov-2 que produce el síndrome del Covid-2 sucede en lo que podrían ser los finales de dicho modo de producción. Ambos años 1520 y 2020, pues, marcan una historia de 500 años de perturbaciones ecológicas y epidémicas producidas por la lógica codificada en el ADN del sistema de producción y reproducción capitalista: su expansionismo obsesivo-compulsivo en la búsqueda de recursos materiales e inmateriales, mediante despojos, esclavizaciones y expoliaciones sin importar las consecuencias dañinas a los ecosistemas y a la ecorporeidad humana (al metabolismo humanidad-naturaleza).

A diferencia de la coyuntura de 1520 cuando el capitalismo y su capitaloceno recién emergían en el mundo y en la cual la humanidad apenas contaba con 450 millones de habitantes y se encontraban con un gigantesco territorio por invadir-conquistar-colonizar, es decir convertir según su código expansivo a su lógica mercantil subsumidora, es decir a generar e imponer su dominio a partir del crecimiento de sus fuerzas productivas y sus relaciones de producción. La pandemia del SARS-Cov-2 forma también parte de otro ciclo de epidemias y pandemias, pero esta vez de corta duración (circa 40 años), precedida de las microparasitarias VIH-SIDA, el SARS, MERS, la gripe Aviar, la AH1N1, el Ébola así como otras biosociales como Diabetes, obesidad, alcoholismo, tabaquismo, drogadicción y de otras epidemias reemergentes como cólera, malaria, etc. de tal manera que nos encontramos en una época de una Pandemia de epidemias convergentes y persistentes, ello bajo el capitalismo decadente y su capitaloceno ya extendido globalmente. Se desenvuelve con una humanidad acrecida enormemente de 8 mil millones de seres humanos conectados por tecnomedios de transportes y de comunicación expeditos e instantáneos; en un planeta devastado, contaminado y a punto de colapsar debido a una sobreexplotación de recursos naturales (bosques, selvas, acuíferos, biodiversidad) debida al hambre de ganancias del capitalismo desplegada durante 500 años de intenso y contradictorio crecimiento. Y seres humanos asediados por miserias y desigualdades a favor de una minoría de 1%. Todo ello debido al modo de vida productivista-consumista y a los sistemas estatales e internacionales de control (Davos, G/7, BM. FMI, OCDE, etc.) impuestos por las trasnacionales y las instituciones dominantes oficiales a nivel mundial y nacional (ONU, OIT, OMS, CDC).

Situación “médica” en Abya Yala

En 1520 no se conocían las causas integrales de las epidemias, tampoco existían sistemas médicos institucionalizados, igualmente no se contaba con una política mundial para tratar las epidemias o pandemias. Obviamente tampoco estaba la medicina microbiológica y alopática para tratar de enfrentar las enfermedades infecciosas, así como los conocimientos médico-científicos sobre la existencia específica de los microparásitos y cómo identificarlos y combatirlos con vacunas y medicamentos fármaco-químicos. Las especialidades como la microbiología, la epidemiología, etc., así como las políticas de salubridad, higiene, etc. fueron producto de los siglos XVII al XIX, y los descubrimientos de dichos microorganismos fue durante los siglos XIX y XX con personajes como, Louis Pasteur, Robert Koch, Alexandre Yersin y Dmitri Ivanovski.

Lo que se conoce como el continente americano (o como la llamaron los indígenas Kuna de Panamá: Abya Yala) a finales del siglo XV y durante el siglo XVI fue tierra virgen (virgin soil) para la llegada masiva de las enfermedades infecto-contagiosas que trajeron inicialmente los invasores españoles (desde la llegada de Cristóbal Colón en 1492). Esto es, no existían ni codificaciones biológicas y sanitarias ni experiencias previas respecto de esos microparásitos específicos y de las enfermedades que co-producían.

En el caso de Mesoamérica, especialmente el caso de la cuenca de México y algunas zonas mayas donde las poblaciones estaban aglomeradas, las fuentes y las investigaciones etnohistóricas que las han interpretado, documentan crisis ecológicas con plagas, sequías y hambrunas acompañadas de enfermedades contagiosas, que en náhuatl se nombran genéricamente como cocoliztli. Tenemos el caso del xekik o vómitos de sangre de la zona maya-quiché, entre 1342 y 1362, o la pestilencia producto del ciclo sequía hambre entre los pueblos de los lagos del valle de México entre 1454 y 1456, grave enfermedad que los nahuas llamaron netochhuíloc (del año uno conejo).

Especificidad y consecuencias de la pandemia de viruela y similares en 1520

Destacamos la pandemia de 1520, pues diferentes epidemias y enfermedades conocidas y desconocidas asolaron de manera intermitente pero con continuidad durante todo el resto del siglo al continente americano en todas sus regiones y a todos sus pobladores, pero la inmensa mayoría de las víctimas fueron los nativos que según cálculos promediales eran hacia 1492-1519 aproximadamente unos 80 millones de pobladores.

