Equiparar la cooperación técnica con la subordinación geopolítica es, por eso, un error histórico. Al perder la memoria del Congreso de 1856 corremos el riesgo de olvidar que la verdadera seguridad transnacional no consiste en transformarnos, una vez más, en la frontera exterior de una superpotencia —ayer contra el comunismo, hoy contra el narco, siempre contra el enemigo que el norte global señala—.