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Proyecto de Centro de Sostenibilidad para estudiar y tratar las enfermedades y malformaciones aparecidas en Afganistán tras la “liberación” en curso

El sueño de un luchador

Fuentes: Afghanistanafterdemocracy.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

    Hace pocos días descubrimos un llamamiento desgarrado a la solidaridad por parte de un médico de origen afgano, el Dr. Mohammed Daud Miraki, ante la situación desesperada en que se encuentra gran parte del pueblo de Afganistán, enfrentado a la muerte por hambre y frío al haber tenido que huir de sus humildes hogares tras los duros bombardeos desencadenados en varias provincias por las fuerzas ocupantes extranjeras, cuyas consecuencias suelen cebarse, como siempre, en los civiles. Intentamos averiguar algo más sobre las motivaciones de la persona que hacía el llamamiento y así fue como, a través de la información contenida en su página web, supimos del proyecto que quiere poner en marcha para hacer frente a la situación de intensa y extendida contaminación por uranio y otros elementos que padece el país como resultado de los mencionados bombardeos, de los más duros registrados en la historia tanto por la cantidad de bombas arrojadas como por las características de los componentes de las nuevas armas desarrolladas y utilizadas.

    El Dr. Daud Miraki se mueve por el mundo tratando de encontrar apoyos de instituciones y gobiernos para su proyecto. También por nuestra parte podemos contribuir de forma modesta a su sueño adquiriendo el magnifico libro que ha elaborado sobre la situación en Afganistán. (El libro representa un viaje virtual por Afganistán tras la invasión estadounidense. En el primer capítulo se nos introduce detalladamente en la situación del país y en los capítulos dos a diez se describen diferentes aspectos de la vida expuestos mediante una serie de fotografías tomadas entre marzo y abril de 2006. A este respecto, contamos también con las impresiones que sobre el libro nos ofreció a finales de 2006 Deanna Spingola en un emocionado artículo).

Antecedentes

Tras los bombardeos estadounidenses sobre Afganistán, han ido apareciendo en el país infinidad de inexplicables dolencias y enfermedades. Asimismo, se ha producido un incremento de los casos de leucemia y otras modalidades de cáncer. La situación empeoró cuando los recién nacidos empezaron a presentar malformaciones terribles [se advierte de la dureza de las imágenes]. La gravedad y extensión de las diversas enfermedades fue haciéndose evidente con el paso del tiempo. Las zonas más bombardeadas eran las que presentaban mayor incidencia de dolencias inexplicables, de leucemia entre los adultos y niños y bebés nacidos con deformidades.

A través del trabajo de investigación del Uranium Medical Research Center, cuyos equipos realizaron dos viajes consecutivos a Afganistán en 2002, se confirmó que se había utilizado munición de uranio. Se recogieron datos y se halló que los niveles de uranio alcanzaban cifras que iban de un 400 a un 2.000%.

La omnipresencia de la muerte perpetua en Afganistán se manifiesta con cada día que pasa. Todos los días, los seres humanos que allí habitan tienen que contemplar cómo una muerte silenciosa asola a familiares y amigos, desesperados y aterrados ante la inminencia de un próximo funeral. Este continuo asesinato indiscriminado del pueblo afgano prosigue mientras los ciudadanos estadounidenses, que son quienes pagan los impuestos destinados a crear armas monstruosas aplicadas al genocidio, pretenden que todo va muy bien.

Las horrendas fotografías de los que murieron permanecen en la memoria de los que siguen con vida mientras esperan atemorizados su turno en el desastre. Las mujeres embarazadas tienen miedo de dar a luz a sus bebés, espantadas ante la idea de encontrar una deformidad en lugar de un bebé saludable. Ese es el legado de la «liberación» estadounidense, el asesinato indiscriminado de los débiles y de los desarmados que no tienen medios para defenderse. En realidad, no hay medida defensiva alguna frente a esas Armas de Destrucción Masiva porque esas mortíferas partículas de óxido de uranio -el polvo que se forma una vez que el uranio se pulveriza tras impactar contra un objetivo- permanecen en el suelo, en el agua y cubrirán la superficie de la vegetación durante las próximas generaciones.

