En tiempos de peste respiratoria, se queman y deforestan grandes extensiones de dos de los ecosistemas más importantes de Brasil y el mundo: la Amazonia y el Pantanal. La catástrofe coincide con la política de desarme de las instancias de fiscalización ambiental que apadrina el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, una gestión que dejará graves consecuencias, difíciles de revertir.