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¿Al revés o al derecho?

Fuentes: Página 12

¿El mundo al revés o el mundo del revés? ¿El mundo al derecho o el mundo del derecho? Es lo mismo, la cuestión es que el mundo al revés se ha convertido en el mundo del derecho. ¿Anverso o reverso? ¿Cómo? Así de simple. Veamos. Unos ejemplos, apenas. Berlusconi en Italia… que si analizamos su […]

¿El mundo al revés o el mundo del revés? ¿El mundo al derecho o el mundo del derecho? Es lo mismo, la cuestión es que el mundo al revés se ha convertido en el mundo del derecho. ¿Anverso o reverso? ¿Cómo? Así de simple. Veamos. Unos ejemplos, apenas. Berlusconi en Italia… que si analizamos su programa se puede sostener hasta con criterio filosófico que ha impuesto la avidez como principio moral. Y con un agregado: egoísmo como precepto. Se aseguró por ley que mientras él esté como jefe de Italia, la Justicia no lo podrá llamar a rendir cuentas. Y esto se debe a que El Matador, como lo llaman, tiene un juicio por coima y lo esperan otros dos, uno por el comercio sobre derechos de televisión y el otro, también por coima a parlamentarios.

Eso, de que la Justicia no pueda actuar mientras alguien esté en el poder, en cualquier código moral no podría existir. En Italia sí, y por voto del Parlamento. ¿Cómo? ¿Acaso el Palacio de Justicia de Roma no tiene la inscripción indiscutible «Ante la ley son todos iguales»? Bien, desde hace unos pocos días y, como dicen los pesimistas: sí, pero hay algunos más iguales que otros.

La coima ya parece ser algo común, habitual, acostumbrado. Encontremos otro término más tierno: familiar. Sí. Por ejemplo, la Justicia alemana acaba de ventilar el juicio por coimas, dineros en negro y otros «usos» en la firma Siemens. Se comprobó que en esa empresa -antes catalogada en el mundo como una de las más honestas y honradas- se emplearon dineros en forma ilegal por una suma de 1,3 mil millones de euros. No, no me equivoco, claro, hay que repetirlo varias veces para poder imaginarse algo así. Es ése, la coima, el proceder que se ha hecho costumbre entre políticos y empresarios. ¿Para qué, para que las licitaciones las gane finalmente aquel que ponga más en el sobre?

Pero ahí no se detiene la inmoralidad del sistema. La misma Siemens anunció que dejará cesantes a 18.000 empleados y obreros. Hay que economizar para abaratar los productos y poder enfrentar a China. Alemania sigue siendo el primer país exportador del mundo, pero se sabe que pasará en el 2009 al segundo lugar. China pasará a ser el campeón mundial de exportaciones en el año próximo. Pero no solamente la competencia es pagada por los de abajo, que quedan sin trabajo. Sino que en el capitalismo mundial se imponen cada vez más los millonarios sueldos de los «managers», de los «ejecutivos». Aquí en Alemania se está discutiendo en forma ya muy agria el «autoservicio» de los altos jefes. Los gremios han denunciado, por ejemplo, que el jefe máximo de la fábrica de autos Porsche ha ganado cien millones de euros en un año. Sí, tal cual, no es un error: cien millones de euros en un año. Lo ha denunciado el ex ministro de Economía Oskar Lafontaine en el Bundestag, acusando al gobierno de incapacidad al no poder frenar el «desvergonzado manejo del autoservicio de los managers empresarios». La avidez como principio moral.

Pero no sólo los países ricos. Bulgaria y Rumania acaban de quedar desnudos de la total corrupción que reina en su economía, principalmente en el llamado a licitaciones. Europa los ha denunciado. Pero la pregunta que cabe es: ¿y qué pasa en el resto de Europa?

Llenaríamos páginas enteras trayendo esos casos de corrupción. Pero tal vez basta ya con lo dicho, porque vamos a la otra cara del mundo. Titulares: «Quince millones de hambrientos». En Kenia, Africa. «Dos millones de filipinos viven en cementerios.» Es lo único que faltaba: «vivir» en cementerios. Sí. Por falta de techo, en Filipinas la gente ha tomado los cementerios y vive y duerme en los panteones o directamente sobre las losas de las tumbas de la tierra. No hay dinero para viviendas. Las autoridades les permiten eso para calmarlos y para que no salgan a protestar. Los administradores de los cementerios les cobran coimas a los pobres que llegan a vivir allí. Vida en los cementerios. Esas sí que son fantasías de la realidad. Y siempre hay algo en la vida que no se rinde. La crónica señala que los niños de esas familias que se han refugiado allí, juegan y ríen entre las residencias de los muertos.

