Pocos días al año incitan nuestro espíritu revolucionario, avivan nuestro fervor por el cambio o nos sincronizan con luchas lejanas en el tiempo y el espacio tanto como el Día Internacional de los Trabajadores.
Pocos días al año incitan nuestro espíritu revolucionario, avivan nuestro fervor por el cambio o nos sincronizan con luchas lejanas en el tiempo y el espacio tanto como el Día Internacional de los Trabajadores.
Desde su llegada al cargo en agosto de 2025, el señor Lewi ha convertido su investidura diplomática en una plataforma de injerencia y propaganda política sionista. A través de sus redes sociales y en diversos medios digitales, ha interpelado, cuestionado y presionado sistemáticamente a autoridades y organismos autónomos del Estado chileno, con el evidente propósito de condicionar decisiones soberanas de la política nacional y exterior de nuestro país. Del mismo modo, ha hostigado y señalado a académicos, académicas y defensores de derechos humanos por sus fundadas denuncias sobre las graves violaciones del Estado de Israel, actuando como si poseyera facultades de censura o intimidación sobre personas en Chile.
El Financial Times describió en un artículo un escenario adverso para el mandatario, señalando que “la popularidad del presidente cae mientras los funcionarios enfrentan acusaciones de corrupción y el desempleo aumenta”, en un contexto donde la agenda política se ve dominada por investigaciones y conflictos internos.
A menos de tres meses de que Israel y Estados Unidos iniciaran la guerra contra Irán y Líbano, se clarifica el efecto de esta: miles de víctimas directas e indirectas e impactos negativos inmediatos y colaterales.
Si hay algo que es capaz de unir a toda la derecha populista es que el feminismo ha ido demasiado lejos, y por el camino ha arrollado los derechos de los hombres, la competitividad de las empresas, la eficacia de los gobiernos y los ejércitos, la meritocracia, la libertad de expresión y la presunción de inocencia
Cuidar la Tierra no es delito porque proteger las condiciones que hacen posible la vida constituye un deber ético, social e incluso histórico de la humanidad. Delito es destruir aquello de lo que depende la existencia colectiva: el agua, los bosques, el aire, los territorios y las comunidades humanas que viven en relación con ellos.