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Las similitudes de Nepal con América Latina

Fuentes: Rebelión

El titular tal vez incentive la lectura. ¿Qué semejanzas puede haber entre países distantes geográfica y culturalmente? ¿En qué se parecen? Aparentemente, en nada. Sin embargo, no hace falta profundizar mucho para observar un mismo común denominador: cómo los llamados medios de comunicación de masas satanizan a los luchadores populares y, más aún, a los […]

El titular tal vez incentive la lectura. ¿Qué semejanzas puede haber entre países distantes geográfica y culturalmente? ¿En qué se parecen? Aparentemente, en nada. Sin embargo, no hace falta profundizar mucho para observar un mismo común denominador: cómo los llamados medios de comunicación de masas satanizan a los luchadores populares y, más aún, a los revolucionarios.

Nepal saltó al primer plano de la actualidad mediática con la rebelión popular que, en el mes de abril, supuso la derrota de la monarquía feudal del rey Gyanendra. Pero en Nepal existe una guerra revolucionaria desde hace más de 13 años, una guerra que buscaba el derrocamiento de la monarquía y, consecuentemente, de todo el régimen político y económico que la sustenta. Sin esa lucha, en la que el actor principal ha sido el Partido Comunista de Nepal (maoísta), no se hubiesen producido las condiciones necesarias para las masivas movilizaciones populares que han desintegrado el anacrónico régimen monárquico que gobernaba el país desde tiempos inmemoriales.

Sin la flexibilidad táctica del PCN (m) los partidos políticos, tradicionales aliados de la monarquía, no se hubiesen atrevido a criticar la monarquía y aunque aún no está definido su derrocamiento definitivo -con la instauración de una república, y estos partidos abogan por un mantenimiento simbólico de la monarquía al estilo europeo-, se puede afirmar que se acabó su omnímodo poder. Ahora, cuando la guerrilla se hace presente en Katmandú mostrando su fuerza con concentraciones masivas y con una comisión negociadora para concretar los acuerdos alcanzados en octubre del año 2005 con una Alianza de Siete Partidos (entre ellos el Congreso Nepalí, el Congreso Nepalí-Democrático, el Partido Comunista de Nepal-Unificación Marxista Leninista, el Partido Campesino y el Anandi, junto a otros dos más pequeños), son los mal llamados medios de comunicación de masas quienes se convierten en los críticos más aguerridos de los maoístas.

Y lo hacen porque con ellos, especialmente con la puesta en marcha de una Asamblea Constituyente -histórica reivindicación de los maoístas y despreciada por los partidos hasta que se firmó el acuerdo de 12 puntos en octubre de 2005-, llega un cambio de las estructuras económicas, sociales, étnicas, lingüísticas, de género y de casta en las que tan cómodos se han sentido durante décadas los oligarcas y servidores de una monarquía corrupta hasta la náusea, incluyendo los medios de comunicación.

La batalla será dura y ya se están poniendo encima de la mesa las divergencias entre el gobierno (integrado por miembros de la Alianza de Siete Partidos) y la guerrilla: el ministro de Hacienda se ha negado a poner en marcha reformas, que denomina «radicales», como precio a pagar para garantizar la precaria estabilidad política que ahora existe en Nepal (1). Este ministro, como el de Finanzas, son dos personajes nefastos en la política nepalí. Ambos han sido ministros con la monarquía, se han opuesto siempre a la reivindicación histórica de la guerrilla de una Asamblea Constituyente y son, además, los responsables de que en Nepal se hayan impuesto unas medidas económicas de corte neoliberal (eufemismo de capitalista) desde el año 1990 y que han hecho de este país uno de los más atrasados del mundo, con la pobreza y el analfabetismo profundamente arraigados y extendidos. Con una renta per cápita de 196 euros anuales (240 dólares) es difícil que tras el éxito de la lucha contra el régimen monárquico la población se contente con su suerte y asuma el mantenimiento del actual status quo.

Un estado, dos regímenes políticos y económicos

Cuando el rey Gyanendra dio el golpe de Estado palaciego el 1 de febrero de 2005 una de sus primeras medidas fue la imposición de una férrea censura, el corte de las comunicaciones con el exterior (incluyendo los teléfonos móviles e internet) y la detención de los periodistas críticos. La presión internacional provocó que esas medidas se fuesen aliviando, pero los medios nunca fueron antimonárquicos. Tampoco ahora lo son. Su lectura es muy esclarecedora y permite constatar, además, cómo se arremete contra los hasta hace muy poco tiempo llamados «terroristas».

