El promedio del trienio 2023-2025 supera los 1,5 ºC de calentamiento global, consolidando una tendencia inequívoca impulsada por la acción humana.
El promedio del trienio 2023-2025 supera los 1,5 ºC de calentamiento global, consolidando una tendencia inequívoca impulsada por la acción humana.
Para 2026, las predicciones climáticas apuntan a que será otro año extremadamente cálido, probablemente el cuarto consecutivo superando los 1,4°C sobre niveles preindustriales, con un rango central proyectado de 1,46°C, acercándose peligrosamente al límite de 1,5°C del Acuerdo de París, impulsado por gases de efecto invernadero.
Los dos mayores paneles sobre clima y biodiversidad lamentan la retirada de Estados Unidos pero dejan claro que la ciencia y sus avances continúan al servicio de las personas y la naturaleza.
El giro antiecológico en EEUU, la UE y buena parte del mundo, junto con la continuidad en las trabas a la lucha contra la crisis climática, han marcado un año en el que el la temperatura del planeta sigue desbocada.
Cada vez más, el avance corporativo se disfraza de protección legal. Bajo leyes que supuestamente resguardan la semilla, se abren puertas para su registro, certificación o privatización. Frente a ese cerco, los pueblos indígenas y rurales sostienen sus semillas como si fueran un territorio vivo. Lo que está en juego no es solo la agricultura, sino un pilar esencial de las sociedades latinoamericanas.
La crisis climática ha dejado de ser una nota al pie en los suplementos de ciencia para convertirse en la línea de fractura política definitiva. Quien siga analizando el calentamiento global como un debate técnico o una cuestión de «conciencia individual» no solo yerra en el diagnóstico, sino que está condenado a perder la iniciativa y el poder. Hoy el clima es el juez que decide quién vive con dignidad y quién queda fuera del mapa.
Nos rodean en ordenadores, botellas, embalajes, muebles, coches, aviones e, incluso, en la mayoría de la ropa que usamos. Su bajo coste y aparente reciclabilidad han hecho que los polímeros –o plásticos– sean omnipresentes. Pero presentan dos grandes problemas.