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El Salvador

Rendirse no es una opción

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Después de 28 años regresé a El Salvador. Este artículo es el último de un reportaje sobre una revolución que descuidó a sus propios hijos y sin quererlo engendró a un monstruo.

El triste fin de los acuerdos de paz

La revolución que en su tiempo fue un tema de atención diaria en el mundo entero, no ha estado a la altura de las expectativas. Los Acuerdos de Paz de Chapultepec de 1992 parecen muertos y enterrados. Bukele hace todo lo posible para borrar esa parte de la historia de la memoria colectiva. Califica los acuerdos de “una farsa” y “un pacto entre criminales”. El hecho de que los acuerdos se hayan firmado bajo los auspicios de las Naciones Unidas para él es un detalle menor.

“Los acuerdos no eran perfectos”, admite Nidia Díaz, “pero las reglas estaban claras”. Todavía usa su nombre de guerra. Muchos la conocen por su libro “Nunca estuve sola”, publicado por la UCA, Universidad Centroamericana, en 1988, en plena época de guerra. Estaba embarazada cuando empezó la guerra, pero eso no la detuvo. Se hizo comandante, negociadora de paz y luego política. Pero prefiere que la presente como “luchadora social”.

No había quien pensara que la guerra duraría 12 años. Lo último que quería el FMLN fue otro Vietnam. Desde el principio lo centró todo en una paz negociada. Ya en octubre de 1981 el FMLN pidió a Daniel Ortega, líder de los sandinistas en Nicaragua, que leyera una carta a la Asamblea General de la ONU en nombre del Frente instando a una solución política. La respuesta fue más sangre y más guerra. Con el apoyo de Estados Unidos: mil millones de dólares.

Nidia ya se hizo presente en la primera mesa de negociación en La Palma, El Salvador, en 1984. Al principio su nuevo cargo la hizo sentir un tanto incómoda. Fue la única mujer entre sólo hombres. Además hubo ese otro factor: conoció personalmente al entonces presidente demócrata cristiano, Napoleón Duarte, de una fiesta de boda. La posición del FMLN fue clara: no podía haber paz sin subordinar las fuerzas armadas y la policía completamente al poder civil. El Frente exigió garantías de que un retorno a las dictaduras militares de antes de la guerra fuera absolutamente imposible . Un punto que fue inmediatamente rechazado por la otra parte.

Seguirían mucho más intentos antes de que en 1992 por fin todos se pusieran de acuerdo sobre 38 reformas constitucionales. El marco legal para trabajar en la implementación concreta de los acuerdos quedó establecido.

Los combatientes del FMLN entregaron las armas y el Frente podía seguir como partido político. Las fuerzas armadas y la policia fueron depurados y reformados a fondo. Se introdujo una policía civil (“Policía Nacional Civil”) para el mantenimiento del orden y la seguridad públicos. El papel de los militares se delimitó a la defensa del territorio y de la soberanía. Nació la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos para luchar contra la impunidad. El Tribunal Supremo Electoral (Tribunal Supremo Electoral) tuvo que asegurar la organización de elecciones transparentes y justas. A Nidia – y a muchos otros con ella – le esperaba la inmensa tarea de “aprender a aceptar al enemigo”, como dice ella, y capacitarse en las reglas de la negociación y el compromiso político.

Es decir, eso fue el plan. Después de treinta y dos años y de muchas elecciones, escándalos de corrupción y cárceles hacinadas los acuerdos parecen haberse reducido a unos papeles de desecho. Dentro de poco Bukele iniciará su segundo mandato violando todo principio constitucional. Incluso ya se está a sugiriendo la posibilidad de un tercer período. Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial están de facto concentrados en en una sola persona: Bukele. El estado de derecho ya no existe y la militarización del país es un hecho irrefutable. El enfoque principal de las negociaciones de paz, siendo la restricción del poder absoluto de las fuerzas armadas, terminó en un fiasco gigantesco.

Militarización

Desde el inicio de su primer mandato como presidente en 2019, Bukele ha aumentado el número de militares de 12,000 a 24,500. Ahora el país más pequeño de Centroamérica tiene el ejército más grande de toda la región. Pero parece que para Bukele le falta todavía. El objetivo es aumentar aún más el número de tropas, hasta 40.000. En apenas cinco años de gobierno ha subido el presupuesto de Defensa en un 80%, de 145 millones de dólares a 261 millones. La policía que actualmente cuenta con más de 27,000 efectivos -el segundo cuerpo policial más grande de la región después de Guatemala- tiene un presupuesto de 605 millones de dólares, un aumento del 29% respecto a 2019.

Bukele no oculta que quiere seguir por el mismo camino. A las fuerzas armadas se les siguen asignando cada vez más tareas policiales que no tienen nada que ver con defensa. Están plenamente implicadas en la lucha contra las pandillas en el marco de su «Plan de Control Territorial» del que nadie conoce los detalles. Un exfuncionario del FMLN me cuenta que los preparativos para la integración de la policía en las fuerzas armadas ya están en plena marcha. Ya empezaron los entrenamientos. Una vez más los EE.UU. han prometido su apoyo a los planes de Bukele con respecto a las fuerzas armadas.

Bien que en este momento oficialmente Bukele no sea presidente –en El Salvador un presidente en función no puede presentarse para un segundo mandato y por eso dimitió temporalmente– no tardó en seguir con sus planes poco después de las elecciones. El 25 de marzo ordenó el despliegue de 5,000 militares y 1,000 policías en Chalatenango para limpiar cuatro municipios. Chalatenango fue uno de los bastiones del FMLN durante la guerra.

