Antonio Lorca Siero

Artículos

Desde sus comienzos, el capitalismo entra en contradicción con el postulado ilustrado de la primacía de la razón y hace uso de las creencias por motivos comerciales. El mercado se inclina por la ciencia, en cuanto tiene proyección a la tecnología, pero suministra creencias a su clientela. Su sistema operativo para con los usuarios retorna a los cultos primitivos, expresados ahora en promover la devoción a unos ídolos menores llamados mercancías. En este caso, no se trata del fetichismo sexual freudiano, sino de fetichismo de mercado en sí mismo, más allá de la mercancía fetiche, dejando a salvo la prevalencia del fetichismo de la mercancía de Marx y el fetichismo de la subjetividad de Bauman, que mostraría el tránsito de una sociedad de productores a otra de consumidores.

No sería posible hablar de la sociedad moderna sin tener presente el papel del capitalismo, dado que es la clave del proceso de amejoramiento y artífice del sistema organizativo que abarca la existencia de cualquier sociedad que se tenga por avanzada.

Una hipótesis de base que puede resultar gratuita —al menos para las inteligencias preclaras en nómina del sistema— es que una elite superior a todas las elites mediáticas conduce los destinos del mundo, y esta es la superelite del poder capitalista. Todo sistema está dirigido a una finalidad debidamente ordenada siguiendo unos principios que le imprimen carácter, con lo que la dirección en cualquiera de sus formas es imprescindible.

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