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Agresión a Berlusconi

Ahora toca la caza de brujas

Fuentes: Il Manifesto

Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti

Y ahora toca la caza de brujas contra los inductores, los instigadores, los malos maestros, los creadores del clima de odio y venga y dale. El gesto de un pobre hombre que perdió la cabeza (no de un conspirador clandestino sino un desesperado que no tiene nada más que perder que su propia vida) lo toman como pretexto los defensores de un régimen en crisis en busca de un poco de tranquilidad a través de una vuelta de tuerca -en nombre de la seguridad y del «enfriamiento del clima político»- contra todo aquel que se atreva a criticarlos, ya se trate de centros sociales, periódicos, personalidades políticas, organizaciones sociales o colectivos de trabajadores. Se está hablando ya de cerrar o someter a controles estrictos los sitios de Internet en los que se expresaba complacencia con el agresor Massimo Tartaglia. Los cincuenta mil fans que se reunieron en pocas horas en Facebook impresionan, y son testimonio de la mucha rabia y el resentimiento que han ido madurando en el cuerpo social de esta desventurada Italia contra Silvio Berlusconi: lógico que los hombres del premier, cuya imagen física ha quedado redimensionada violentamente, quieran cerrar cuanto antes los lugares donde la imagen moral del «líder amadísimo» se pone en tela de juicio más explícitamente.

Son momentos tensos y difíciles. Los políticos (Di Pietro, Bindi y muy pocos más) que se han atrevido a apartarse del coro de solidaridad política al premier (otra cosa es la piedad humana, que cada uno gestiona como le parece) son ya objeto de una agresión mediática tremenda. Se les señala directamente como «inductores» del «terrorista». Además, desde el gobierno se dice claramente que en la categoría de inspiradores de la violencia caben también los jueces, los partidos, «cierta prensa», y así sucesivamente, hasta Fini. Es decir, todos aquellos que por algún motivo tienen algo que decir contra el gobierno, a los que ya llevaban tiempo intentando amordazar de modo estrecho. En esta tarea para acallar voces participan activamente muchos a los que se pretende silenciar. Estos piden no se sabe a quién que se baje el tono, como si fuera a servir para algo más que para dar cuerpo a las acusaciones que el gobierno dirige en su contra.

¿Y ahora? Berlusconi se pregunta «por qué tanto odio», y probablemente está sorprendido de veras al comprobar en su propio pellejo que el país no lo ama tanto como creía. Esperemos que esta fea historia lo haga ser más consciente del hecho de que el país se ha vuelto un recinto lleno de furor y hostilidad, y comprenda que por este camino (él es el primer responsable de habérselo indicado al país), lo peor para todos está por llegar.

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/archivi/commento/anno/2009/mese/12/articolo/1993/