Ecuador se encuentra ingresando a un nuevo momento político, difícil y complejo, como resultado de las elecciones seccionales, y la consulta, o plebiscito del 5 de febrero propuesto por el gobierno de Lasso.
Categoría: Ecuador
Bien se puede calificar a las elecciones locales y nacionales del pasado 5 de febrero como «históricas».

Durante el siglo XIX la “democracia” ecuatoriana -como ocurrió en toda Latinoamérica- fue un ideal ajeno a las realidades sociales del país, sometido al dominio de familias de hacendados, comerciantes y banqueros, que estancaron el desarrollo económico y la promoción del bienestar social.

Unos minutos después de que el banquero presidente Guillermo Lasso reconociera la respuesta mayoritaria que dijo ‘NO’ al referéndum que él propuso y convocara a los demás partidos políticos a promover un gran acuerdo nacional, el expresidente Rafael Correa rechazó el mensaje y llamó a removerlo antes de que termine su mandato.

Ecuador dijo «No» a sus propuestas y la oposición creció.
Lo más impresionante del resultado electoral del 5 de febrero es la derrota de la derecha ecuatoriana, tanto la Social Cristiana que había sido hegemónica en Guayaquil y Guayas en las últimas décadas como la derecha tibia y mentirosa de Lasso.
Los comicios del 5 de febrero del 2023 no responden ni a la realidad del Ecuador ni al carácter del Estado Plurinacional declarado en la Constitución.

La CONSULTA POPULAR fue concebida como una tabla de salvación para un gobierno débil y desprestigiado, y terminó convertida en cortina de humo para ocultarle al país los escándalos de corrupción que salpican al propio presidente Lasso.
Las próximas elecciones nos dan la posibilidad de revertir la catastrófica situación en que nos encontramos como país. Vamos a elegir las autoridades más cercanas a nosotras y nosotros: alcaldes, prefectos, consejeros y miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.
La precarización alcanza a casi el 49% de la población asalariada en 2022