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Debate en Barcelona

Fuentes: Radiochango

He venido a Barcelona, desde donde escribo, invitado por la Televisión catalana para comentar los actuales acontecimientos en Francia. Así es la vida: a uno lo chantan sociólogo, experto, autoridad en tal o cual tema cuando lo que trata es de escribir lo mejor posible. Estaban conmigo en la mesa una antropóloga y un economista, […]

He venido a Barcelona, desde donde escribo, invitado por la Televisión catalana para comentar los actuales acontecimientos en Francia. Así es la vida: a uno lo chantan sociólogo, experto, autoridad en tal o cual tema cuando lo que trata es de escribir lo mejor posible.

Estaban conmigo en la mesa una antropóloga y un economista, que sí sabían ellos de sociología, inmigración y fundamentalismo.

La primera pregunta que saltó a la palestra se refirió al silencio de los intelectuales franceses, un enigma que ya ha sido expresado en otras ocasiones. En ésta salté a bote pronto: ¿Qué silencio? ¿De quién? ¿Bernard Henry-Lévi? ¿Gluksmann ou otros, como Kouchner o Alexandre Adler consagrados «intelectuales» por el poder neoliberal?. ¿En qué tienen que meterse? A muchos intelectuales puros he conocido, y aprecio, que más les hubiera valido callarse, como Borges cuando aseguró que Pinochet era «un caballero» o Jean-Paul Sartre alentando las postrimerías de Mayo del 68 o los peores momentos del maoismo.

Para mi, los intelectuales hoy son orgánicos, contruyen y dan pautas para cambiar la sociedad, como Bernad Cassen, fundador de ATTAC, o Ignacio Ramonet, director y reorientador de una de las publicaciones más influyentes, «Le Monde Diplomatique».Ambos dieron sus pareceres en sendos artículos, el primero en «El Periódico» e Ignacio en «La Voz de Galicia».

Para dicho debate me preparé a conciencia, reflexioné a fondo y cambié un poco de óptica. Si la semana pasada sugerí el fracaso del modelos francés de integración, ahora pienso que la revuelta de las banlieues francesas significa en realidad el desengaño por la globalización, y que en ese sentido puede ser tan ejemplar como otros levantamientos pasados.

Tan bien integrados están los jóvenes revoltosos, que han hecho suyos los principios republicanos de justicia e igualdad, que reclaman los mismos derechos que los franceses: trabajo, respeto y consideración. La rebelión de los barrios periféricos se inscribe en una larga de tradición de luchas laborales en Francia. Pensemos en la Comuna de Paris, periodo revolucionario que va desde el 26 de marzo de1871 hasta el 28 mayo y se extendió a varias ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Toulouse, Narbonne, Grenoble, Limoges) y será duramente reprimido. Según Karl Marx, se trata de la première insurrección proletaria autónoma. Y pensemos en los Canuts, tejedores de seda de Lyon que en 1831 se rebelaron contra el salario mínimo, y en el mes de diciembre fueron aplastados por el duque de Orleáns.

Hay ahora en Francia varios conflictos sociales, como en los transportes marítimos con Córcega, las comunicaciones en Marsella y para el lunes se anunció una huelga general de los ferrocarriles. Todo ello hay que ponerlo, así como el alzamiento juvenil, en la balaza negativa del neoliberalismo europeo.

El programa terminó con una pregunta de rigor. ¿Puede ocurrir lo mismo en España? Y el conductor del programa señala que ya empiezan a circular mensajes por MSM para manifestarse contra una próxima cumbre en Barcelona.

Mientras se sigan deslocalizando las empresas, que se traslade la producción a China, Malasia u otros países de mano de obra barata y maleable; se signan privatizando los servicios públicos (sanidad, educación, transportes…) crecerá el paro en toda la Comunidad europea, que ha elegido como filosofía mercantil el capitalismo financiero, el neoliberalismo, el provecho para los accionistas.

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