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Honduras

Lecciones de la huelga magisterial

Fuentes: Rebelión

El magisterio en Honduras está conformado por cerca de 65 mil profesores/as, organizados en 6 sindicatos, y aglutinados en una confederación nacional. Además, se dice que el magisterio es una de las columnas vertebrales del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). La huelga general de tres semanas, que concluyó el lunes pasado, sin conseguir sus […]

El magisterio en Honduras está conformado por cerca de 65 mil profesores/as, organizados en 6 sindicatos, y aglutinados en una confederación nacional. Además, se dice que el magisterio es una de las columnas vertebrales del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

La huelga general de tres semanas, que concluyó el lunes pasado, sin conseguir sus objetivos, fue uno de los últimos actos de protesta más populares del país. Padres de familia, estudiantes y el mismo FNRP salieron espontáneamente a las calles en defensa de la educación pública. Pero también fue una de las movilizaciones permanentes más reprimidas por el Estado de Terror instaurado en Honduras.

Pero, ¿qué acobardó a las y los aguerridos maestros que por tres semanas consecutivas fueron reprimidos con gases lacrimógenos, toletes, persecuciones sangrientas, encarcelamientos y el asesinato de una de sus colegas? ¿Habrá sido la amenaza gubernamental de las supuestas destituciones laborales que nunca llegaron?

En 1954, 30 mil campeños (semi esclavos de las bananeras), en 40 días consecutivos de huelga general, derrotaron no sólo al gobierno de entonces (Juan Manuel Gálvez), sino a las empresas bananeras del país (United Fruit Co., en el mismo año, había logrado derrocar al Gobierno de Jacobo Arbenz, en Guatemala). Entonces, los medios de comunicación, organizaciones de derechos humanos, apoyo internacional, etc. eran completamente desconocidos para los campeños. La gran mayoría de las y los huelguistas eran analfabetos, pero con consciencia de clase.

Aquella huelga galvanizó la conciencia nacional, y logró legalizar y garantizar varios derechos sociolaborales en el país. Derechos de los que todavía gozan las y los mismos maestros, ahora. Pero, ¿qué pasó con los 65 mil maestros, profesionales de la educación y formadores de la conciencia nacional? ¿Por qué retrocedieron en su cometido «en defensa de la educación pública»?

La historia nos recuerda que hace más de 500 años atrás, el trío de Cortés, Pizarro, Almagro, y unos cientos de sus secuaces, lograron arrodillar a 70 millones de indígenas (asustados muchos de ellos), con el cuento de que eran enviados de los dioses. ¿Será que el dúo de Lobo-Hernández goza de aquella capacidad de intimidación y persuasión mesiánica?

A nivel de la organización magisterial, el desenlace final de la huelga refleja la deficitaria conciencia gremial de las y los maestros. La dirigencia confió en la conciencia gremial de sus bases. Se equivocó. El hecho de que un profesor aporte económicamente a su sindicato, cada mes, (para su jubilación), no expresa necesariamente la conciencia sindical del maestro. Esta es una tarea pendiente.

Pero también está la falta de capacidad de convocatoria de muchos dirigentes del sector, fruto del desprestigio y de la partidización de los cargos. Mientras las y los maestros continúen orgullosos del color político de sus patrones, estarán siempre condenados a negociar de rodillas con sus amos.

La «defensa de la educación pública» fue presentada como un asunto exclusivo del magisterio. ¿Acaso este asunto no es de interés nacional? He aquí el otro error. Algunos maestros se resistían incluso a que el FNRP se sumara a las movilizaciones.

Mientras no exista una conciencia nacional en defensa de la dignidad y la soberanía del país, ninguna movilización, por más multitudinaria que fuera, logrará sus objetivos. Tenemos que tener una visión de país integral e incluyente. Si cada quien defiende lo suyo, más temprano que tarde terminaremos negociando de rodillas las migajas de nuestros derechos. Si deseamos refundar Honduras, tenemos que revisar y reforzar las estrategias organizativas, de comunicación y de movilización. Necesitamos tener amor propio y conciencia colectiva para ir en busca de nuestros sueños postergados. De lo contrario seguiremos condenados a fracasar en el intento.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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