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La refundación y la educación en Honduras

Fuentes: Rebelión

La Ley de Fortalecimiento a la Educación Pública y a la Participación Comunitaria, aprobada la pasada semana por el Congreso Nacional, en contra de la opinión pública generalizada en el país, carece de un mínimo contenido doctrinal y filosófico-ético que cualquier ley debería contener. Mucho menos considera las condiciones culturales, morales, sociales y económicas del […]

La Ley de Fortalecimiento a la Educación Pública y a la Participación Comunitaria, aprobada la pasada semana por el Congreso Nacional, en contra de la opinión pública generalizada en el país, carece de un mínimo contenido doctrinal y filosófico-ético que cualquier ley debería contener. Mucho menos considera las condiciones culturales, morales, sociales y económicas del país. Es una legalización más de las recetas del FMI y BM, en el marco del Programa de Ajuste Estructural, para desarticular a la organización magisterial y reducir el gasto público.

En un país como Honduras, ¿cómo una ley educativa puede obviar la carencia de valores éticos, como el respeto a la vida, la honestidad, la interculturalidad, la solidaridad, el amor propio, la equidad de género, el respeto a la Madre Tierra, etc.? ¿Acaso no estamos asediados por el sicariato y las matanzas diarias? ¿Acaso no somos el país más corrupto de Centro América? ¿Por qué olvidar que vergonzosamente formamos parte del Triángulo Norte de la Muerte, infestado por el narcotráfico? ¿Acaso no somos un país racista y fundamentalista que desprecia a sus raíces indígenas, rechaza todo lo que no sea cristiano y añora todo lo foráneo?

¿Acaso no asesinamos a las mujeres y a los homosexuales tan sólo por ser mujeres y homosexuales? ¿Acaso jóvenes y adultos no vivimos avergonzados de ser hondureños, a la espera de la primera oportunidad para huir del país? La dignidad y la soberanía hondureña han sido, y son violadas, permanentemente por la prepotencia norteamericana. Con esta vergüenza nacemos, crecemos y morimos en Honduras ¿Por qué no atrevernos a superar esta histórica maldición mediante una educación liberadora? ¿Acaso Honduras no fue y es la Malinche del Estado de los EEUU para intervenir y matar en los países de la región? ¿Por qué no intentar una educación descolonizadora?

Fuimos deformados y vivimos en la esquizofrenia moral. Piadosos cristianos de fines de semana en los templos, pero cómplices pasivos o activos de la injusticia, represión y muerte que los patrones legalizaron en el país. El sistema nos educó, no sólo para ser pasivos e indiferentes con nuestro sufrimiento, sino para reproducir la «moral» de la muerte y los deseos egoístas de los patrones en nuestra vida cotidiana. ¿Por qué no intentar una educación que nos libere de esta esquizofrenia moral y cultural en la que languidecemos?

¡Somos un país sacudido por las nefastas consecuencias del cambio climático!, pero en la mencionada ley, ni por casualidad se menciona la convivencia equilibrada con la Madre Tierra. ¿Por qué?

Pero nada de esto importó a los escribidores de las leyes nacionales a cambio de un manojo de dólares con olor a sangre. Dóciles al FMI, BM y BID, deciden en 15 minutos las maldiciones más brutales y permanentes para su pueblo. Irresponsables «Padres» de la Patria.

Esta ley educativa debería titularse, Estrategia sutil para desarticular a la organización magisterial. Sí. Éste es el objetivo «encubierto». Desarticulado el magisterio, como organización nacional, estarían derribadas las compuertas de la defensa de la educación pública como un derecho fundamental. Y, entonces, la educación privada dejará de ser la excepción en el país para convertirse en una regla general. Y esto no será en mucho tiempo. En el caso de Servicios de Agua, la desarticulación de SANAA (Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados) y el comienzo de la privatización, demoró menos de 10 años. En este caso el argumento «bonito» también fue la «participación» de los gobiernos locales y ciudadanía. Por eso dejamos que aprobaran aquella ley en 2003.

Por sensibilidad y responsabilidad para con las presentes y futuras generaciones, apostemos por una educación en valores con pensamiento crítico. Nos educaron (formatearon) la mente, el espíritu y el corazón para la resignación fatalista. Y, para reprimir cualquier asomo de duda o sospecha, nos inculcaron la confianza ciega en un dios que no admite sospechas, ni mucho menos cambios estructurales. Así, nos mantienen dormidos en la Edad Media, cuando el mundo transcurre en el siglo XXI.

Si en verdad queremos refundar Honduras, apostemos por una educación liberadora, descolonizadora e intercultural. ¡No dejemos que un manojo de dólares pueda más que la razón, la libertad y el derecho a la educación de todo un pueblo!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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