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Javier Milei y errores no cubiertos

Fuentes: Rebelión [Imagen: Javier Milei y Sergio Massa. Fuente: Clarin.com]

“Chile no era una joya en 1955, pero es una joya hoy” (Arnold Harberger)

El triunfo de Javier Milei en las elecciones primarias de la Argentina ha vuelto la mirada a la posibilidad de vigencia de un modelo neoliberal legitimado en elecciones y avalado por amplios sectores poblaciones, muchos de ellos en situación de pobreza y con pocas esperanzas de una mejora económica, que lo convierte en un  discurso y práctica a seguir por los partidos de derecha en países latinoamericanos.  Un modelo, supuestamente,  no autoritario y contrario al impuesto por Pinochet y los “Chicago Boys” en Chile.[1]

En Honduras, por ejemplo, el Bloque de Oposición Ciudadana (BOC) recién constituido y liderado por el designado presidencial Salvador Nasralla y dirigentes del partido nacional, denuncian al Gobierno de Xiomara Castro de ser un gobierno comunista que destruye la institucionalidad y la propiedad privada, por lo que hay que sacar a los “zurdos” del poder a toda costa, aun cuando fue electa con más de 1.7 millón de votos.

Hay, sin embargo, la urgencia de prestar atención a los llamados “errores” no cubiertos  por gobiernos progresistas o contrarios a la predica neoliberal a ultranza.

En un sistema capitalista o denominado de economía de mercado, derechos individuales y libertades públicas, cuando los objetivos de gobierno chocan con objetivos personales y de clase, se imponen los segundos. No solo porque existan diferencias políticas e ideológicas detrás de unos y otros, sino evidencia de marcados intereses económicos. Aquellos políticos que dicen no tener ni representar intereses propios y de clase cuando asumen cargos de gobierno, rápidamente  se manifiestan en demanda de recursos para ejecutar proyectos, o en apoyos a la aprobación de leyes y decisiones que les benefician directa o indirectamente. 

Lo anterior es más evidente en gobiernos que buscan, en teoría,  fortalecer la institucionalidad publica con el involucramiento de dirigentes del partido político, diputados y familiares del gobernante  en la administración pública; sin embargo, cuando el discurso es el achicamiento del Estado, propio de gobiernos neoliberales, los beneficios se manifiestan en la promulgación de leyes y decretos a favor de sectores privados, como en la vigencia de modelos y políticas económicas y sectoriales avaladas por organismos internacionales en su mayor parte.

Los dirigentes políticos deben cumplir sus responsabilidades como tales, y en caso de aquellos diputados no conformes optan a cargos de la administración pública, pero pasan por alto que la prohibición ética de robar afecta el cumplimiento de sus funciones y deberes, sumado a la ineficiencia de las acciones.

Una pregunta que surge después del triunfo de Javier Milei en las primarias argentinas, superando a sus hermanos menores de Juntos por el Cambio y el oficialismo peronista representado por  Unión por la Patria, es ¿será que los pocos resultados obtenidos para contener la inflación es el factor explicativo principal o hay otros? No cabe duda que tanto regazo acumulado, pérdida de la capacidad de compra de los salarios y aumento de pobreza (45% de la población argentina está en pobreza) son factores explicativos de la derrota del oficialismo, pero curiosamente, con el triunfo de Patricia Bullrich, como segunda fuerza, se hace poca referencia a los problemas generados por el Gobierno de Macri que endeudó al país en más de 45,000 millones de dólares.

La crítica de Milei es hacia la clase política que considera una “casta”[2] parasitaria que vive del Estado, o sea de los impuestos que pagan todos los argentinos y del sobreendeudamiento externo “ilegitimo” (impuestos para las generaciones futuras).  Es una “casta” mayormente conformada por ignorantes que saben poco de economía, pero que se benefician, no solo como miembros del Parlamento, sino también del Gobierno al obtener “coimas” por favores prestados o por participar de proyectos o negocios donde aparecen visibles otros; igual se benefician sus amigos y parientes. Un  discurso que cala fuerte en los votantes cuyos salarios no llegan al fin de mes, con expectativas que la situación no mejorará, pero otros, los políticos, siguen disfrutando de las mieles del poder.

Hay otra “neblina” en gobiernos de corte progresista o populistas latinoamericanos, no en todos, con el argumento tradicional que la crisis económica debilita el patrón de acumulación de capital y contribuye a profundizar la crisis del sistema y partidos políticos de derecha y corte neoliberal. No es el caso de la Argentina, donde la derecha tradicional y el Macrismo lucen fuertes, pero más fuerte la extrema derecha denominada libertaria.  Para Sergio Massa, Ministro de Economía del oficialismo y candidato a la presidencia, la única opción es seguir de la mano del FMI para alcanzar las metas del programa de estabilización derivado del convenio suscrito,  para bajar la inflación y no caer en hiperinflación. En estas condiciones, tanto el discurso como las medidas de política a ejecutar, deberían ser de ajuste shock (no van con el ideario y discurso del Gobierno), contrario al  gradualismo (microdevaluaciones por ejemplo) que no ha tenido el impacto esperado.

De acuerdo a Javier Milei,  el 70% de los argentinos demanda un ajuste shock en lo fiscal, monetario, cambiario, laboral, social e institucional, tal como recomendaron los “Chicago Boys” en los primeros años de gobierno de Augusto Pinochet en Chile. 