Pero hay otras fantasías de la realidad más increíbles. Los nuevos multimillonarios rusos compran acciones de las grandes empresas europeas. Es sabido el caso de uno que hasta se ha comprado un club de fútbol de Inglaterra. Las notas sobre el lujo en Moscú de las «clases altas» proliferan en los medios europeos. Uno de los multimillonarios, Wladimir Jewtuschenkow, ha declarado diez mil millones de dólares y vive como la mayoría de los superricos en la Rubljowka-Chaussee, en residencias de un lujo increíble que no se encuentran ni en Washington ni en Londres. Y allí, por supuesto, el paraíso de compras, todos con productos de Yves Saint-Laurent y Gucci, van Cleef y Arpels, y Bulgari, y automóviles Lamborghini, Maserati y Bentley, como lo describe la investigación de Erich Follath y Matthias Schepp. En el barrio de los ricos se realizan fiestas donde se ven «escotes con diamantes en las damas y smoking y relojes pulsera Chopard en los hombres». En la última fiesta se dio a conocer una revista de modas de 567 páginas. Entre los veinte más ricos del mundo ya hay cuatro rusos. Uno de ellos, un antiguo funcionario de la policía política, claro está. Todos están acompañados permanentemente, por guardias de empresas privadas. El escritor Wiktor Jerofejew ha dicho hace poco: «Moscú, de la mamacita de Rusia, se ha convertido en la puta de Babilonia». Pero eso sí, políticos y empresarios concurren a la nueva iglesia cristiano-ortodoxa que ha reabierto sus puertas. Putin se confiesa con el archimandrita Tichon. Como corresponde. Moscú es la ciudad con más crímenes del mundo.

Nuestro mundo. En vez de Kant, Hegel o Mahatma Gandhi, Bush, Berlusconi y Putin, los tres votados por sus pueblos.

Pero así como hay niños que juegan en los cementerios, así también existe el mundo que no se rinde. Gestos personales, movimientos que no se conforman, jóvenes solidarios con los que cayeron por ideales. Me acuerdo de una maestra argentina que me señaló hace poco, toda contenta: «Hice quinientos kilómetros por las pampas y pude ver cuatro ombúes». Mientras existan aún ombúes podemos tener esperanzas, me dije. El ombú, ese hijo de la tierra nuestra que cuando niños veíamos que nos seguían en todo el viaje del tren. Hoy vemos soja, soja, soja.

Y alegrías, por ejemplo, de recibir la noticia del proyecto de la diputada cordobesa Cecilia Merchan, de cambiar en nuestros billetes de cien pesos la efigie del genocida Roca por la de la heroína de nuestra independencia Juana Azurduy. Hace tres años propuse el cambio en los billetes máximos de ese general por el de un poeta. Porque me dije: ¿por qué tienen que estar en los billetes sólo personajes políticos o militares y no un poeta? Lo propuse con el fin de que se considerara que lo que más valor tiene en la vida es la poesía. Evaristo Carriego, además, un poeta que supo ver al pueblo en las calles. Pero ahora, apoyo totalmente el cambio del genocida Roca por una mujer bien de la tierra. Por fin, una mujer. Y más, una mujer que luchó de por vida por la independencia y la libertad de los hijos de la tierra y murió en la pobreza y el olvido. Por supuesto, el primero en ponerse en contra de este proyecto limpio y sin intereses creados fue el diario La Nación. Le dedicó un editorial. Claro, así como estuvo en todo momento con la Sociedad Rural en las últimas semanas, así estará siempre con el militar que ganó las tierras para esa Sociedad Rural, con el crimen de lesa humanidad : matar y quedarse con el botín. Como los bucaneros. Veamos cómo se comportan los legisladores esta vez. A ver si todavía desempata Cobos.

Un hecho que habla de nuestra ética como país y como ciudadanos: en estos últimos tiempos los gobiernos tanto de Canadá como de Australia pidieron perdón a sus pueblos originarios por los crímenes cometidos por la invasión europea. Los argentinos, nada. Y eso que fuimos los propios argentinos los que cometieron el crimen más absoluto de nuestra historia, en la llamada Campaña del Desierto de Roca.

Ojalá que cuando cobremos los sueldos nos mire desde los billetes esa madre puro coraje, que perdió a su marido y a sus cuatro hijos pero no se rindió. Montó a caballo y dijo: aquí estoy, en el combate por la verdadera libertad. Una mujer heroica. Ni al derecho ni al revés. Entera.