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Puerto Rico

El huracán María y la Brigada Octubre

Fuentes: Rebelión

El 20 de septiembre de 2017, Puerto Rico fue azotado por el segundo huracán más intenso del que se tenga registro en la historia del Mar Caribe. Con vientos que alcanzaron 155 millas por hora y con una categoría 4, el huracán María solo fue superado por el huracán San Felipe II, un huracán categoría […]

El 20 de septiembre de 2017, Puerto Rico fue azotado por el segundo huracán más intenso del que se tenga registro en la historia del Mar Caribe. Con vientos que alcanzaron 155 millas por hora y con una categoría 4, el huracán María solo fue superado por el huracán San Felipe II, un huracán categoría 5 que nos azotó el 13 de septiembre de 1928, con vientos de 165 millas por hora. Ambos fueron fenómenos naturales de una intensidad catastrófica pero no fueron ellos los causantes de la crisis humanitaria que de inmediato vivimos los puertorriqueños.

La administración lenta, tardía y amafiada de los fondos de recuperación no han permitido que al día de hoy, nueve (9) meses después del fenómeno natural, las familias puertorriqueñas hayan recuperado de manera confiable el servicio eléctrico y de agua potable. «Lenta, tardía y amafiada» no son adjetivos gratuitos ni apasionados que surgen en medio de la indignación colectiva sino que refieren la atención a decisiones tan concretas como la relación contractual que, de manera «fast track» y ocultando información al pueblo, estableció el grupo en el poder con la compañía de electricidad Whitefish. Un contrato que podía alcanzar los 300 millones de dólares para una compañía de electricidad fantasma en vez del gobierno recurrir a la ayuda que oportunamente ofrecieron las empresas públicas de electricidad en Estados Unidos. El gobierno acepta que el 2% de la población aún permanece sin energía eléctrica, una cantidad que en términos porcentuales parece mínima pero si le ponemos rostro humano encontramos que más de 15,000 familias puertorriqueñas experimentan diariamente como se deteriora su calidad de vida. Por si esto fuera poco, 60,000.00 familias, unas 180,000 personas, se guarecen en viviendas sin techo que al día de hoy solo están cubiertas con un toldo de plástico que a diario se deteriora. Es una situación insostenible cuya denuncia pública debemos resaltar. Más triste e injusto aun, son las miles de muertes atribuidas directamente a la estúpida incapacidad de recuperación, ya sean aquellas muertes ocurridas en medio de la emergencia o por falta de electricidad en hospitales y hogares o por las condiciones de salud mental que se exacerban y que al día de hoy continúan en aumento. La cifra oficial de 64 muertos oculta los 4,645 fallecidos que hasta el mes de diciembre de 2017, contabilizó el estudio de la universidad de Harvard. La verdad es que la crisis no es producto del fenómeno natural que pasó por la Isla sino que es producto de las decisiones que toman aquellos que administran el poder político y económico, es decir de aquellos que administran el Estado. Sus decisiones y las leyes que aprueban no van dirigidas a mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo sino a legalizar las ganancias del capital que se invierte en los trabajos de recuperación mientras ellos, los irrespetables administradores del Estado, llenan sus bolsillos agradecidos de la recompensa que reciben o satisfechos con la tajada de dinero que logran desviar.

Si bien, la administración criminal de los fondos de recuperación aun alarga el sufrimiento y afectan las condiciones de vida de miles de familias puertorriqueñas ello no impidió, en realidad más bien precipitó, diferentes respuestas de autogestión que desde un principio surgieron entre los puertorriqueños de la Isla y los puertorriqueños residentes en EU. Entre ellas destacamos dos respuestas de solidaridad que van a perdurar en la memoria colectiva y que reafirmaron la capacidad de organización que tiene nuestro pueblo cuando se propone echar adelante.

El huracán María activó los lazos de solidaridad efectiva entre los puertorriqueños residentes en EU, quienes de inmediato se organizaron para obtener donaciones y suministros para las comunidades más afectadas en Puerto Rico. La experiencia durante los meses de octubre y noviembre fue la constante llegada de contenedores repletos con donaciones de todo tipo. Sin embargo, esa experiencia colectiva fue marcada por una pretensión viciosa y criminal del gobierno de retener la carga con interés de cobrarle algún impuesto. A pesar de las denuncias, muchos contenedores no se liberaron a tiempo y eso provocó que los alimentos y otras donaciones expiraran, se llenaran de hongos o se dañaran.

Otra experiencia que permanecerá en la memoria de los puertorriqueños durante mucho tiempo fue la formación de brigadas de ayuda. Durante los meses de octubre y noviembre de 2017, en Puerto Rico surgieron gran cantidad y diversidad de brigadas dedicadas a la recolección y distribución de donaciones para las comunidades impactadas por el huracán. Fue notable la presencia de brigadas que se formaban en centros de estudio, en centros religiosos y/o centros de trabajo que se dedicaron a la entrega de donaciones para aliviar las necesidades en las diferentes comunidades que visitaban. También se observó una que otra brigada de empresarios que se hacían acompañar por un grupo de su plantilla de trabajadores para concentrar en la reconstrucción de una vivienda. Por lo regular, esas brigadas se presentaban con periodistas de la prensa corporativa quienes exponían públicamente el trabajo realizado o la donación que era entregada por la compañía logrando con ello el nivel de exposición, el impacto mediático y la economía que no logran en los anuncios comerciales. De esta manera la tragedia que vivían muchos resultaba rentable para otros pocos. No se observó la movilización de brigadas representativas de los partidos políticos en Puerto Rico y mucho menos del sector bancario que ahora se afila los dientes con la reposesión de casas. Uno que otro político se vio en las noticias simulando recoger escombros o entregando donaciones que, de acuerdo con la cultura política en Puerto Rico, luego buscará capitalizar electoralmente.