Cuando una bomba estadounidense o de sus aliados aterriza sobre un pueblo o ciudad afgano, la tierra y su gente se convierte en parte de un mortífero legado de muerte silenciosa. Esta sentencia de muerte difiere de la de cualquier otro tipo, ya que condena a la gente, a su tierra y a las futuras generaciones a un genocidio ineludible. La tragedia que hace tan terrible ese estado de cosas es la inevitable e invisible amenaza que acecha indiscriminadamente a todos sus habitantes.

Además, la amenaza se ha convertido en endémica para la esencia de la vida, contaminando la tierra, el agua y a sus habitantes. Así es, cuando Bush junior dijo: «Vamos a hacer que les salga humo», no reparó en medios para cumplir su promesa haciendo de la vida un hecho inalcanzable para los no nacidos y una realidad insoportable para los vivos, condenando al pueblo afgano y a sus generaciones futuras a una sentencia de muerte predeterminada.

La extensión real del desastre se va ampliando con el paso del tiempo. A la luz de las continuas revelaciones sobre la cantidad y tipos de armas utilizadas en Afganistán, se puede prever que lo peor está aún por llegar. Cada día, los AC-130, los A-10 y los B-52 de combate bombardean los pueblos y ciudades afganos dondequiera que una unidad de tropas estadounidenses encuentra resistencia.

Por consiguiente, no sólo la muerte perpetua continúa su camino adelante sino que cada nueva ronda de uranio empobrecido es un clavo más en el ataúd colectivo del pueblo afgano.

El uso de gran número de munición y armamento arrojado por los aviones estadounidenses hizo que se registrara ya un aumento de los problemas de salud a las pocas semanas de empezar el año 2002. La pauta fue diferente de la experimentada en Iraq tras la primera Guerra del Golfo, donde pasaron varios años antes de que se manifestaran muchas de las malformaciones de nacimiento y otros problemas en la salud. Esto indica la enormidad del armamento con uranio utilizado en Afganistán, un hecho que ha sido ilustrado por muchos investigadores de todo el mundo, notablemente por Dai Williams en Inglaterra, el Dr. Durakovic del Centro de Investigaciones Médicas sobre el Uranio en Canada, y el Dr. Marc Herald en Estados Unidos, entre otros.

Por otra parte, varios periódicos internacionales y cadenas de los medios, especialmente Le Monde Diplomatique, Guardian, Frontier Post, BBC, CBC y Al Yasira, entre otros, han informado también sobre los distintos sistemas de armamento utilizados contra objetivos afganos -pueblos y ciudades- y una serie de conjuntos de cuevas en las montañas.

Según la BBC (10 de abril de 2002), se habían arrojado sobre Afganistán más de 6.600 bombas JDAM.

En octubre de 2002, el Boston Globe informaba: «A diferencia de armas anteriores, la nueva generación de armas aprovechaba avances tales como señales de satélite, suministro de datos sobre objetivos a gran altura, etc. Las JDAM se probaron en Afganistán. En febrero [2002], los comandantes habían lanzado ya 6.600 JDAM, según estimaciones de las fuentes consultadas, tantas arrojaron que se les agotaron las reservas y los oficiales tuvieron que conseguir más producto en una fábrica de Missouri»

En octubre de 2002, con el primer aniversario de la invasión estadounidense de Afganistán, se arrojaron sobre suelo afgano más de 1.000 toneladas de bombas (Socialist Workers Online, 11 de octubre de 2002).

Imaginen la magnitud de la carnicería y la contaminación causada por esa atrocidad. Otro informe, de Kate Randall, de diciembre de 2001, señalaba que el número de bombas arrojadas por EEUU había sido de 12.000: «Desde que EEUU lanzó la guerra contra Afganistán el 7 de octubre, EEUU ha arrojado sobre el país más de 12.000 bombas. Según el Pentágono, alrededor del 60% de esas bombas eran de precisión guiada por satélite o tecnología láser. Sin embargo, muchas de esas bombas, arrojadas por los B-52 y otros aviones desde decenas de miles de metros de altura, se desvían de su curso y golpean objetivos civiles». (WSWS, 29 de diciembre de 2001).