Cabe recordar que el incumplimiento de los Acuerdos de Paz en lo que concierne el mandato de las fuerzas armadas y la policía no es nuevo. Esta tendencia ya se inició con pleno vigor durante el primer período del gobierno del FMLN bajo Mauricio Funes. Funes nombró a militares de alto rango para dirigir el Ministerio de Seguridad Pública y Justicia y la Policía Nacional Civil. Que esto fuera diametralmente opuesto a la posición del partido no fue obstáculo para él. La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la nominación para el cargo ministerial. Pues el coronel fue nombrado ministro de Defensa. Las consecuencias no dejaron de esperarse. Desde que se fortaleció la cooperación entre las fuerzas armadas y la policía, el número de ejecuciones extrajudiciales no ha dejado de aumentar. En El Salvador los escuadrones de la muerte nunca han dejado de existir del todo.

La historia está viva

Para Bukele es una cuestión de honor hacer tabula rasa con el pasado. Canceló la conmemoración anual de la firma de los Acuerdos de Paz. El informe de la Comisión de la Verdad está acumulando polvo. Donde su partido proporciona el alcalde, las memoriales para las víctimas de la guerra son destruídas. Hasta el monumento para la conmemoración de la masacre de El Mozote, donde el batallón élite de las fuerzas armadas – en presencia de enviados de EE.UU. – asesinaron a mil mujeres, niños y ancianos en sólo unos días, ya no puede existir. Todos los programas sociales fueron abolidos o drásticamente reducidos. Las universidades ya no reciben recursos. Incluso las indemnizaciones y pensiones de los veteranos de guerra, tanto de las fuerzas armadas como de la guerrilla, se están recortando de manera significativa.

Bukele también tiene el ojo puesto en las tierras que fueron asignadas a exguerrilleros hace 30 años. En estas comunidades ahora los militares y la policía están patrullando. Regularmente detienen a la gente, particularmente a jóvenes, como advertencia. Muchas familias afectadas son extremamente pobres y sobreviven con no más de 1 dólar al día, y esto después de tantos años de paz. Los jueces ni siquiera miran los títulos de propiedad debidamente registrados y no tienen escrúpulos para entregar las tierras al clan de Bukele. Bukele se ha propuesto construir un segundo Cancún en superlativo que haga diminuir la fama de la versión original en México. Para tanto descaro y arrogancia no hay sino una sola explicación: Bukele quiere demostrar que tiene poder.

Los que han vivido la guerra en primera línea esperan de todo corazón que nunca jamás vuelva a suceder. “Las guerras son crueles, horribles”, testifica Martita. Durante la guerra perdió a muchos hermanos y hermanas, tíos y tías, sobrinos y sobrinas, primos y primas, amigos y amigas. “Ese dolor por adentro no se sana. Pero aún así, en cualquier circunstancia, estamos en pie de lucha. Tenemos nuestra dignidad. No nos rendimos. Somos los testigos vivos de nuestra historia, de la guerra, de lo que Bukele llama una farsa”. Y de ser necesario, se levanta antes del amanecer para subirse a la parte trasera de una camioneta rumbo a una manifestación en San Salvador. Es una militante de por la vida.

En todo el país están naciendo nuevos movimientos de protesta por encima de las diferencias partidarias, clases y sectores. La calle y las redes sociales son sus armas. Empecé a seguirlos de día a día en las redes sociales y no deja de impactarme su audacia y valentía: el Movimiento Nacional por la Defensa de la Tierra (MOVITIERRA), el Movimiento de Víctimas del Régimen (MOVIR), el Bloque de Resistencia y Rebeldía Popular (BRRP), la Alianza Nacional contra la Privatización del Agua o la Mesa Nacional contra la Minería Metálica, citando sólo algunos. Logran movilizar a miles, incluso a decenas de miles de personas y no se dejan intimidar por las represiones desde arriba. Hace tres semanas, varios jóvenes incluso anunciaron su decisión de fundar un nuevo partido de izquierdas, el “Partido Comunista Revolucionario”, como alternativa al FMLN actual.

Pareciera que el FMLN, que alguna vez tuvo la ambición de cambiar el sistema, a lo largo de los años fuera tragado más y más por ese mismo sistema a lo largo de los años. Una y otra vez miro con asombro los últimos posts de los candidatos principales del Frente de las pasadas elecciones: una bella flor, un vestido nuevo, un rico bizcocho, una canción de amor, una puesta del sol o las “China Flowers” de Manuel “El Chino” Flores, el candidato presidencial, quien también llama a comer sano. ¿Quién sabe qué les motiva a hacer eso? Pero la gente sigue insistiendo conmigo en que no confunda la dirección del FMLN con los militantes en la base. Me aseguran que el corazón de la revolución sigue vivo y latiendo. En casi todas las reuniones, en todas las conversaciones, el mensaje es claro: «No nos dejen solos». El llamado al apoyo de la solidaridad internacional suena cada vez más fuerte. La lucha sigue.

Traducción hecha por la autora. Versión original publicada en De Wereld Morgen, Bélgica, 11 de abril de 2024 bajo el sistema de Creative Commons: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2024/04/11/el-salvador-plooien-is-geen-optie/.

Marleen Bosmans es politóloga y trabajó durante más de 40 años como experta de derechos humanos en distintas áreas de la cooperación internacional de Bélgica en América Latina y el Caribe, Africa y Asia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.