La Brigada Octubre

Una brigada muy particular que surgió después del huracán y que no buscó ni recibió algún tipo de publicidad, fue la Brigada Octubre. Como bien sugiere su nombre, la brigada surgió durante el mes de octubre. Estaba compuesta por trabajadores, desempleados y estudiantes universitarios. Hombres y mujeres con un compromiso de servicio a la clase trabajadora. Con su nombre, la brigada honraba el Centenario de la Revolución de Octubre, la primera revolución socialista triunfante en la historia de la humanidad. Con ese dato ya se puede tener una idea del abierto compromiso político y solidario que movía a los brigadistas.

La Brigada Octubre se dedicó a llevar donaciones a una comunidad de clase trabajadora pero también la ayudó en la remoción de grandes cantidades de escombros y tuvo la oportunidad de realizar una Feria de Salud, un censo de necesidades y un Día de Juegos que ayudó a aliviar la ansiedad que luego del huracán surgió entre los niños y niñas de la comunidad. En realidad, más que una brigada dedicada a la entrega de donaciones, la Brigada Octubre se convirtió en una brigada de trabajo comunitario convencida en ofrecer su apoyo y acompañar a la comunidad en su proceso de recuperación. Es necesario reafirmar que la brigada se propuso acompañar, no dirigir, el proceso de recuperación de la comunidad. El compromiso social y político de la Brigada Octubre siempre tuvo clara esa misión.

El trabajo más importante realizado por los brigadistas concentró en una comunidad que ubica al noroeste de Puerto Rico. Para el año 2011, la comunidad había rescatado unos terrenos que ubican en la zona rural del noroeste de Puerto Rico y que se encontraban en desudo. Ahí se establecieron unas 100 familias de la clase trabajadora que construyeron sus casas con paneles de madera y de acuerdo con sus mejores recursos pero el impacto brutal del huracán María devastó la comunidad. Tan pronto la Brigada Octubre comenzó a realizar su trabajo comunitario, la conducta de los brigadistas modeló una praxis de la solidaridad que chocó de frente con la ideología de la dependencia que permeaba en la vida cotidiana de los vecinos. En efecto, los brigadistas modelaron nuevas prácticas organizativas basadas en la democracia participativa así como una actitud proactiva que invitaba a la unión de intereses comunitarios, que los animaba a los vecinos a convertirse en protagonistas activos que discuten sus necesidades y reclaman sus derechos colectivos. También modelaron una práctica de equidad de género y sobre todo una actitud crítica hacia la desigualdad social. Era de esperar que algunos vecinos miraran de reojo y con cierto temor la presencia de los brigadistas en la comunidad. No obstante, la coexistencia de ambos modelos de pensar y de actuar: el modelo de la dependencia enajenante y el modelo de la praxis de la solidaridad, abrieron un gran abanico de nuevas formas de ver el mundo y de posibilidades en el poder colectivo de la comunidad. De ahí la importancia del trabajo realizado por la Brigada Octubre, no empeñada en dirigir un proceso de cambio sino de acompañar a la comunidad en su proceso de recuperación y de organización. De ahí la importancia de la experiencia vivida por los brigadistas y por los vecinos de la comunidad: la experiencia de la praxis y la transformación de la conciencia social.

Después del huracán María, la vida cotidiana de nuestro pueblo parece transcurrir igual. La clase trabajadora continúa llegando a su hogar para reponer su fuerza y volver al trabajo. Muchos se entretienen con los programas de la televisión corporativa y ven como continúa el enriquecimiento de los políticos que administran el Estado para servirse de su poder, como continúa la corrupción y como continúa el empobrecimiento cada vez mayor de todas las clases y sectores populares, la depresión, el desclasamiento y la pauperización, la represión cada vez más sofisticada en la persecución y más abierta en las calles. Muchos atribuyen lo que sucede al destino o a un dios que los protege y viven para morir. En la vida cotidiana de nuestro pueblo todo parece continuar pero ya nada es igual. Es que continúan las protestas, la organización y la resistencia, la toma de conciencia y la praxis que transforma la conciencia social y las relaciones interpersonales. Todo parece continuar igual pero el malestar se acumula, la gente se incomoda, se indigna y comenta. Tomar la calle se convierte un lugar de encuentros y solidaridades. Ya se escuchan voces en una comunidad aquí y en otra por allá:

¡9 meses sin electricidad!

¡por ahí viene el temporal y mi casa sin techo!

¡cierran la escuelas sin consultar al pueblo!

¡legislan para eliminar la Ley 80!

¡ya no hay seguridad en el empleo!

¡recortan servicios!

¡ocultan nuestros muertos! Aumentan el costo de la universidad pero los contratos jugosos continúan con total desfachatez, sin asomo de vergüenza o disimulo. En el gobierno todo sigue igual. En las comunidades y en las calles de Puerto Rico, ya nada es igual.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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