Para los medios de comunicación los maoístas son los causantes de todos los males: «impiden el trabajo de las ONGs» (sí es verdad que ha sucedido en la parte este del país, especialmente en el distrito de Sankhuwasabaha por imponer una fórmula de desarrollo económico radicalmente alejada de los planteamientos maoístas y basada, sobre todo, en las fórmulas capitalistas, tal del agrado de muchas ONGs), siguen «secuestrando terratenientes», cobrando el impuesto revolucionario, «confiscando propiedades» y poniendo en marcha un sistema político y económico en las zonas que controlan que «no respeta la propiedad privada», etc.

La guerrilla ya ha dicho que algunas de estas acciones las va a mantener, como la lucha contra los terratenientes y el cobro de impuestos, porque en Nepal «hay un estado, pero dos regímenes políticos y económicos» (2). Es evidente. Por una parte, el hasta fechas recientes régimen pro-monárquico representado por los partidos que hoy integran la ASP y, por otro, el maoísta, que ha aplicado en el 40% del territorio que controla una política que ha cambiado radicalmente la educación, la salud, la posesión de la tierra, el empleo, el desarrollo de la infraestructura y un sistema más igualitario de la distribución de los bienes comunes.

La conclusión de esta campaña propagandística basada en la calumnia, la mentira y la infamia es la de siempre: la guerrilla se debe desmovilizar y entregar las armas si quiere ser tenida en cuenta en el proceso político. O sea, el viejo concepto de paz en su sentido negativo (ausencia de conflicto) en vez de en su sentido positivo (resolución de las causas que dan origen a los conflictos). En este sentido, resulta significativo que el representante del Fondo Monetario Internacional en Nepal, Sukhwinder Singh, haya sido entrevistado en la práctica totalidad de medios de comunicación afirmando que «después de una guerra brutal de más de una década [con lo que implícitamente responsabiliza a la guerrilla], se podría decir que la paz es un fin en sí mismo» (3). El FMI, junto al Banco Mundial y al Banco Asiático para el Desarrollo han sido los diseñadores de la política económica y monetaria que ha regido en Nepal los últimos 21 años y ha agudizado las diferencias socio-económicas, multiplicando la riqueza para muy pocos y generando más pobreza para la gran mayoría de la población hasta llevar a Nepal al nivel de miseria actual.

Por eso no debe sorprender que cuando el 31 de mayo el gobierno y la guerrilla firmaron un acuerdo de 24 puntos que sellaba el alto el fuego, poniendo de manifiesto la voluntad de ambas partes por cumplirlo, aparezca una referencia explícita a los medios de comunicación. Los puntos 13 y 14 de dicho acuerdo (4) hacen un llamamiento a esos medios para que cooperen no publicando editoriales, comentarios o entrevistas que obstaculicen las negociaciones y el proceso de paz. Veremos cómo responden los medios al acuerdo y a la más reciente pretensión guerrillera: la disolución del parlamento por haber sido elegido bajo las leyes monárquicas y «no representar a las fuerzas que estuvieron implicadas activamente en el movimiento popular». El portavoz del PCN (m) en las negociaciones ha ido más allá y ha dicho que es necesario llevar a cabo «una conferencia política de todas las fuerzas que estuvieron implicadas en el movimiento popular que luchó contra la monarquía que establezca un nuevo gobierno», en el que estarían representados ellos como fuerza política sin la cual no se hubiese llegado a esta situación, y entonces ir a la elección de una Asamblea Constituyente.

Por el momento los medios de comunicación nepalíes callan, pero el testigo del discurso antiguerrillero lo ha recogido, como no podía ser menos, la prensa estadounidense. En la página web de la CNN se puede leer una jugosa crónica titulada «Los maoístas prometen un amanecer rojo en Nepal», en Los Angeles Chronicle otra con el suculento titular de «15.000 personas murieron en la guerra de los maoístas», y así hasta el aburrimiento (5).

Recordar a Neruda

Tal vez haya que recordar el poema de Pablo Neruda titulado «Los validos», donde habla de los que se arrastran escribiendo. Esta poesía está recogida en el Canto General y es totalmente actual: «Es el cobardón arrendado/ para alabar las manos sucias./ Es orador o periodista./ Despierta de pronto en palacio/ y mastica con entusiasmo/ las deyecciones del soberano,/ elucubrando largamente/ sobre sus gestos, enturbiando/ el agua y pescando sus peces/ en la laguna purulenta».

