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Cambiar el sistema, no el clima

Fuentes: Rebelión

Del 1 al 12 de noviembre de este año, en Glasgow, se lleva a cabo la COP26. Participan jefes y representantes de Estado, desde los países supuestamente más desarrollados hasta los menos desarrollados como la mayoría de América Latina, Asia y África. También participan representantes de las empresas industriales más grandes del planeta y, por si fuera poco, participan ONG, fundaciones, organizaciones, autollamados representantes de la sociedad civil que están supuestamente preocupados por el deterioro del clima.

De igual forma participantes, organizaciones y comunidades de pueblos indígenas, como la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) y el Consejo Indígena Centroamericano (CICA), así como organizaciones indígenas de Filipinas, África, Asia y de todas partes del mundo, quienes igual tendrán su pabellón para discutir sus cosas, solo los iluminados podrán entrar a debatir con el panel de expertos sobre el clima y con los gobiernos

También participan representantes de comunidades que están disputando sus territorios con los Estados nación, con las empresas nacionales y transnacionales, sobre todo, donde se está promoviendo la construcción de hidroeléctricas, producción de palma africana, explotación de minería, etc., es decir, representantes de comunidades de pueblos originarios en donde el extractivismo está creando miedo, persecución, criminalización y muerte.

Desde la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro 1992, el tratado de Kioto, hasta la Cumbre de París y el acuerdo de París, la declaración sobre los derechos de la Madre Tierra nada ha avanzado.  Aunque el compromiso de todos los países industrializados es limitar el calentamiento global por debajo de 1,5°C y ayudar a los países pobres a mitigar el cambio climático, este aún no se cumple en realidades concretas y por lo tanto, mientras se siga pensando desde el capitalismo, jamás podrán cumplir con los estándares deseados, porque el capitalismo y el desarrollo siguen siendo de muerte y destrucción, además de que la ganancia y el superávit están sobre la vida.

Esta cumbre se lleva a cabo en medio de la pandemia del COVID19, que es otro efecto del capitalismo.  El capitalismo sigue siendo el sistema de muerte, nunca será de vida, mientras sigamos bajo las reglas de la economía de mercado las empresas seguirán buscando la ganancia y el clima es la última prioridad.

Es lamentable, pero es una realidad, que también hay organizaciones indígenas que dicen representar a los pueblos en esta cumbre y que  también se han constituido negociantes del clima y los derechos de la tierra y la naturaleza.  Su presencia en las cumbres solo sirve para negociar que los países asignen más recursos a los planes y programas para mitigar el calentamiento global, a eso que llaman desarrollo verde.  En todo el continente de América Latina hay organizaciones y supuestos expertos indígenas a los que tampoco interesa la vida del planeta, sino sus proyectos económicos de sobrevivencia.

Para muestra los programas REDD o REDD+ y otros programas dirigidos por la ONU a través de sus programas y agencias como PNUD, FAO, PNUMA, son un fracaso y solo han servido para fortalecer a un grupo de “expertos indígenas” que durante éstas dos últimas décadas han aprendido a vivir de la reforestación y de “la conservación”, tratando de hacer que los efectos del capitalismo sean más leves en los territorios indígenas y no más, pero la pobreza en territorios indígenas cada vez es más alta y el agotamiento de la tierra cada día peor.  O avalando proyectos extractivistas o conservacionistas donde los derechos humanos y de los pueblos indígenas solo son un discurso, ejemplos hay muchos en todo el mundo.

Mientras tanto, los efectos de la industrialización y del sistema capitalista siguen haciendo estragos y llevando muerte a las comunidades indígenas. Como por ejemplo En Guatemala: El Estor, Ixtahuacán, Sipakapa, la Puya, entre otros, donde se están impulsando exploración y explotación minera.  Las zonas donde se cultiva palma africana como Chisec, Raxruhá, Petén, Río Polochic, Costa Sur o construcción de hidroeléctricas en casi todo el país.  La contaminación de ríos, lagos, nacimientos de agua, como la laguna de Chi Choj, el lago de Amatitlán y el lago Atitlán. 

Sequedad y erosión de la tierra de la región Chorti.  El alto nivel del clima en municipios de la región norte de Guatemala, donde hace años se vivía con más lluvia. Los huracanes y tormentas, que destruyen comunidades enteras, como lo sucedido por el Eta e Iota en Alta Verapaz, Cambray II, Sololá.  Los incendios forestales en la Amazonia, Guatemala, incluso en los países del primer mundo: Estados Unidos, Noruega, España, etc.

En el continente de América Latina, hay muchos casos que son paradigmáticos y que pudieran servir como ejemplo para que los participantes en la COP26 se comprometieran a cambiar el sistema.  Pero eso lo saben todos los gobiernos, incluso la ONU, pero como lo que no se quiere es cambiar el sistema, la muerte seguirá rondando a los pueblos hasta que nos rebelemos o la tierra se rebele totalmente.

No se detendrá el deterioro del clima solo con sembrar arbolitos o poner a los pobres “indios” o niños y niñas de las escuelas a sembrar árboles o para que a las ONG, fundaciones conservacionistas como FUNDAECO y Defensores de la Naturaleza, entre otras, se les asignen territorios enteros para la supuesta conservación y luego vender o negociar bonos de carbono por medio del Mecanismo de Desarrollo Limpio de la ONU o de otros mecanismos para que las empresas sigan contaminando el resto del mundos, sobre todo los territorios indígenas.

Algunos miembros de movimientos sociales que participan van con mucha esperanza de que la COP26 concluya con decisiones más fuertes sobre el clima. Pero por las experiencias anteriores será otra COP más, será otra reunión de reyes, reinas y príncipes o un encuentro turístico en donde hablarán sobre el clima, sobre la madre tierra, sobre la naturaleza, sobre los indígenas, pero allí nada más.

Mientras no haya una decisión de cambiar el sistema económico y político actual la COP26 no detendrá el deterioro del clima y cada vez está más cerca nuestro suicidio.  Porque la última palabra la tendrán el dinero, el capital, las empresas, los países ricos y no el clima, ni la tierra, ni nada.

Como dice el papa Francisco “El neoliberalismo sencillamente se reproduce recurriendo a teorías mágicas de “derrame” o “goteo”, sin usar ese nombre, como la única solución a los problemas de la sociedad”[2].  El capitalismo y el neoliberalismo es de muerte.  Hay que construir un “sistema de vida” y la esperanza está en los pueblos originarios y los pueblos más pobres y no en las empresas.

Nota:

[2]https://gestion.pe/economia/papa-francisco-el-capitalismo-ha-fallado-ante-el-virus-debe-reformarse-noticia/?ref=gesr, visto última vez el 1 de noviembre de 2021.

Kajkoj Máximo Ba Tiul. Maya Poqomchi, antropólogo, filósofo, teólogo, profesor universitario de Guatemala.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.