El virus de la viruela lo portaban los españoles y éstos infectaron en Cuba a algunos africanos esclavizados por estos, así cuando las huestes de Pánfilo de Narváez se incrustaron en tierras mesoamericanas para tratar de apresar al invasor Hernán Cortés, contagian primero a indígenas mayas de Cozumel y de allí se extiende a toda la península yucateca y cuando llegan a tierras de los totonaks (principalmente Cempoala) la epidemia se difumina por todo Mesoamérica hasta alcanzar con rapidez todo Centro y Sudamérica. Siendo el porcentaje de personas que fallecen por dicho síndrome infeccioso en poblaciones “vírgenes” de 80 a 95 %; se genera bajo el contexto lleno de tensiones y conflictos del impacto invasor una primera y drástica baja de población nativa de alrededor de 20-25 millones de personas en la primera oleada, que se concentra desde 1519 a 1523. Pero es el año 1520 que es fatídico para los amerindios. La viruela y otras afecciones (que los nahuas llamaron huey záhuatl o gran enfermedad) afecta ese año a varios grupos mesoamericanos (chontales, popolucas, tlaxcaltecas) en la ruta conquistadoras de Narváez y Cortés, siendo un factor clave para el debilitamiento de la resistencia de los mexicas, tlatelolcas y otros grupos nahuas y tecpanecas en la defensa de Tenochtitlan-Tlatelolco y de otras ciudades del sistema de lagos como Texcoco, Iztapalapan y Atzcapotzalco. Los mexicas de Tenochtitlán perdieron a su huey tlatoani Cuitláhuac a los 80 días de su reinado (7 de septiembre-28 de noviembre), después que éste había organizado y encabezado como jefe del ejército la expulsión de Tenochtitlán de los españoles del palacio de Moctezuma el 30 de junio (que se refugian ese mismo día en Popotla sobre la calzada de Tlacopan, donde Hernán Cortés, según cuenta B. Díaz del Castillo, llora lamentando la derrota de su ejército y las pérdidas de joyas y oro, junto al ahuehuete de la “noche triste”) . Tal vez justo debido a los efectos físicos y morales de la llamada «matanza del Templo mayor» entre los sacerdotes y nobles, así como el desgaste de la batalla entre los militares nahuas pudo dar inicio la infección entre dicha élite y así después de su investidura en el momento que reconstruía edificaciones y preparaba la resistencia de la ciudad, cae enfermo y da pausa para que los españoles y sus aliados tlaxcaltecas (que igualmente habían sufrido en Tlaxcala la epidemia de viruela lamentando la muerte de su dirigente Maxixcatzin) refuercen sus armamentos y estrategias para asediar la ciudad de mayo a agosto de 1521.

En el año de 1520 se registraron epidemias en poblados mayas de lo que actualmente es Guatemala (“flujo de narices”) y quizás en lo que hoy son territorios de Panamá (viruela), igualmente, y quizá de manera simultánea con el brote mexica, entre la élite inca. Esta epidemia, si se tratase de viruela como se ha planteado, es sorprendente porque sin haber hecho acto de presencia física en esas tierras los invasores españoles (pues las expediciones de Francisco Pizarro a Perú comienzan en 1524 y logra penetrar a Cuzco hasta 1533) el contagio llega (tal vez vía indígena antillana-centroamericana) hasta el corazón de la ciudad inca, haciendo sus víctimas entre otros, a los personajes de la corte real: el soberano Qapac Inca Huayna (los quechuas llamaron a la rara enfermedad con manifiestos escalofríos y fiebre con erupciones chucchu rupu), posteriormente mueren por afecciones semejantes y respiratorias los líderes militares, gobernadores familiares y allegados del Inca Huayna (Apu Hilaquito, Auqui Tupac, Mihcnaca Mayta, Mama Qoca, etc.). La cuestión es que dichos estallidos epidémicos que se repitieron en los siguientes años (de 1520 hasta la llegada y dominio español en la década de 1530), debilitaron líneas y jerarquías de mando. Por ejemplo hacia 1526 después que murió Huayna Qapac propició y desencadenó la lucha por el poder entre Huascar y Atahualpa, lo que trastocó, pues, la estructura del poder, provocando la guerra civil y la debilidad política y militar inca, condiciones que los españoles aprovecharon para invadir, asaltar y saquear esa sociedad.

La viruela y otras afecciones concomitantes y asociadas pasaron posteriormente de los incas hasta el resto de las poblaciones indígenas del Tahuantinsuyo: concretamente la actual Bolivia, y desde allí se diseminaron hacia asentamientos comunicados por todos los poblados del actual Paraguay y Argentina, siguiendo el curso del río de la Plata y de sus afluentes.