Es siempre la misma tónica, el mismo comportamiento. Y recuerda mucho lo sucedido en Venezuela durante el golpe de Estado de abril de 2001, el sabotaje petrolero de diciembre de ese mismo año, la nauseabunda campaña del referéndum revocatorio de agosto de 2004 y la reciente de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005. La oligarquía en Nepal, como en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador o en cualquier otro país que el lector o lectora tenga en mente está sintiendo un cierto pánico a perder una parte de sus privilegios. Una parte, puesto que aún se está lejos de una situación revolucionaria y de un cambio radical de las estructuras económicas y sociales. Pero con ello muestra la crisis de un sistema y su desesperación porque en hay países donde el pueblo está tomando las riendas de su destino, sin dejarse seducir por los cantos de sirena capitalistas como, por ejemplo, ocurrió en la Europa del Este tras el derrumbe de la Unión Soviética. Si en un momento en esta parte del mundo triunfaron las revoluciones pro-capitalistas con el derrumbe de los regímenes llamados socialistas, ahora se constata el fracaso de esa misma estrategia en Bielorrusia o la mismísima Ucrania, banderín de enganche de ese escaparate de la oligarquía que se presenta como «sociedad civil» bajo el manto de determinadas organizaciones no gubernamentales. Esas ONGs que ponen parches a la injusticia social como si la miseria y la pobreza que son su consecuencia, y en que vive la mayor parte del mundo, se reprodujesen por generación espontánea, como las setas, y no debido a un sistema social determinado: el capitalista..

Este tipo de discurso se conoce también en Colombia, por ejemplo. Las FARC-EP aprendieron de los errores cometidos por el sector mayoritario del EPL, el Quintín Lame, el MADO y el M19 en el proceso de desmovilización de los años 1990 y 1991 y no entró al trapo de la desmovilización a secas en las conversaciones de San Vicente del Caguán, por ejemplo. Unas conversaciones que, hay que recordarlo, fracasaron en cuanto la guerrilla puso encima de la mesa sus reivindicaciones económicas. Y tampoco ahora el ELN, que mantiene una cautelosa negociación con el gobierno de Álvaro Uribe, ha aceptado la desmovilización mientras no se cierre un acuerdo que ponga fin a las causas que originaron su lucha. A la oligarquía, sea de donde sea, no le preocupa tanto la búsqueda de una solución negociada (en ese concepto negativo de paz) como que en ella se incluya la reformulación de la política económica y su consecuencia más inmediata, una mejor distribución de la riqueza y la finalización de la injusticia social.

Se pueden poner muchos nombres a esta estrategia en América Latina o en cualquier otra parte del mundo. Por no andar recorriendo el planeta, quedémonos con un par de perlas referentes a Venezuela y que acaban de salir añadiendo a la infamia la hipocresía: «Las cifras de pobreza y el índice de desarrollo humano de Venezuela se han deteriorado desde 1999, cuando Chávez tomó el poder» (6), «En un área -la pobreza- el gobierno [de Venezuela] insiste en que las cifras mejoraron, pero existen dudas sobre la fiabilidad de los datos oficiales» (7). La fiabilidad la ponen ellos. Como Forbes y la fortuna de Fidel Castro. Y rizando el rizo, es muy recomendable la lectura del artículo «The Wall Street Journal pone a Chávez como jefe de un proyecto imperial hegemónico» (8). Ahora resulta que los imperialistas son los otros. No EEUU y sus aliados europeos, autoproclamados «comunidad internacional» con el tema de Irán, por ejemplo.

Volviendo a Neruda y su poema «Los validos» del Canto General, «Siempre el tirano en nuestra negra/ geografía martirizada/ halló un bachiller cenagoso/ que repartiera la mentira».

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(1) AFP, 28 de mayo de 2006.

(2) The Himalaya Times, 2 de junio de 2006.

(3) AFP, 28 de mayo de 2006.

(4) Texto completo del cese el fuego y código de conducta comprometido entre el gobierno de Nepal y el PCN (m), The Himalaya Times, 25 de mayo de 2006.

(5) CNN y LA Chronicle, 30 de mayo de 2006.

(6) Foreing Affairs, mayo-junio 2006.

(7) Financial Times, 11 de mayo de 2006.

(8) IAR-Noticias, 27 de mayo de 2006.

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