Otro problema es que los gobierno de corte progresista, o de aquellos denominados populistas keynesianos,  se preocupan muy poco de estos problemas, y están muy contentos con el uso indiscriminado de recursos del Estado para desarrollar proyectos en favor de los pobres, soportando una burocracia altamente ineficiente. No interesan los costos para las arcas del Estado, especialmente cuando no se obtienen los resultados buscados en el logro de objetivos y metas “duras” como aumentar la producción de alimentos, reducir la inseguridad alimentaria, hambre, pobreza y desempleo, y revertir la pérdida de bosque y biodiversidad. Pero, también, cuando existe evidencia de filtración, o sea que en la entrega de bonos y subsidios hay gente que no los necesita y puede pagar.

Es evidente que el discurso y la propuesta de gobierno de Javier Milei y su equipo no ha recibido una crítica y respuesta integral desde el Ejecutivo, avalada por aquellas organizaciones y grupos que dieron vida a un proyecto alternativo de largo plazo para el desarrollo del país con Néstor y Cristina Kirchner a la cabeza. En ello ha jugado un papel central el discurso incendiario del candidato y el acompañamiento de la prensa mediática, sumado al apoyo externo de partidos de derecha y grupos económicos. Este discurso resalta los valores de mercado y la racionalidad individual, acompañado de un “manto” histórico sobre los problemas generados en el pasado reciente (En el Gobierno de Menem con el Plan de Convertibilidad de Cavallo y el «corralito» por ejemplo), y sus efectos negativos en los ingresos monetarios y condiciones de vida de la población argentina. 

“Miley y los suyos buscan destruir el ideario, crítico y emancipador, de realización de la libertad en una comunidad solidaria. De ahí el desaforado grito de “zurdos, hijos de puta, tiemblen”, apoyado en las redes por cientos de “libertarios”. Es la convocatoria a instalar un clima de caza de brujas, para eventualmente avanzar en purgas políticas (en universidades; contra partidos de izquierda; contra sindicatos obreros o centros de estudiantes opositores). El reciente ataque de Milei a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA debe ubicarse en este contexto. Enlacemos esto con un consenso represivo más general: como botón de muestra, citamos el llamado de Espert, (alineado con el «moderado» Rodríguez Larreta) a meter bala a los piqueteros”[3]

Para los partidos de corte progresista la “calle” es un espacio de lucha que debe estar allí siempre, pero en un país al borde de la hiperinflación el querer defender la política monetaria de gobierno con devaluaciones semanales, ahuyenta al elector y genera un rechazo. Se estima que la inflación acumulada en la Argentina puede superar los tres  dígitos a diciembre de 2023, ya que en el mes de julio  se situó en 60.2%; la interanual  fue de 113.4% según el cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

Hay que ir a la calle y hablar de frente, reconocer los errores cometidos y las acciones inmediatas a tomar para mejorar.  Es difícil llegar con el discurso de la “espera” a grandes masas poblacionales que enfrentan problemas de ingreso y empleo, aun cuando el Gobierno esté convencido que está haciendo las cosas bien y lo único que falta es esperar que las políticas ejecutadas rindan frutos. 

El espacio que brinda la Academia a través de las universidades y su pensamiento crítico desde la teoría marxista o neo marxista, también es cuestionado en tanto ha sido copada por la ortodoxia neoliberal y responde más al llamado de gobiernos de derecha y ultraderecha, sin que gobiernos progresistas decidan la ejecución de una estrategia de rescate del espacio (En Honduras, por ejemplo, Xiomara Castro y el Congreso Nacional  le están dando largas a la elección de  nuevas autoridades universitarias). Milei propone eliminar el ministerio de salud, educación y de medio ambiente, por lo que es de esperar propuestas para eliminar universidades públicas, empezando por reducir los fondos asignados por el Estado, privatizar servicios, aumentar los costos de matrícula para la población de menos recursos y las pruebas de ingreso a carreras técnicas.

Aunque Milei ya se declara como virtual ganador y futuro presidente de la República, todavía hay mucho camino que recorre: a) Más de 10 millones de argentinos no votaron; b) Los votos obtenidos por partidos pequeños no son nada despreciables y deben ser integrados a la candidatura de Massa; c) Cristina Fernández tiene que acompañar al candidato y poner a prueba de nuevo su poder de convocatoria; d) Hay que mostrar en la calle una programación de la meta de reducción de la inflación desde agosto hasta las elecciones futuras, identificando y sancionando a los especuladores que se conocen; e) Mostrar los efectos negativos de la dolarización y cierre del Banco Central que propone Milei ( los mayores beneficiados con la dolarización argentina serían sus países vecinos), igual la pérdida de institucionalidad en temas ambientales; entre otros.

Pero, ante todo, en lo posible, corregir aquellos errores no cubiertos desde el inicio del gobierno de cara a un eventual balotaje entre Milei y Massa.

Notas:

[1]Milei ha manifestado que si el Congreso de la República no aprueba la dolarización de la economía argentina irá a un plebiscito o referéndum, caso contrario a una consulta popular, lo que supone una injerencia directa en otro poder del Estado. Se desconoce cuál será el rol de los militares en este proceso.

[2]Antepone el gobierno de libre mercado y Estado mínimo al modelo de la casta política representada por dirigentes políticos y diputados que se han enriquecido a costa del trabajo  generado por los ciudadanos e inversión privada, sobre todo por las empresas nacionales, ya que aumenta impuestos y generaliza controles de precios, pero muy poco habla de reducir el gasto público y controlar la oferta monetaria causante  de la mayor inflación, después de sobreendeudamiento del país que a julio de 2023 superó los 405 mil millones de dólares, del cual más del 65% es deuda en moneda extranjera.

[3] Ver  de Rolando Astarita “Argentina: El triunfo electoral de la ultraderecha y la crítica marxista”. Sin Permiso, 18-08-2023.

Javier Suazo. Economista hondureño especializado en políticas económicas y relaciones internacionales, con estudios doctorales en ciencias economías.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.