En otro informe, un año después del 11-S, Matt Kelley, de Associated Press recogía las siguientes estadísticas sobre la munición empleada por EEUU:

    «EEUU y los aviones de la coalición han efectuado más de 21.000 vuelos sobre Afganistán arrojando más de 20.000 municiones de guerra. Alrededor del 60% de toda la artillería lanzada sobre Afganistán ha sido de precisión guiada, el porcentaje más alto registrado en un conflicto».

De forma similar, el Guardian informaba el 10 de abril de 2002:

    «En los últimos seis meses se han arrojado sobre el país más de 22.000 explosivos, en una escala que va de misiles de crucero a pesadas bombas de aire-fuel. Los pilotos estadounidenses lanzaron más de 6.600 bombas JDAM, las bombas guiadas por satélite. Una de cada cuatro bombas y misiles arrojados por EEUU sobre Afganistán pueden haber fallado en el objetivo a alcanzar».

Las nuevas generaciones de armas para objetivos difíciles (HTW, por sus siglas en inglés), cuyas cabezas están hechas de metales densos, han contribuido a contaminar intensamente la tierra, el agua y a la población en general.

Desde 1997, EEUU ha estado modificando y mejorando sus bombas para aumentar su penetrabilidad utilizando metales densos como la siguiente cita confirma:

    «Desde 1997, EEUU ha estado modificando e intensificando la capacidad letal de sus misiles y bombas guiadas. Prototipos de esas bombas se estuvieron probando en las montañas de Kosovo en 1999, pero en Afganistán, el experimento ha adquirido un nivel mucho más amplio. Las mejoras se han centrado en sustituir las cabezas convencionales por otra de metal denso, pesado. Si se calcula el volumen y el peso de ese metal misterioso, se llega a dos posibles conclusiones: que se trata o bien de tungsteno o bien de uranio empobrecido», Le Monde Diplomatique, marzo de 2002.

    «Las cargas explosivas de uranio empobrecido en los sistemas de bombas guiadas utilizados en Afganistán pueden pesar hasta una tonelada y media (como en el caso de la bomba anti-búnker Raytheon GBU-28)», Le Monde, marzo de 2002.

El Uranium Medical Research Center (UMRC, por sus siglas en inglés) confirmó también el uso de esas nuevas generaciones de armamento:

    «Investigaciones independientes, así como la consulta de documentación de libre acceso de la OTAN sobre el armamento estadounidense, aluden o se refieren directamente a que hay en marcha una serie de programas de desarrollo de armas de uranio (incluyendo uranio empobrecido), no de fisión (nucleares no térmicas). Las fuentes incluyen: laboratorios militares de investigación y subcontratos de programas de desarrollo e investigación; The US Science Based Stockpile Stewardship Program; la Federación de Científicos Estadounidenses; los informes de los veteranos y los informes anuales y propagandas de los contratistas de armas. Las advertencias hechas por los militares estadounidenses al personal que participó en la «Operación Libertad Duradera» indicaban la presencia de contaminantes radiológicos; se recomendaba a las tropas de las fuerzas especiales que tomaran medidas de protección durante las operaciones y tras los bombardeos, y se les proporcionaba instrucciones de protección contra la radiación, detectores de radiación y equipo de protección antes y después de su entrada en Afganistán».

Continúa diciendo:

    «El Proyecto DBHT (siglas en inglés de Deeply Buried Hard Target) estadounidense perseguía alcanzar objetivos profundamente enterrados y quería desarrollar armas que destruyeran almacenes e instalaciones de fabricación de armas químicas, nucleares y biológicas en estados canallas; el Plan Militar Estratégico de EEUU y la Revisión de la Situación Nuclear de EEUU expresan su intención de utilizar nuevas clases de armamento en Afganistán y otros Estados. Se supo que ese programa estaba acelerando el desarrollo de armas y experimentos en preparación de una posible incursión iraquí. La Casa Blanca y el Departamento de Defensa de EEUU hablaban con frecuencia sobre el desarrollo de armas de fisión, de bajo rendimiento y no fisión contra búnker y cuevas. Esas armas, por su mismo diseño, requieren de balasto pesado y envolturas de diámetro estrecho que puedan penetrar profundamente en la tierra, o a través de objetivos militares muy reforzados, lo suficientemente duros como para resistir impactos de alta velocidad antes de alcanzar la profundidad de detonación».

