Dice Karl Marx que la política es una mera superestructura cambiante de lo económico. Si aceptamos este aserto, los políticos de las democracias occidentales de partidos son meros rehenes de los poderes que manejan la economía y especialmente la financiera. Luego los políticos y los gobernantes no pueden pasar de ser meros consentidores o muñecos en manos de las fábricas de armas, de los Laboratorios, de la Banca, de las grandes corporaciones, de los grandes lobbys y de todo cuanto sin responsabilidad directa, maniobra para que los gobernantes se plieguen a sus intereses y a su ideología.