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Cerca de 2000 menores son recluidos cada año en los centros de inmigración

Dentro del centro de retención Yarl’s Wood: La vergüenza de Gran Bretaña por los menores retenidos

Fuentes: The Independent

Traducido para Rebelión por Christine Lewis Carroll

Un informe realizado por el Defensor del Menor para Inglaterra denuncia que a los menores retenidos en el centro infame para inmigrantes Yarl’s Wood se les deniega tratamiento médico urgente, son tratados con agresividad y expuestos a graves peligros.

La investigación llevada a cabo por Sir Al Aynsley-Green pinta un cuadro espantoso de negligencia y hasta crueldad hacia los menores atrapados dentro de los muros y alambradas del centro, e informa que hay «pruebas importantes de que la retención perjudica a los menores».

Desde su apertura en 2001, el centro de retención de Bedfordshire ha pasado por huelgas de hambre, incidentes de auto-lesión, un suicidio y motines. El centro se incendió y sufrió importantes daños en 2002. A pesar de repetidos escándalos – y los resultados que denuncia esta investigación – se concedió permiso el mes pasado para doblar la capacidad del centro desde 405 plazas a casi 900.

Cerca de 2000 menores son retenidos cada año en los centros de inmigración – la mitad de ellos en Yarl’s Wood, gestionado por una compañía privada, Serco, desde 2007. Lo que describe el informe es una cárcel en todo menos el nombre. Políticos, expertos en inmigración y médicos han hecho un llamamiento para poner fin a la retención de menores y para tomar medidas urgentes que aseguren que los retenidos son tratados con humanidad.

El informe revela que las garantías más básicas para los menores están fallando en Yarl’s Wood. Asuntos graves relativos al bienestar de los menores fueron ignorados y éstos seguían retenidos estando enfermos o en peligro a causa de la salud mental de sus padres. Su bienestar también está bajo mínimos durante su detención y traslado al centro.

En cambio, las reuniones celebradas entre servicios sociales, la UKBA (Agencia de Fronteras del Reino Unido) y el personal de Yarl’s Wood para discutir las implicaciones que representa para el bienestar de un menor encerrarlo durante 28 días, se centraron en temas legales y de relaciones públicas. El Defensor del Menor pide urgentemente «que se tenga en cuenta los intereses del menor, cuestión fundamental al tomar decisiones sobre la retención».

La UKBA afirma que se han tomado medidas para proteger a los menores desde la inspección de mayo pasado, pero Lisa Nandy, responsable de planes de acción de la Children’s Society (empresa que se ocupa del bienestar de los menores), cuestiona esto. «La agencia no ha llevado a cabo las mejoras necesarias para proteger a estos menores. El Secretario de Estado del Menor debe intervenir inmediatamente, ya que este informe expone riesgos graves sobre la protección de los menores que no han sido abordados adecuadamente.»

El Defensor del Menor halló que se denegó tratamiento hospitalario a menores que se encontraban gravemente enfermos, mientras la burocracia demoró considerablemente el traslado al hospital de otros en condiciones críticas. Un bebé con neumonía y un adolescente con graves problemas mentales estaban entre los afectados. A pesar de ser el principal centro de retención para menores, el informe denuncia que nadie en el equipo sanitario de Yarl’s Wood tiene titulación en salud del menor.

Al Aynsley-Green halló grandes deficiencias sanitarias en el centro, describiendo las instalaciones como inadecuadas y por debajo de los niveles del NHS (Sistema Nacional de Salud). A dos menores con anemia falciforme no se les permitió coger la penicilina que necesitaban cuando fueron arrancados de sus hogares. En consecuencia, enfermaron y necesitaron tratamiento urgente. En vez de enviarlos al hospital para recibir líquidos por vía intravenosa y antibióticos, sólo se les dio paracetamol. En el Sistema Nacional de Salud, esto sería considerado un «Grave Incidente Adverso».

Menores que padecían graves problemas médicos y los mentalmente enfermos seguían retenidos rutinariamente, a pesar de directrices que indican no hacerlo. Una menor diabética tuvo que ser atendida de urgencia tres veces durante los 24 días de su retención – incluyendo dos ocasiones en que el nivel de azúcar en sangre no permitió despertarle – y tampoco le liberaron. Un bebé de ocho meses con asma ni fue liberado ni se le administró el inhalador.

Se les denegó inmunizaciones a menores con acreditación que las necesitaban, creando un riesgo sanitario. A un menor se le administró una vacuna equivocada, y el protocolo del centro para la prevención de la malaria contenía «graves errores» y era «inaceptablemente deficiente».

Médicos de la organización Medical Justice (Justicia Médica) que facilita asistencia médica voluntaria a las familias de Yarl’s Wood insisten que hay más pruebas de abuso médico más allá del informe del Defensor del Menor. Afirman tener pruebas documentadas de un niño menor de 12 años al que se le administró los medicamentos antidepresivos de su madre al ser trasladado; de un menor con anemia falciforme al que se denegó analgésicos porque no podía hacer el camino hasta la clínica para cogerlos; y de menores que al volver a sus países de origen han contraído malaria por no recibir tratamiento preventivo previo.