El UMRC articula las diferencias entre esas armas y las de la primera Guerra del Golfo de la siguiente forma:

    «Esas nuevas generaciones de armas y los objetivos para los que se diseñan establecen una serie rasgos y funciones específicas. Son diseñadas con capacidad de autoforjado y capaces de perforar objetivos endurecidos, muy reforzados en múltiples capas. Deben ser capaces de taladrar entre 4 y 6 metros de hormigón tremendamente reforzado. A diferencia de los derrotados penetradores blindados de uranio empobrecido, esas nuevas cabezas se utilizarían a la vez que altas cargas explosivas o cargas de alta presión y detonadores de acción retardada».

El Dr. Michael H. Repacholi de la Organización Mundial de la Salud informaba:

    «El uranio empobrecido se libera del armamento en forma de pequeñas partículas que pueden ser inhaladas o ingeridas, que permanecen en el medio ambiente».

Añadía también:

    «Los niños, más que los adultos, están muy expuestos a los riesgos de contaminación ante el uranio empobrecido (DU, por sus siglas en inglés) cuando se recuperan las actividades normales en una zona de guerra, a través de los alimentos y el agua contaminados, por el mecanismo simple de mano a boca de los juegos inquisitivos que puede llevar a altas ingestiones de DU procedente de suelo contaminado». (The Laissez Faire City Times, Volumen 5, Nº 44, 29 de octubre de 2001).

En el informe del Departamento de Defensa, el Dr. Ross Anthony, de la Corporación Rand había indicado lo siguiente sobre el uranio empobrecido:

    «El riñón es la parte del cuerpo más susceptible de recibir la contaminación». (The Laissez Faire City Times, Volumen 5, Nº 44, 29 de octubre de 2001).

Steve Fetter y Frank Von Hippel escribieron en el Boletín de los Científicos Atómicos (1999):

    «Las dosis de radiación que pueden recibir los soldados a partir de fragmentos de DU pueden ser peligrosas. La humareda del DU contamina la tierra que atraviesa depositando una delgada capa de polvo de DU, la cual puede ser más tarde recogida por el aire y la actividad humana… El armamento deposita también una capa de polvo de DU sobre las cosechas que pueden ser directamente consumidas por humanos o por los animales que después consumen los humanos. Sin embargo, estimaciones aproximadas sugieren que el riesgo de contraer cáncer tras el consumo de productos contaminados es menor que si se inhala».

Fundamento

Teniendo en cuenta lo anterior, la magnitud del desastre precisa de esfuerzos equivalentes para poder encontrar soluciones. Como la contaminación por uranio ha condenado a Afganistán y a su población a una ineludible sentencia de muerte, es necesario y urgente explorar qué tipo de soluciones son las más adecuadas para afrontar esa amenaza.

Esa exploración tiene que preparar al menos el camino para ir desarrollando mecanismos que restañen y hagan la vida soportable y se pueda acceder a un bienestar sostenible. Para conseguir una tarea tan colosal, es imprescindible un enfoque global que implique un conjunto de mecanismos de mejora en pos de objetivos alcanzables.

Además, el enfoque que debe darse a una tarea tal requiere de una nueva perspectiva o, mejor aún, de un nuevo tipo de paradigma. Quizá el nombre más adecuado para ilustrar esta idea sería El Nuevo Paradigma del Bienestar Sostenible. El Nuevo Paradigma del Bienestar Sostenible debería resultar fructífero tanto en los cuidados sanitarios a corto plazo como en el diagnóstico a largo plazo, tratamiento e investigación de los efectos del uranio sobre la población. La manifestación operativa de este concepto sería a través de la infraestructura del que podríamos denominar como Centro de Sostenibilidad.

