La pregunta con la que abre este texto es un tanto complicada. Responderla no es lineal como fue el caso de otro artículo, «Las dimensiones del infierno» (1). En ese momento equiparé el mundo y sus pobres con el averno, por lo que las dimensiones se limitaban a la tierra. Un poco más complejo le resultó a Galileo, debo reconocer, cuando la Iglesia le solicitó las magnitudes del inframundo para precisar cuántos demonios podía albergar.