Esas otras afecciones, muchas de ellas también patologías epidémicas fueron para todos los casos de los pueblos de Abya Yala, nocivas y letales: enfermedades extrañas, confrontaciones guerreras, estrés extremo, decaimiento vital y moral, hambrunas, desnutriciones, alcoholismo y mortandades, de tal manera que al cabo de un siglo (1520 a 1620) hubo una resquebrajamiento demográfico que podemos llamar genocidio-etnocidio de entre 80 a 95% de la población (quedando solo entre 16 a 4 millones) de los grupos originarios amerindios.[1]

Situación actual en Nuestra América ante la Pandemia Covid-19

Las epidemias actuales en América, especialmente en Latinoamérica se han incrementado en los últimos 40 años de capitalismo neoliberal que ha empobrecido económica, social, emocional y mentalmente a millones de pobladores del campo y la ciudad, siendo especialmente vulnerables las personas mayores, los niños, los indígenas y los precarios en general; la desnutrición debido a dietas basadas en grandes cantidades de productos chatarras, así como la insalubridad, la falta de servicios y el desmantelamiento de los sistemas médicos públicos han creado las condiciones propicias para cuerpos e inmunidades débiles susceptibles a contagios biológicos y socioculturales. Citemos el caso de enfermedades que se consideraban superadas o disminuidas y vuelven a aparecer con fuerza en todas las estaciones del año: sarampión, dengue, zika, influenzas de diversos tipos, etc.[2] Y este 2020 con la pandemia de la Covid-19 se han hecho más que evidentes dichas fragilidades en nuestros sistemas inmunológicos personales y sociales, además de las inseguridades y los miedos que retroalimentan la depresión de nuestra inmunidad. Además están las patologías agravadas durante el neoliberalismo, por ejemplo: alrededor de 420 millones de americanos son hipertensos (350 en Latinoamérica) y 250 millones en América son diabéticos (200 en Latinoamérica). Particularmente en Latinoamérica 20% de la población rural vive en extrema pobreza y la OPS (Organización Panamericana de la Salud) estima que 20 millones de personas caerán en inseguridad alimentaria. Y ahora justo desde inicios del mes de junio América se ha convertido en el epicentro de la pandemia por el aumento de contagios y por las defunciones registradas.

Cinco de los 10 países con mayor número de infecciones diarias son americanos (cuatro latinoamericanos): Estados Unidos, Brasil, Perú, Chile y México; el número de infectados en América es para el 10 de junio de 3 millones 500 mil (EU rebasó los 2 millones). América concentra 190 mil decesos (EU rebasó los 112 mil fallecidos). Además se están reportando incrementos alarmantes de infectados y fallecidos en las comunidades indígenas (y grupos afroamericanos) desde Canadá hasta Patagonia, debido a la pobreza, falta de agua corriente y otras carencias en vivienda y acceso a servicios sanitarios. Por ejemplo: en Estados Unidos, la nación Navajo, tal como se conoce el principal territorio indígena del oeste del país, se ha convertido en el segundo foco de la epidemia de coronavirus, presenta a inicios de junio más de 4 mil casos con una tasa de infección per cápita justo por detrás de la de la ciudad de Nueva York, epicentro de la epidemia en Estados Unidos. El número de muertes se acerca a las 150. Los más de 130 grupos étnicos que viven en la cuenca del Amazonas (zona bastante deteriorada ecosistémica, cultural y socioeconómicamente) y que albergan a más de 2400 territorios en ocho países, rebasan los 2 mil casos y más de 600 decesos; están pues en grave peligro etnocida, incluso de extinción. Sin embargo, muchos grupos se han organizado (asambleas, brigadas, comités, comisiones) con base en sus formas colectivas de vigilancia y autogestión para detener y resistir el impacto de la pandemia.

Desafío histórico-inmunológico

Quinientos años después del reinicio de las epidemias en el continente amerindio que completaron durante el siglo XVI y XVII la unificación microparasitaria del mundo y que, en su total (junto con las del siglo XIV en Europa) mataron a más de 100 millones de personas, sin duda ha sido la pandemia de larga duración más letal de la historia humana. Las epidemias del capitalismo salvaje neoliberal siguen en nuestros países y pueblos, causando estragos en todos los aspectos de la vida bio-socio-cultural. Es hora no solo de decir basta, sino también, y sobre todo, de encontrar y construir alternativas ecológicas y colectivas fortalecedoras de nuestras inmunologías (nutrición-alimentación, atención médico-sanitaria de calidad, gestión de los saberes y de las riquezas naturales, tecno-económicas y sociales) y superadoras del capitalismo, del capitaloceno y de sus degradantes neo-pestes apocalípticas.

Notas:

1 Véase. Adame Cerón, Miguel Ángel (2000), La conquista de México y la mundialización epidémica, Ediciones de Taller Abierto, México, D F.

2 Véase. Adame Cerón, Miguel Ángel, Ébola y la neomundialización epidémica. Ecorporeidad, Geopolítica y Medicina Dominante. Editorial Navarra, Ciudad de México, 2016.

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