Categoría: Ecología social
Mientras las olas de calor asfixian nuestras ciudades y los incendios devoran el mundo rural a un ritmo sin precedentes, asistimos a un espectáculo dantesco de indolencia colectiva, porque la situación actual no es solo una emergencia climática, es el resultado directo de una irresponsabilidad compartida y escandalosa. Las administraciones públicas miran hacia otro lado, los ciudadanos siguen con sus hábitos de consumo y negligencia, y los Acuerdos de la Cumbre de París permanecen archivados como una pieza de museo, incumplidos una y otra vez con total impunidad.
La degradación de los ecosistemas, la mala gestión de los recursos y los efectos del cambio climático están convirtiendo la sequía en una amenaza creciente para la alimentación, la salud y la estabilidad de comunidades enteras.
Hay artículos que informan, pero el que firman Kate Pickett, Robert Costanza y siete colegas más, es una petición de auxilio escrita con datos, con evidencia, con la desesperación contenida de quien ve el reloj acercarse a medianoche y decide, por fin, decir la verdad en voz alta.
Hasta mediados de la década de 2010, las medidas de prevención y lucha contra los incendios habían logrado contener, como podían, el avance de los incendios en la Europa mediterránea. Desde entonces, los frenos se han soltado de un solo golpe y el sur del Viejo Continente va a toda velocidad hacia un incendio aterrador. Pero, ¿quiénes son los responsables de una catástrofe que no deja de empeorar? Ante todo, claro, la aceleración del calentamiento global; después, una ordenación del territorio guiada cada vez más exclusivamente por el beneficio privado; y, por último, unas medidas de prevención y unos medios de lucha notoriamente insuficientes.
Ecologistas en Acción denuncia que la Comisión Europea cede una vez más frente al lobby industrial con la nueva revisión del mercado de emisiones.
En el principio no fue el mercado, ni la frontera, ni el contrato social. En el principio fue la radiación.
Un informe de la ONU revela que los esfuerzos nacionales en materia de biodiversidad están muy lejos de los objetivos para 2030, de cara a la cumbre COP17 en octubre
Gran paso adelante: por fin se ha completado en Brasil la demarcación física del territorio de los kawahivas, uno de los pueblos indígenas en aislamiento más amenazados de la Amazonia.