Antonio Lorca Siero

Artículos

En el modelo político establecido por el capitalismo, que vino a sustituir al absolutismo, las constituciones pasaron a ser el documento jurídico que ponía límites al poder personalista de la antigua minoría dominante.

Pudiera entenderse la pandemia, que sirve de disculpa para tratar de justificar todo tipo de fracasos políticos y económicos, como la ocasión para que las masas hicieran una llamada de atención al dueño del dinero y pusieran freno a su espíritu depredador. Ya que ha quedado claro que, si afloja el consumo, las empresas tiemblan y el sistema capitalista cruje. Pero no ha resultado ser así.

Sin el menor sentido racional, el maquiavelismo fue asociado al mal, entre otras apreciaciones, por aquello de que decía que el fin justifica los medios o, si se quiere, porque en política vale todo para acceder y mantenerse en el poder, fundamentalmente a nivel personal.

La crisis de poder que acusaba el Estado-nación desde el asentamiento del proceso de globalización económica ahora es evidente a todos los niveles.

Desde sus comienzos burgueses, la democracia llegaba tocada. Era un procedimiento para que la burguesía controlara la situación política desde la trastienda, a través del personal político profesional encargado de dar la cara ante el auditorio siguiendo sus consignas.

Ese ritual de actualidad en el medio televisivo, dedicado a herir la sensibilidad del espectador con imágenes desagradables utilizadas con ocasión de la pandemia, pudiera entenderse como la continuación de la práctica habitual de rendir culto a escenarios sanguinarios, centrados en proyecciones de tiroteos, crímenes, degüellos y asuntos de calado mayor, con la pretensión de ganarse a cierto tipo de audiencia.

Frecuentemente el accionista minoritario suena a capitalista, cuando resulta que generalmente suele ser ajeno al proceso productivo empresarial, permanece inoperante y solo aspira a percibir el dividendo que corresponde a su inversión.

Lo de las elecciones americanas ha sentado muy bien al auditorio económico, porque resulta que se ha creído la consigna de los grandes tenedores del dinero prometiendo que, con pandemia y todo, la actividad económica se recuperará. De manera que, pese a su elevado grado de ilustración y disponer de lo que se ha venido llamando información valiosa, se han situado al mismo nivel que buena parte de esa masa de votantes que, siendo objeto de la manipulación digital que domina las llamadas redes sociales, se han entregado sin más a las creencias.

Nunca se ha hablado tanto de libertad como ahora, pero resulta que solo está presente en el papel donde se recoge oficialmente la actividad legislativa, en las publicaciones y poco más.

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