Objetivos a Largo Plazo

El Centro de Sostenibilidad se convertiría en el primer centro mundial en tratar la contaminación del medio ambiente con uranio y sus efectos en la población.

Objetivos de Nivel Medio

  1. La construcción de infraestructuras físicas.
  2. El desarrollo de recursos humanos, expertos, especialistas, etc.

Metas:

  1. Desarrollo de un complejo que albergue a las tres estructuras que se integrarían en el Centro de Sostenibilidad.
  2. Equipamiento de instalaciones con los recursos y maquinaria necesarios.
  3. Ir desarrollando agencias o estaciones de control por todo Afganistán.
  4. Formación de los recursos humanos y desarrollo y reclutamiento de voluntarios para el complejo.
  5. Planear, formular y poner en marcha la agenda del Centro de Sostenibilidad.

Estrategia para la puesta en marcha del Centro Sostenible

A través de los mecanismos del Centro de Sostenibilidad se buscaría el bienestar global del individuo, es decir, de la persona y de su medio ambiente. De forma similar al concepto de desarrollo sostenible, el bienestar sostenible sólo podría conseguir si se tiene en cuenta el bienestar global del individuo. La diferencia entre bienestar sostenible y el concepto convencional de bienestar es que este último trata al individuo como una entidad separada de su entorno mientras el bienestar sostenible aborda al individuo teniendo siempre presente su habitat. En realidad, en enfoque más científico debería centrarse en el tratamiento del individuo en su globalidad, teniendo en cuenta la contaminación sufrida por el medio ambiente en Afganistán.

Este centro se compondría de un centro de investigación del entorno y de la situación sanitaria, un centro médico que confiaría en gran medida tanto en la medicina alternativa como en la convencional, y una instalación para la enseñanza, precursora de lo que podría convertirse en el futuro en una universidad.

Esas instalaciones se centrarían en el estudio de la contaminación de uranio sufrida por el entorno afgano, su pueblo y un proyecto para la supervivencia y sostenibilidad futura de la población.

El centro de investigación tendría agencias de control por todo Afganistán que estarían vinculadas con él, donde se recogería información para constituir una base de datos dinámica. Además, la investigación se centraría en crear los medios para descontaminar el medio ambiente y la gente que lo habita. La instalación médica trataría a las personas contaminadas con polvo de uranio y trabajaría para curar sus dolencias utilizando tanto medicinas alternativas como convencionales.

  1. El centro de investigación de la salud y el medio ambiente

El centro de investigación y desarrollo será uno de los componentes más importantes del Centro de Sostenibilidad. El centro de investigación permitirá que los investigadores puedan avanzar sobre los conocimientos convencionales.

La función de las agencias de control sería recoger datos locales y enviarlos al centro de investigación. Este analizaría los datos durante un período amplio y establecería una base de datos dinámica que utilizaría para prever la supervivencia a largo plazo de la gente. El centro realizaría también muestreos, pruebas y análisis. Además, el centro de investigación encaminaría también sus trabajos para desarrollar métodos potenciales para descontaminar el suelo, los animales y los seres humanos.

Además, el centro llevaría a cabo investigaciones en el área de la salud. Se estudiaría la variedad de enfermedades aparecidas tras los bombardeos estadounidenses y se crearían medios para abordarlas y tratarlas. Esto incluiría atención prenatal, a las madres, jóvenes y adultos. El paradigma dominante que sustentaría la visión de este centro se centraría más en el enfoque alternativo que en el convencional.

  1. El Centro Médico

El segundo componente del Centro de Sostenibilidad sería el Centro Médico. El centro médico se diferenciará de una instalación médica convencional. Sería una instalación en la que la medicina alternativa constituiría el enfoque dominante junto con la medicina convencional.