De acuerdo con el pediatra Fred Martineau: «La retención de menores, sean bebés o adolescentes, les causa invariablemente sufrimiento emocional o físico. Los doctores de Medical Justice ven los efectos de la retención con regularidad, desde no administrar vacunas contra enfermedades mortales hasta la depresión clínica… La única manera de impedir este daño es poner fin a su retención.

La [falta de] sanidad en Yarl’s Wood ha sido un problema desde hace mucho tiempo, con brotes de microbios que hacen vomitar y varicela siendo comunes. En estos momentos se ha confirmado que el centro se halla en medio de otra cuarentena de varicela.

El informe describe la odisea de las «redadas al alba» – donde hasta 20 agentes asaltan los hogares para llevarse a las familias a altas horas de la madrugada. A los menores se les trata con violencia, tirándolos y arrastrándolos por el suelo. El Defensor del Menor dijo que ha comprobado por si mismo la existencia de lesiones.

Los menores han relatado cómo la experiencia los ha traumatizado, con los policías riéndose de ellos y alegrándose por la angustia de la familia. En la mayoría de los casos, los menores hablan de la agresividad de los agentes, de su grosería y a veces de su violencia.

A veces los menores fueron observados mientras se vestían por agentes del sexo opuesto, lo que el informe calificó de «un comportamiento inaceptable que debe abordarse inmediatamente». También tuvieron que presenciar cómo se esposaban y reducían a sus padres – una vulneración directo de las directrices de la UKBA. Una madre, tan angustiada por ser esposada delante de su familia y arrojada dentro de una furgoneta con jaula, intentó ahorcarse con los cordones de los zapatos de su hijo.

Las furgonetas con jaula carcelarias son utilizadas de forma rutinaria para trasladar a los menores al centro de Bedford, a pesar de la promesa de usar vehículos de otro tipo. Los menores fueron privados de visitas al retrete, comida y líquidos. El informe constata que las furgonetas están «manchadas de orina y vómitos».

El Defensor del Menor también dijo estar preocupado por el aumento en el tiempo que están retenidos los menores, lo que amenaza su bienestar mental. La semana pasada, la Secretaria del Interior Jacqui Smith, informó a los parlamentarios «la retención sólo se utiliza como la opción final y durante el período más corto posible». Pero el Defensor del Menor informa que «el tiempo medio de retención de menores está aumentando y la decisión de retener ni es la opción final ni es por el período más corto posible, de acuerdo con el Artículo 37 de los Derechos del Menor de Naciones Unidas».

Resumiendo, Al Aynsley-Green hace un llamamiento para que cese la retención de menores. «Cada año en el Reino Unido, retenemos a cerca de 2000 menores a efectos administrativos. Esto tiene que acabar.»

El liberal-demócrata Nick Clegg hizo eco de este llamamiento: «El encarcelamiento de miles de menores sin estar acusados de ningún delito, a menudo durante meses, es inhumano. El tratamiento de estos menores vulnerables en Yarl’s Wood es una prueba bochornosa de la política de inmigración fallida del gobierno.

El ministro de Fronteras e Inmigración Phil Woolas dijo: «Si los inmigrantes se niegan a volver a casa, entonces la retención es necesaria. No queremos separar a las familias, así que retenemos a los menores junto con sus padres, y mientras están bajo nuestra responsabilidad, los tratamos con sensibilidad y compasión».

«Nos vinieron a buscar por la noche»

Dominic Mwafulirwa, de ocho años de edad, se pone a temblar al oír las palabras Yarl’s Wood. Él y su madre Cecilia, de 35 años, estaban dormidos cuando la policía irrumpió en su hogar de Swansea a altas horas de la madrugada hace tres meses.

Llegaron al Reino Unido desde Malawi cuando Dominic tenía un año. Cecilia había huido de un marido que le maltrataba para empezar una nueva vida en Gales, donde Dominic sacaba sobresalientes en el colegio. Esa vida terminó bruscamente al irrumpir la policía en su hogar.

«Dominic no habló desde el momento que nos llevaron retenidos hasta que nos encerraron», dice Cecilia. «Fue duro mantenerlo animado. Cuando lo pregunté por qué no iba a la escuela en Yarl’s Wood, él contestó porque no aprendo nada.» Se negó a lavarse y empezó a romper cosas. Todavía está enfadado y confuso.

«Pasamos 50 días en aquel lugar. Perdí 20 kilos. Tengo anemia falciforme y después de los 50 días, mi nivel de hemoglobina en sangre estaba muy bajo. Estoy anémica y ellos sabían que tenía depresión. Cambiaron mi medicación y me amenazaron con quitarme a mi hijo.»

Cecilia y Dominic ya no están en Yarl’s Wood desde finales de marzo. Todavía no saben si pueden quedarse en el Reino Unido.

Fuente: http://www.independent.co.uk/news/uk/home-news/inside-yarls-wood-britains-shame-over-child-detainees-1674380.html