Dado que la contaminación con uranio ha provocado la aparición de una diversidad de tumores malignos y otras enfermedades desconocidas, el centro médico trataría a los pacientes con el objetivo de lograr su recuperación y/o pervivencia. Los métodos que la medicina tradicional ha estado utilizando para tratar los tumores de diversos tipos, han tenido éxito en algunos casos, pero en la mayoría ellos ha sido limitado. Las medicinas alternativas y terapias herbales se han utilizando durante cientos de años. Por desgracia, el poder monopolizador de las grandes compañías farmacéuticas ha desacreditado la medicina alternativa tildándola de patraña. Creo que el uso de la medicina alternativa junto con los métodos médicos convencionales conseguiría resultados fructíferos con las víctimas en Afganistán.

Mi esperanza es que el centro médico, a largo plazo, pueda convertirse en el centro de tratamiento en la región de los cánceres que presentan las víctimas envenenadas por el uranio. Teniendo en cuenta asimismo la inmensa cantidad de munición con uranio utilizada en Iraq, ese centro podría atender también a esas víctimas. Mientras tanto, el centro médico utilizaría los datos recogidos por las estaciones de control esparcidas por Afganistán. El centro médico acogería hasta donde fuera posible a todas las víctimas de la contaminación por uranio. Por consiguiente, se trataría de una instalación médica multidisciplinar asociada al centro de investigación.

  1. Instalación para la enseñanza/universidad

Los recursos humanos con que se dotaría el complejo de instalaciones médicas necesitarían de formación continua. No sólo se necesitarían especialistas sino que también otros centros sanitarios y hospitales contarían con estas instalaciones de enseñanza/universidad. En lo esencial, la instalación sería un centro de formación para las ciencias naturales/médicas aplicadas con el único propósito de formar médicos en los campos y especialidades necesitadas.

Esas instalaciones de enseñanza serían similares a un centro de estudios de post-graduado. Formaría a los médicos en medicinas alternativas así como en medicina convencional. Además, también formaría a doctores o científicos en las áreas afines como biofísica, bioquímica, genética, patología y hematología.

El paradigma principal que guiaría su formación abogaría por la medicina alternativa, sin embargo, esto no significa que se deje de lado la medicina convencional. A diferencia de los defensores de la medicina convencional, utilizaríamos ambas según fuera más conveniente.

El objetivo más amplio de ese centro de formación sería la transformación de la práctica médica en Afganistán. Confío en que esa transformación absorba las aplicaciones de los métodos que hasta ahora han tenido más éxito en el tratamiento de las enfermedades aparecidas en los países en situación de post-guerra. Reitero que ese centro de formación/universidad serviría de modelo para la región donde el desastre de la contaminación por uranio y otros elementos químicos hacen que la vida sea insostenible.

De hecho, mediante ese enfoque de bienestar sostenible y el centro de formación/universidad, se pondría en marcha una rotación constante para formar a los profesionales de la sanidad por todo el país con la nueva visión mundial de bienestar sostenible. Ese enfoque se implementaría con respecto al método y a la sustancia, ya que la globalidad del tratamiento a los individuos curaría dolencias que de otra forma sería imposible curar.

La instalación de enseñanza sería un centro de formación para formar a médicos y científicos para el futuro, pudiendo llegar a convertirse en una universidad médica y del medio ambiente.

Ese modelo conlleva la cooperación entre el centro de sostenibilidad y otros hospitales e instalaciones para la investigación en el país.

Conclusión

Este proyecto es vital para la supervivencia futura del pueblo afgano. El continuo aumento de los casos de cáncer, además de otras enfermedades no conocidas, puede llevar a la sociedad afgana al borde el colapso. A través de ese centro de sostenibilidad, podría reducirse la excesiva carga del frágil sistema sanitario del país.

El desarrollo de nuevos métodos para tratar el cáncer, la leucemia y otras enfermedades reducirían los sufrimientos. Además, mediante el desarrollo de sistemas de descontaminación del medio ambiente, podría asegurarse la supervivencia futura del pueblo de Afganistán.

(Nota: El proyecto expuesto no es más que un proyecto preliminar que tiene que ser desarrollado).

Enlace con texto original en inglés:

http://www.afghanistanafterdemocracy.com/page7.html